martes, septiembre 09, 2008

HELLBOY II: EL EJÉRCITO DORADO


La primera entrega de Hellboy (2004) tenía el interés de la novedad y ser una lograda adaptación del cómic. Luego Benicio del Toro se dedicó a proyectos más personales como El laberinto del fauno (2006), siempre atraído por el mundo de lo fantástico, donde es uno de sus principales inspiradores actuales, por lo que se esperaba la continuación del “muchacho del infierno”.

Sin embargo, el planteamiento de la propuesta en HB2 dista mucho de satisfacer a un cinéfilo medianamente exigente. Benicio del Toro no define hacia donde quiere llevar la trama. A veces da la impresión de no tomarse muy en serio a sus personajes. Vemos a un Hellboy parodiándose a si mismo en un tono ligero; igual que su amigo y colega Abe enamorado perdidamente de la princesa Nuala (con numerito musical incluido), o la del propio “Rojo” con su pareja, Liz, con quien sufre la peor crisis de la relación en pleno embarazo de ella, para no mencionar la excesiva sobreexposición pública de los superhéroes, encontrándose sus imágenes hasta en youtube (no siendo ya tan secreto el servicio secreto para el que trabajan, causando las iras de su jefe, el hipertenso Tom Manning). Si se hubiera desarrollado esa línea argumentativa, en buena hora, siempre es buena la autoparodia si es bien llevada; pero, inesperadamente cambia el giro hacia el ambicioso príncipe Nuada y el ejército que da título al filme, que curiosamente es la línea dramática menos desarrollada y menos interesante de la historia. Y, para remate, una línea discursiva sobre los “freaks”, los raros, ¿no será que Hellboy y sus amigos pertenecen a ese mundo de seres fuera de lo común, que al de los mortales, para quienes trabajan? Esa era otra propuesta bastante interesante de explotar y que planteaba problemas de identidad, que lamentablemente se quedó a medio camino.

Da la impresión que del Toro no se ha querido tomar muy en serio el proyecto o este sufre un agotamiento creativo prematuro, insuflándole un toque de humor que a veces acierta y a veces no. Las mejores escenas creo que son dos: la inicial, donde vemos a un Hellboy todavía niño escuchando un cuento de su “padre adoptivo” sobre la génesis del ejército dorado y que sirve para introducirnos en el contexto del relato. Magistral en su economía de medios. Y la otra es cuando ingresan al mercado bajo el puente buscando pistas sobre el príncipe rebelde. Allí Hellboy y sus amigos ya no son “raros” ni marginales, están como en familia dentro de ese mundo y quizás es un error estar en el mundo de los mortales. Pura imaginería visual y también la línea dramática más interesante que merecía un mejor desarrollo.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


HELLBOY II: EL EJÉRCITO DORADO [Hellboy II: The Golden Army]
Dir. y guión: Guillermo del Toro, basado en el cómic de Mike Mignola
c/ Ron Perlman (Hellboy), Selma Blair (Liz Sherman), Doug Jones (Abe Sapien / The Chamberlain / The Angel of Death), James Dodd y John Alexander (Johann Krauss), Jeffrey Tambor (Tom Manning), Luke Goss (Prince Nuada), Anna Walton (Princess Nuala)
EEUU/2008/Fantástico***/Estrenos

jueves, septiembre 04, 2008

BATMAN REGRESA


La continuación del díptico burtoniano sobre el hombre murciélago. Toda la fantasía, humor negro e ironía propios del estilo de Burton están concentrados en Batman regresa, una de sus mejores películas. Se nota un Tim Burton más libre y creativo que en la primera versión, dando rienda suelta a su vuelo creativo.
Si Batman era la génesis del héroe y de su archienemigo por antonomasia (el Joker), en la continuación tenemos a dos villanos de antología: el Pingüino y Gatúbela, villanos de opereta que quedan en la galería de los mejores de Tim Burton. Gatúbela es el complemento de Batman, su lado femenino, pero igual de oscuro, marginal y “freak”.
Batman regresa es superior a Batman y marcó un hito difícil de superar en el hombre murciélago, que solo por algunos momentos Christopher Nolan ha podido superar en The Dark Knight.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


