viernes, julio 03, 2015

TERMINATOR GÉNESIS

Por: Eduardo Jiménez J.
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Terminator fue una de las franquicias más exitosas de los últimos treinta años. Terminator (1984) describía un mundo de pesadilla gobernado por las máquinas en franca rebelión al hombre. Lidante con el apocalípsis, Skynet –la computadora central- decide eliminar todo vestigio humano, trasportando a un Terminator a 1984 a fin que elimine a Sarah Connor, madre del líder de la resistencia, John Connor.

Pero, mucho mejor fue la segunda entrega, Terminator 2: Judgment Day (1991), donde se utilizaron trucajes digitales en un –en ese momento- incipiente avance de la técnica. La propuesta dejaba un futuro abierto a variables distintas a la original.

La tercera y cuarta entrega fue girar sobre lo mismo, a tal punto que la franquicia parecía agotada; de allí que esta quinta entrega es una suerte de reboot o reinicio de la saga, para lo cual se ha contado con Alan Taylor, quien viene del mundo de la televisión y cuenta en su haber con varios episodios de la serie fantástica Juego de Tronos.

La saga tiene dos personajes que le dan vida y color: el Terminator interpretado por Arnold Schwarzenegger, primero de “malo” y luego de protector; y el otro personaje es Sarah Connor, interpretado magistralmente por Linda Hamilton y ahora por Emilia Clarke (la “madre de los dragones” Daenerys Targeryen en la serie Juego de Tronos).

Los dos personajes son eje en cualquier propuesta (incluso se hizo una serie para televisión con el título de Las crónicas de Sarah Connor), de allí que en esta entrega vuelven a estar presentes en rol protagónico.

Contar con Arnold Schwarzenegger, luego de su breve paso por la política, era asegurarse la mitad del crédito. Han sabido considerar el paso del tiempo y si bien hace de un robot, es uno con piel humana, de allí el explicable envejecimiento, otorgándole un tono más actual a la edad real del actor. Y Emilia Clarke le da un toque de juventud y frescura al personaje de Sarah Connor, aunque nos parece sin estar a la altura del protagonizado por Linda Hamilton en las dos primeras entregas.

Pero si bien los dos personajes eje estaban asegurados, faltaba un guión que no sea repetitivo, pero que guarde ciertas reminiscencias con el pasado. De allí que parezca medio rocambolesco en algunos giros que propone, como pasar de “bueno” a “malo” al personaje de John Connor o efectuar cambios en los hechos acaecidos en el pasado (el 1984 es diferente en acciones al de la primera versión, así como el comportamiento de los personajes). Tenemos “guiños” a las primeras películas como el T-1000 (el “robot líquido”) de la segunda entrega o el combate cuerpo a cuerpo entre el Terminator de la primera versión con un Schwarzenegger luchando consigo mismo, gracias a los trucajes digitales. Por lo demás, el resto ya es conocido: persecuciones espectaculares, luchas y explosiones por doquier.


Terminator Genisys, sin ser nada del otro mundo (imposible compararla en creatividad y riesgo con el reinicio de, por ejemplo, la saga de Mad Max), cumple. Los que vimos las primeras entregas ya no nos sorprendemos mucho, en cierta forma es más de lo mismo; y, al parecer, con episodios a futuro ya asegurados.


TERMINATOR GÉNESIS [Terminator Genisys] 
Dir: Alan Taylor
Guión: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier
c/ Arnold Schwarzenegger (Pops), Jason Clarke (John Connor), Emilia Clarke (Sarah Connor), Jai Courtney (Kyle Reese), J.K. Simmons (O'Brien), Byung-hun Lee (Cop / T-1000)

EEUU/2015/Acción, CF***/Estrenos




miércoles, mayo 27, 2015

MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA

Por: Eduardo Jiménez J.
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El australiano George Miller (1945) se hizo conocido en los años ochenta por una trilogía sobre un héroe solitario que, habiendo perdido a su familia, lucha a su manera contra aquellos que quieren imponer su dominio despótico en un mundo donde apenas quedan retazos de civilización luego de la catástrofe nuclear, mundo donde se vuelven bienes preciosos el agua, la comida, la gasolina y las armas.