BATMAN REGRESA [Batman Returns]
Dir.: Tim Burton
Guión: Daniel Waters, basado en los caracteres creados por Bob Kane
c/ Michael Keaton (Batman / Bruce Wayne), Danny DeVito (Penguin / Oswald Cobblepot), Michelle Pfeiffer (Catwoman / Selina Kyle), Christopher Walken (Max Shreck), Michael Gough (Alfred Pennyworth)
EEUU,UK/1992/Acción***/Películas del ayer

martes, septiembre 02, 2008

BATMAN


La película que cambió la visión que se tenía de los superhéroes y en especial de Batman. Nos presenta a un Batman sombrío, neurótico, con problemas personales irresueltos que impulsan su lucha contra el crimen. “Se bajó del pedestal” a los superhéroes. Fue la gran contribución de Tim Burton (inspirada en la novela gráfica de Frank Miller) en esta película oscura como la recóndita mente del hombre murciélago, y carnavalesca por el toque humorístico negro y malvado que impuso el Joker interpretado por Jack Nicholson que, por cierto, “le robó” la película a Michael Keaton.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


BATMAN
Dir.: Tim Burton
Guión: Sam Hamm y Warren Skaaren, basado en los caracteres creados por Bob Kane
c/ Michael Keaton (Batman / Bruce Wayne), Jack Nicholson (Joker / Jack Napier), Kim Basinger (Vicki Vale), Pat Hingle (Commissioner James Gordon), Michael Gough (Alfred Pennyworth), Jack Palance (Carl Grissom)
EEUU,UK/1989/Acción***/Películas del ayer

sábado, agosto 30, 2008

3:10 MISIÓN PELIGROSA


Logrado remake que resucita un género que parecía extinto. A diferencia del regodeo moroso y gratuito de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford de Andrew Dominik, 3:10 to Yuma (mejor están los otros títulos en español que el designado por acá) mantiene una tensión de inicio a fin, sustentada en dos buenas actuaciones, la de Russell Crowe como un bandolero “carismático”, lector de los proverbios de la Biblia y nada vengativo; y un Christian Bale como un granjero taciturno, preocupado por su familia y que ve en la oportunidad de trasladar al bandolero al tren que lo conducirá a la prisión de Yuma (de allí el título original) una forma de pagar deudas y salir de la condición miserable en que vive con los suyos. Y, en el medio, William, el hijo de Dan, fascinado por lo que representa Ben Wade para un chico de su edad.
Western que mantiene los arquetipos del género: grandes planos, el desierto como escenario natural, perseguidores-perseguidos, acción de principio a fin, desarrollo lineal. Precisamente el “salvaje oeste” donde prima la ley del más fuerte da pie para una crítica contra “el capitalismo salvaje”, donde prevalece el interés de las grandes corporaciones que pueden pagar a autoridades y hasta la ejecución de un “outlaw” frente a los pequeños ciudadanos sin el poder fáctico de estas.
Merece verse este western, nada pretencioso y que como las películas de antaño se sustentaba en buenas actuaciones y una historia atractiva e interesante de principio a fin.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es



3:10 MISIÓN PELIGROSA [3:10 to Yuma]
Dir.: James Mangold
Guión: Halsted Welles y otros, basado en un cuento de Elmore Leonard
c/ Russell Crowe (Ben Wade), Christian Bale (Dan Evans), Logan Lerman (William Evans), Dallas Roberts (Grayson Butterfield), Ben Foster (Charlie Prince), Peter Fonda (Byron McElroy)
EEUU/2007/Western***/Estrenos

martes, agosto 26, 2008

EL SABOR DE LA SANDÍA


Es un verano caluroso en Taiwán y no hay agua, así que la gente debe saciar la sed comiendo jugosas sandías. Justo en la escena que abre la película vemos a una chica totalmente desnuda tendida en la cama, con las piernas abiertas y entre estas la mitad de una apetecible sandía, representación de su sexo por lo carnoso, rojo y jugoso. Su compañero lame, mete los dedos a la fruta como si se tratase de la vagina de la chica, quien comienza a gemir de placer. Pero, El sabor de la sandía no es una película erótica, ni siquiera porno por las escenas de sexo explícito que se filman en los departamentos, donde, en uno de ellos, sirve de escenario para películas triple equis (luego sabremos que la escena inicial que hemos presenciado es parte de una película porno que están rodando). No, el realizador no busca dar una lección de existencialidad ni nada parecido, solo registrar el trascurrir de estos personajes durante un verano cálido y seco, a modo de un entomólogo que entra a observar la vida en una colmena o nido. No es casual por eso la alusión a las hormigas que por el dulce de la fruta se trepan a los personajes, como tampoco al musical, con números coreográficos aparentemente inconexos pero que reflejan el ebullir de estas personas en un contexto y tiempo determinado (por medio del canto expresan sus deseos, sueños, anhelos y también frustraciones). El color rojo predominante (no solo por la pulpa de la fruta) refleja la pasión que sienten y mueve a los personajes. La escena final en que la chica recibe el semen de su novio en la boca, excitada al ver por una ventana que tiene sexo con la actriz porno desmayada por el calor (o quizás muerta, lo cual confiere a la escena un aire necrófilo) y excitado también este por los gemidos de su novia es consustancial a todo ese juego de eroticidades mutuas de los protagonistas, donde los espectadores son “voyeurs” privilegiados. Película de pocos diálogos, demostrando que el cine es más que palabras y que la pasión para encenderse no requiere de tanto palabreo; así como juego lúdico y erótico de los recovecos de la condición humana y que somos unos bichos tan similares como las hormigas que se cuelgan del cuello de los protagonistas queriendo succionar (chupar) el dulce sabor de la sandía.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


EL SABOR DE LA SANDÍA [Tian bian yi duo yun]
Dir. y guión: Tsai Ming-liang
c/ Kang-sheng Lee (Hsiao-Kang), Shiang-chyi Chen (Shiang-chyi), Yi-Ching Lu (Mother), Kuei-Mei Yang (Taiwanese Porn Actress), Sumomo Yozakura (Japanese Porn Star)
Taiwán, Fra/2005/Comedia dramática, musical***/Dvd/Las que nunca se estrenaron

viernes, agosto 22, 2008

SHINE A LIGHT


Ya en Symphathy for the devil (1968), Godard nos presentaba a The Rolling Stones como los “intérpretes artísticos” de la convulsionada década de los años 60, con los movimientos sociales reivindicativos de raza (los negros), de género (la liberación femenina), la violencia “legitimada” (“el poder nace del fusil”), el amor sin compromisos “burgueses” y de un arte más libre y “comprometido” con la época, teniendo como telón de fondo los textos marxistas que planteaban un cambio revolucionario (en la óptica godardsiana de aquellos años “el demonio” –o “el infierno”- son las contradicciones materiales del mundo). Fue un documental muy personal del célebre realizador francés.

También Scorsese había incursionado en el documental musical con El último vals (The Last Waltz, 1978), registro del concierto de despedida del grupo de rock canadiense The Band. Tenía un aire de melancolía, de recordar el ayer nostálgico, en un contrapunto entre el concierto propiamente que reúne a los amigos del grupo despidiéndose del quinteto y los recuerdos del líder y vocalista Robbie Robertson. Es un documental sentido, con cierto toque de elegancia y con sabor a que todo tiempo pasado fue mejor.
Posterior a The Last Waltz, Scorsese realizó otro documental musical sobre Bob Dylan, mito viviente del rock and roll, no estrenado comercialmente en nuestro medio (No Direction Home: Bob Dylan, 2005), así que el realizador ítalo-americano siempre ha tenido una inquietud en plasmar en la pantalla a ciertos personajes y grupos de la música rock (tiene en mente un proyecto sobre el ex beatle George Harrison), con justicia el género musical del siglo XX.

Pero, entre la propuesta marxista de Godard que el arte se nutre de las contradicciones de la realidad; o, entre el precioso retrato nostálgico de una banda que se despide del escenario en The Last Waltz y Shine a Light existe un gran trecho.