Mezcla de road movie, con cine de acción y género distópico (aquel que cuenta historias de una humanidad azolada en el futuro por catástrofes naturales o creadas por el hombre), la sobrevivencia se vuelve el nervio de la acción de los personajes. Un elemento central son los vehículos, viejos, sucios, pero útilles para perseguir o fugarse, y que usualmente terminan en choques o explosiones estrepitosas.

A diferencia de otras secuelas que, en cuanto a originalidad e interés, van de más a menos, conforme “la veta” de la franquicia se va agotando; la de Mad Max ha ido en sentido contrario, así como ganando en complejidad (y en presupuesto): cada nueva entrega es superior a la anterior, lo que evidencia una exigencia y rigurosidad autoral, más allá de tratarse de un cine de género, usualmente ninguneado.

Precisamente, Miller se volcó desde sus orígenes a la explotación del llamado cine de género o cine comercial (primero el cine apocalíptico y luego, en EEUU, el cine infantil), sin descuidar la habilidad de contar bien una historia; y así la trilogía del héroe de la carretera se convirtió en filmes de culto, visto tanto por generaciones actuales gracias al dvd y blue ray, como por aquellos que la disfrutaron el día de su estreno. Incluso ha inspirado a muchos realizadores jóvenes, que encontraron un camino para sus películas.

La saga de Mad Max le permitió el ingreso a la industria de Hollywood, como sucedió con muchos de sus connacionales que pertenecieron a “la nueva ola” del cine australiano de aquellos años. De igual manera, significó el ingreso a la industria de un joven Mel Gibson, que haría carrera propia años después.

No obstante, como también les sucedió a muchos de sus connacionales, el ingresar a Hollywood no significó una autonomía autoral, sino trabajar en proyectos dependientes, más de encargo que personales. Quizás Miller fue el que mejor sobrellevó los encargos del cine norteamericano, sin descuidar –como ya señalamos- la calidad del producto, siendo el más notorio de ellos Happy Feet (2006), que incluso le valió un Óscar.

A inicios del presente siglo decide retomar la saga que le valió fama y fortuna treinta años atrás; aunque el proyecto demoró en cuajar debido a la preparación del guión (con varios borradores iniciales) y al financiamiento, que esta vez fue mucho más generoso que el de la trilogía anterior (150 millones de dólares, cifra muy superior a las tres primeras entregas), permitiéndole mayores efectos, filmar en distintas locaciones y mayor cantidad de vehículos estrellados. (Aunque, por declaraciones del propio director, ha tratado de minimizar los efectos por computadora).

La estructura de las tres cintas anteriores se emparenta con la actual: El ex policía Max Rockatansky decide ayudar a un grupo de personas que quieren cruzar el desierto cargado de peligros y de vándalos, a fin de llegar a un lugar más vivible. En el medio, lo mejor son las batallas entre carros, correrías y explosiones por doquier, en un estilo bastante bizarro que, curiosamente, por la atmósfera surreal de ese mundo post apocalíptico, no desentona. (Magistral la guitarra que escupe fuego).

Con la que guarda más semejanza quizás sea con la segunda entrega (1981), en la idea de llegar a una suerte de paraíso, cruzando el desierto y sus peligros; aunque esta vez las personas socorridas son mujeres, que pertenecen al harén del inmortal Joe, quien destina las hijas para placer propio y los varones para la guerra, volviendo al incesto primario de los clanes familiares.

Otra diferencia se encuentra en que ahora tenemos una suerte de Max femenino, la emperadora Furiosa, interpretada por Charlize Theron y que comandará la fuga de las esposas de Joe.

Es  cierto que tenemos un lado femenino en el asunto (más femenino que feminista), un tanto por los tiempos que corren. No solamente por la contraparte de Max (el personaje de Charlize Theron se encuentra al  mismo nivel del protagónico), sino por este renacer de la esperanza en la humanidad puesta en las mujeres (mientras la destrucción es obra de los hombres). Una vuelta al matriarcado, reflejado muy bien cuando una de las chicas toma las semillas de la anciana que muere, como indicando que continúa con el legado de crear vida. (La idea de un futuro gobernado por mujeres también se encontraba en la tercera entrega de la saga –1985-, con una Tina Turner que imponía la ley y el orden en una ciudadela donde se respetaba más la propiedad que la vida, al más puro estilo del capitalismo salvaje).

Por el éxito de crítica y público recibido (Cannes lo aplaudió), se ha confirmado una quinta entrega de Mad Max. Le va a ser difícil a Miller superar la cuarta entrega; de todas maneras estaremos a la expectativa.


MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA [Mad Max: Fury Road]
Dir: George Miller      
Guión: George Miller, Brendan McCarthy, Nick Lathouris 
c/ Tom Hardy (Max Rockatansky), Charlize Theron (Imperator Furiosa), Nicholas Hoult            (Nux), Hugh Keays-Byrne (Immortan Joe)
Australia,EEUU/2015/Acción, CF****/Estrenos


miércoles, mayo 20, 2015

NINFOMANÍACA VOL 2

Por: Eduardo Jiménez J.
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Si la primera parte es el ascenso risueño y placentero de la protagonista en su activa vida sexual, la segunda implica “el descenso a los infiernos”, el pecado y la culpa.

En la parte anterior dejamos a Joe más o menos libre y contenta ejerciendo su sexualidad; en esta segunda implica ciertas trasgresiones que permitan “sensaciones más fuertes” como las relaciones sadomasoquistas a las que se somete, el placer con dos hombres a la vez, o el amor lésbico hacia su pupila, a la que va enseñando las artes de la coacción. En paralelo a ello, por el frenético ejercicio sexual, va notando un deterioro progresivo de su organismo y su psique, así como la pérdida de su familia, sabiendo que su adicción al sexo es un ejercicio sin vínculos consanguíneos o afectuosos.

Por cierto, el escepticismo que tiene el realizador por el género humano se manifiesta en el comportamiento de P, su pupila, por la que siente una mezcla de afecto y sentimiento maternal, que le retribuirá ese cariño con el desprecio, en la escena donde Joe es golpeada y vejada brutalmente, por la chica y su amante.

Lo más rocambolesco es la incursión de Joe en el mundo de la mafia que cobra coactivamente a los deudores morosos (con un Willem Dafoe bastante en caja); forzando el realizador una salida folletinesca.

Lo mejor del segundo volúmen: como Joe va detectando la debilidad de un cliente moroso, conforme su miembro viril se va elevando, indicador de su predilección sexual por los menores.

Y lo más forzado: el final. Donde el asexual Seligman siente el deseo irrefrenable de tener sexo con Joe, lo que pagará con su vida.

No por ello deja de interesar la película, estructurada a la manera de Las mil y una noches, con una Sherezada moderna y precozmente sexual, que va contando distintas historias que mantienen en vilo a su oyente.


NINFOMANÍACA VOL 2  [Nymphomaniac: Vol. II] 
Dir y Guión: Lars von Trier
c/ Charlotte Gainsbourg (Joe), Stellan Skarsgård (Seligman), Stacy Martin (Young Joe), Shia LaBeouf            (Jerôme), Christian Slater (Joe's Father), Uma Thurman (Mrs. H), Sophie Kennedy Clark (B), Willem Dafoe (L), Mia Goth (P)
Dinamarca/2013/Drama****/Estrenos


jueves, abril 23, 2015

ASU MARE 2: LA CONSUMACIÓN DEL TRIUNFO DEL EMPRENDEDOR

Por: Eduardo Jiménez J.
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Por regla las segundas partes no llegan a estar al nivel de la primera. Es muy difícil. Existen excepciones en el cine, pero escasísimas. Asu mare 2 confirma la regla, no la excepción.