Lo más interesante de Shine a Light (concierto de los RS del año 2006 en el Teatro Beacon, Nueva York) se produce en los primeros minutos, en el contrapunteo muchas veces tenso entre un director (el propio Scorsese) que quiere controlar todo (en una actitud neurótica-compulsiva que nos hace recordar a Woody Allen) para que la filmación salga bien, desde las canciones que se van a tocar hasta la posición de las cámaras, y un Mick Jagger que es todo anarquía, aborrece el control y que es imprevisible de lo que pueda suceder cuando esté frente a los reflectores. Esa es la parte más interesante del documental. La eterna lucha entre la planificación y el libre albedrío. El concierto propiamente es como cualquier concierto musical de The Rolling Stones, quizás con mucho más cuidado en su filmación y en los cortes y acercamientos de cámara (Scorsese fue editor del documental musical Woodstock, 1970, testimonio histórico del movimiento hippie de los años 60), donde los fanáticos esperan las canciones más conocidas del grupo: Satisfaction, Symphathy for the devil, I’m free o la que da título al documental. Son “los dioses” en el escenario y abajo, en la platea, están los feligreses adoradores, donde incluso el ex presidente Clinton y sus amigos políticos son comparsas, figuras secundarias. Eso sí, otra cosa interesante es el material de archivo que se intercala con el concierto, donde aparece un Mick Jagger joven y a la pregunta de cuánto piensan sobrevivir como grupo, ni él mismo estaba seguro que iban a durar tanto, convirtiéndose quizás en la banda de rock más antigua y vigente que hasta el día de hoy existe.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es


SHINE A LIGHT
Dir.: Martin Scorsese
EEUU,UK/2008/Documental***/Estrenos

martes, agosto 19, 2008

DESAPARICIONES


Western atípico, como los producidos últimamente, contextualizado en la época de la prohibición, cuando un granjero (Kris Kristofferson) a fin de ganarse unos dólares decide traer whisky del Canadá, acompañado de su hijo (Charlie McDermott). Podríamos decir que es una historia de iniciación, de aprendizaje del joven que sale con el padre y guiado por este va conociendo el mundo; pero también de un realismo mágico. Por parte del padre tienen la peculiaridad de “desaparecer” fácilmente y aparecer en otro lugar (de allí que la tía del muchacho aparezca repetidas veces en el viaje junto al joven, aconsejándolo) o algunos de no morir pese a los balazos, flechazos y demás intentos para matarlo, como el jefe de la pandilla de contrabandistas. Ese clima de “enrarecimiento” está bien logrado en el filme. Por cierto, un placer ver luego de mucho tiempo las presencias de actores veteranos como Kris Kristofferson o Geneviève Bujold, “sex symbols” de otras épocas.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


DESAPARICIONES [Disappearances]
Dir. y guión:Jay Craven, basado en la novela de Howard Frank Mosher
c/ Kris Kristofferson (Quebec Bill Bonhomme), Charlie McDermott (Wild Bill Bonhomme), Gary Farmer (Herny Coville), William Sanderson (Rat Kinneson), Geneviève Bujold (Cordelia)
EEUU/2006/Acción, aventuras***/Dvd/Las que nunca se estrenaron

viernes, agosto 15, 2008

HANCOCK


Los super héroes han sufrido una mutación en los últimos 20 años. Desde el Batman sombrío de Frank Miller que sirvió de inspiración a Tim Burton para su héroe nocturno, pasando por la animación digital de Los increíbles que ponía en tela de juicio la importancia de los super héroes por una cuestión de costos y problemas legales hasta el más reciente hombre muerciélado de Christopher Nolan, tan visceral y violento como sus contrincantes.
Existe una revisión de los superhéroes, abandonando su imagen aséptica y respetuosa de valores tradicionales como justicia y derecho que tuvimos en los comics de nuestra infancia, a fin de hacerlos “más humanos”, con “fallas” como cualquier mortal. Quizás esa propuesta cínica y descarnada se debe al clima de escepticismo que se vive, no solo después del 11-S sino en la llamada “post modernidad”, donde entran en crisis los valores conocidos. En esa propuesta encaja Hancock, un super héroe alcohólico, conflictivo y que le ocasiona a la ciudad más problemas que soluciones, siendo poco apreciado por las autoridades y aquellos a quienes supuestamente debe salvar, hasta que se topa con un asesor de imagen que puede cambiar la forma en que lo ven.

Hasta allí la propuesta es interesante y pudo haber sido una tomadura de pelo en forma a los héroes de historieta si no hubiese sufrido la historia giros rocambolescos, como la relación sentimental de Hancock con la esposa de su asesor de imagen que no convence mucho, o la “rehabilitación” forzada del héroe. Allí la película naufraga, estando puesta al servicio de Will Smith, terminando como una película irregular, con más promesas que buenos resultados y de un final bastante convencional.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es

martes, agosto 12, 2008

4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS


Hacia los finales del gobierno comunista en Rumania, una joven y su amiga deben hacer malabares para que la primera aborte clandestinamente dado que es ilegal y un hijo no deseado perjudicaría su futuro como profesional. Esa es la trama. Sencilla y directa. El gran mérito es la forma en que el director trata el tema del aborto, usando el efecto del “distanciamiento” con la cámara frontal y a cierta distancia de los personajes, registrando las peripecias y dramas internos de ambas amigas. No existe un juzgamiento a sus conductas ni el filme pretende ser una apología o una detracción al aborto, solo registrar los hechos a la manera de un entomólogo, con bastante frialdad y desapego. Es cierto que no vemos al “sistema” reprimiendo a los ciudadanos, pero lo “sentimos”, sea en el ómnibus cuando Otilia busca agenciarse un boleto, en las calles frías y desoladas que recorre o en el trato indolente de los burócratas o del propio abortero, sin importarles para nada la condición de humanos de sus semejantes. Allí “sentimos” la presencia de un estado totalitario que está detrás, que no le importa el ser humano, observando el movimiento de sus ciudadanos.
4 meses, 3 semanas y 2 días es una de esas raras películas que de vez en cuando ingresan a estreno y que con justeza mereció la Palma de Oro, en la categoría de mejor película, en el Festival de Cannes del año 2007.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS [4 luni, 3 saptamâni si 2 zile]
Dir. y guión: Cristian Mungiu
c/ Anamaria Marinca (Otilia), Laura Vasiliu (Gabriela 'Gabita' Dragut), Vlad Ivanov (Viarel aka Domnu' Bebe), Alexandru Potocean (Adi Radu)
Rumania/2007/Drama***/Estrenos

viernes, agosto 08, 2008

SEXO EN LA CIUDAD


Sex and the city tuvo el mérito de ser la serie que retrató a la mujer citadina de los años 90. Registro sociológico, la serie prendió entre la teleaudiencia no solo femenina y tarde o temprano tenía que dar el salto al cine.

El resultado no siempre es parejo. Lo que funcionó en una serie de 30 minutos no necesariamente lo hace en una película que excede contra toda continencia las dos horas. La película más parece un capítulo especial de Sex and the city que un filme propiamente. Pretende ser un remate –provisional- de la vida de estas cuatro amigas ya entrando con fuerza a la base cuatro y lo que ello significa para una mujer.

Con una estructura similar a la serie, desarrolla una historia principal centrada en Carrie e historias secundarias de sus tres amigas –de allí el excesivo metraje-. La historia principal tenía que ser “la boda de Carrie” con el novio de toda la vida, el financista 'Mr. Big'. Quizás para algunos –y sobretodo para “algunas” - centrarse la película en la boda de una mujer independiente y liberal era como claudicar de los principios feministas. Es probable, pero eso no importa tanto como los resultados obtenidos. Es cierto que la película ha querido ser más una comedia rosa que un diagnóstico de la vida sexual en N.Y. como fue la serie. Pero, sea cual sea la intención de los productores, el resultado más es el de un telefilme, bastante flojo en los diálogos y con poco vuelo creativo.