Es cierto lo que mucha gente entendida en cine ha dicho sobre el filme. Es bastante limitado, comedia que se queda en el gag superfluo, la risa fácil. Es cierto.

Pero no menos cierto es que la siguen millones de espectadores. Algunos dirán se debe a la expectativa. Muchos vieron la primera y, acompañado de los nombres conocidísimos en el medio, quieren ver la continuación, para “pasar el rato”. Y otros optan por la explicación facilista del éxito obtenido gracias al márketing. (Como que el márketing puede, per se, levantar un film; sino pregúntenles a los innumerables blockbusters que fracasaron en taquilla con márketing y todo).

Ahí es donde se equivocan algunos “críticos de cine” (muy leídos y muy versados en la materia): el público no busca un producto de calidad, ni una obra de tesis. Únicamente busca pasar el momento, sin importar demasiado “la calidad” de la película. Y si hacemos un símil gastronómico: van por una hamburguesa con su respectiva gaseosa (barata de repente), que por un plato exquisito acompañado de buen vino (caro de repente).

Y ello es lo que Asu mare satisface. Un consumo masivo que no se encuentra exento del cuidadoso estudio de mercado (que sirve de soporte al éxito de la cinta, no lo explica). Y hay que agradecer que por el enorme éxito de la saga se esté consolidando un “cine de género” en el Perú que esperemos siga en forma ascendente, con una estela de nuevas producciones como las vistas en los tres últimos años, tanto en la capital como en las regiones. No todo será “obras de culto”, que esas las ve (las vemos) siempre una escasa minoría. (Sonaba a ingenuidad pura lo que señalò un “crìtico” para descalificar el filme, en el sentido que la gente no se acordaba ni del nombre del director de la cinta: la gente nunca se acuerda de esos datos, salvo que sea un cinéfilo consumado).

Recuerdo que hace años el desaparecido Armando Robles Godoy, cineasta y un tipo muy inteligente, dijo algo como que de cien películas que se hagan en el país, diez serán buenas. Y eso.

Armando tenía razón. Y es necesario que se realicen las cien para consolidar una industria del cine. No interesa que las noventa restantes sean malas. Sino, ¿cómo creen que se consolidaron industrias cinematográficas en otras latitudes? Pregúntenles a los mexicanos, brasileños o argentinos, para no ir muy lejos.

El problema de la calidad técnica y artística es un problema que no solo se encuentra relacionado con cuestiones formales y presupuestarias (a mayor calidad técnica y de acabados, el costo es mayor, y viceversa); sino también con criterios de cultura críticos o autocomplacientes. En otras palabras: se busca mejorar el producto con estándares altos de calidad (buen guión, buena dirección de actores, acabados técnicos, etc.), o se conforman los productores con los estándares mediocres y facilones. Es evidente que Asu mare 2 optó por lo segundo.

Ello trae a su vez otro tema concurrente. El de los subsidios y la protección del estado como cuotas de pantalla y tributación. No estoy en contra, ciertas películas los necesitan; pero con subsidios y proteccionismo puro no despega una industria. Son un elemento apenas. El Free market y la competencia son básicos. Pero, igualmente, como elemento solitario, el libre mercado tampoco ayuda mucho, porque nos puede llevar a una chatura conformista como la que vemos en la tv de señal abierta: lo que le gusta a la gente. Lo ideal sería una sabia combinación de proteccionismo y dejar hacer. De políticas culturales e industriales con voluntad del estado de ejecutarlas (que a la fecha no existen) y de acción de los privados a través del mercado.

Incluso para que esta estela de películas de los últimos años no sea apenas una brisa de verano y pueda tener futuro, cuando ya la influencia de la “película ancla” haya desaparecido, son necesarias las políticas de estado y su continuidad en el tiempo. Instituciones que le dicen. (Aunque reconozco también que por los infinitos “TLC” que estamos firmando aquí y allá, esas políticas nacionales van a estar subordinadas a otros intereses).

Pero Asu mare 2 también atrae por un “mensaje”, como el de la anterior. Si la primera parte era un canto al emprendedurismo, al chico pobre que surge de la nada y con todo en contra, proveniente de un hogar disfuncional donde la ausencia del padre es notoria, como sucede en millones de hogares peruanos (y latinoamericanos), retrato de la realidad social de miles de connacionales que se identificaban en el filme (y que por eso se podían reír libremente, haciendo una suerte de catarsis), peruanos que conforman esa nueva clase media del Perú de las últimas décadas; la segunda “sella” el ascenso. Esta vez “el trofeo” es la chica de clase alta. De allí que el papel de Emilia es casi anodino. Es solo “el premio” para el winner.

Ya no estamos en la época del “plebeyo”, del amor imposible de la mujer de alta condición, “aunque su sangre también tiñe de rojo”. Estamos ahora en la época del ascenso social “como sea”, de las condiciones que permiten pasar a otra posición social, algo impensable en la época de nuestros abuelos. Es quizás la revolución silenciosa más importante del Perú del tercio final del siglo XX e inicios del actual que está dando lugar a una nueva fisonomía de la sociedad peruana (y que mis amigos izquierdistas ni vieron venir por asomo, imbuidos en sus clásicos del marxismo). Ese nuevo Perú es mezcla de ciertos valores conservadores y otros progresistas. Nos guste o no. (A nosotros nos llegó, como otros hechos, tardíamente, la ética protestante y el espíritu capitalista que alude Weber, a través de las cientos de iglesias evangélicas que se afincaron por acá en la segunda mitad del siglo XX: la cultura del trabajo bien visto a los ojos de Dios, del esfuerzo propio –el self of men-, el emprendimiento, son valores que en gran medida provinieron de los centros evangélicos instalados).

Es evidente que en la segunda parte se nota más ficción, a diferencia de la primera, más “testimonial”; y con todo ambas forman un díptico que permite leer a este nuevo Perú. (Y la película, ideológicamente hablando, tiene un tufillo conservador, pero eso ya es harina de otro costal).

Es indudable que la cinta no pasará a la historia de lo mejor del cine peruano; pero permite ver otras cosas para quien quiera ver.

ASU MARE 2 
Dir:  Ricardo Maldonado
Guión: Carlos Alcántara, Alberto Rojas
c/ Carlos Alcántara (Cachín), Emilia Drago (Emilia), Christian Meier (Ricky), Cecilia Natteri (mamá)
Perú/2015/Comedia**/Estrenos



jueves, abril 09, 2015

CITIZENFOUR



Por: Eduardo Jiménez J.
        ejimenez2107@gmail.com
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       @ejj2107


Citizenfour ganó el Oscar a mejor documental, así como el BAFTA en la misma categoría. Y es que con una lucidez terrible trata sobre lo que era vox populi antes de la denuncia de Edward Snowden (que es el eje del filme): las escuchas y visionados ilegales que las agencias de inteligencia norteamericanas realizaban contra los propios ciudadanos norteamericanos.

A raíz del 11-S las agencias de inteligencia logran montar mecanismos sofisticados de captación de correos electrónicos y de conversaciones telefónicas sin la autorización judicial respectiva. Es así que se desarrolla el gran ojo del “gran hermano”, donde ningún ciudadano de los EEUU se encuentra libre. Citizenfour (el nombre clave de Snowden cuando proporcionó la información) da cuento de ello, a través de un entramado electrizante y que no pierde interés en ningún momento, y si bien Edward Snowden es la “estrella” por razones obivias, ello no quita el mérito a este interesante documental que de nuevo nos plantea las preguntas eternas: ¿hasta qué punto se justifica por razones de seguridad la captación ilegal de información de ciudadanos?, ¿hasta donde la razón de estado puede ir contra los derechos constitucionales de un ciudadano?.

En otras palabras, el poder utilizado contra una persona común y corriente.




CITIZENFOUR
Dir: Laura Poitras
c/ Edward Snowden, Glenn Greenwald, William Binney
EEUU/2014/Documental****/Las que nunca se estrenaron