Es probable que de aquí a un tiempo tengamos de nuevo juntas a las “viejas” cuatro amigas, ya en base cinco y con los problemas propios de su edad, pero disfrutando del sexo como cuando estaban en los treinta.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


SEXO EN LA CIUDAD [Sex and the City]
Dir.: Michael Patrick King
Guión: Michael Patrick King, basado en el libro de Candace Bushnell y la serie de tv creada por Darren Star
c/ Sarah Jessica Parker (Carrie Bradshaw), Kim Cattrall (Samantha Jones), Kristin Davis (Charlotte York), Cynthia Nixon (Miranda Hobbes), Chris Noth (John James 'Mr. Big' Preston), Candice Bergen (Enid Frick)
EEUU/2008/Comedia romántica***/Estrenos

martes, agosto 05, 2008

WALL•E


En un futuro remoto, un pequeño robot de carga tiene como misión limpiar la tierra de toda la basura acumulada por la humanidad, mientras esta disfruta de un crucero espacial infinito hasta que esté limpio su hogar. No es lo mejor de Pixar, pero a los cinéfilos les resultará atractiva la trama por los “guiños” a 2001: odisea del espacio (1968) filme ampliamente homenajeado en Wall-E (la computadora que “se vuelve loca”, el rescate espacial, cuando se para en sus pies el capitán acompañado de la música de Así hablaba Zaratustra, etc), pero también a ET (el robot se parece mucho en personalidad al del muñequito de Spielberg, y en el diseño al del filme Cortocircuito de John Badham - Short Circuit, 1986-), a Alien (no en vano Sigourney Weaver presta su voz en la versión original), así como el homenaje implícito a Chaplin contenido en el viejo zapato que sirve de macetero a la planta encontrada y a otros filmes como Encuentros cercanos del tercer tipo, Terminator o las viejas películas del oeste (por cierto Wall-E es un acérrimo cinéfilo, sobretodo del musical).
Lo que hace interesante el proyecto es la humanización de los robots, a semejanza de la humanización que ocurría con los animales en las viejas películas de Disney, lo cual les confiere un grado de identificación con el espectador. Y, como siempre, existe un trasfondo de crítica social, en este caso la contaminación ambiental que está convirtiendo a la tierra literalmente en un basurero y una humanidad ociosa que todo trabajo lo ha delegado a los robots, obesa y dependiente, como los “citizens” de los Estados Unidos de hoy.
Quizás a algunos espectadores les parezca raro la poca verbalización de los personajes –salvo algunos bits-; pero, debemos recordar que el cine es más que la palabra, como lo demostró la homenajeada 2001 en su momento.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


WALL•E
Dir.: Andrew Stanton
Guión: Andrew Stanton y Jim Capobianco
Voces originales: Ben Burtt (WALL•E / M-O), Elissa Knight (Eve), Jeff Garlin (Captain), Sigourney Weaver (Ship's Computer)
EEUU/2008/Animación digital***/Estrenos

sábado, julio 26, 2008

BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE


Cuando Christopher Nolan asumió el proyecto de las “precuelas” de Batman (historias del joven Batman) era una apuesta muy difícil y arriesgada, dado que Tim Burton había colocado dos marcas muy altas en la saga del hombre murciélago con Batman (1989) y Batman regresa (Batman returns, 1992), donde recreó a un verdadero anti-héroe, con obsesiones nocturnas y traumas infantiles que impulsan su accionar contra el crimen. El Batman que protagonizó Michael Keaton con su carácter taciturno y neurosis fóbicas le daba un aspecto sombrío al personaje difícil de superar, lo que se demostró con las pobres adaptaciones siguientes de Joel Schumacher (Batman forever -1995- y Batman y Robin -1997-). El proyecto parecía agotado, por lo menos por un tiempo, así como exigía a gritos un relevo creativo.

La primera película bajo la batuta de Nolan (Batman begins, 2005) explicaba la génesis del hombre murciélago, muy en la honda “dark” que Tim Burton le había conferido al héroe, y si bien la película era interesante, no llegaba a envolver con la trama, por lo que la segunda parte generaba expectativas, sobretodo porque se “resucitaba” al villano por antonomasia de Batman, el Jocker o Guasón. Jack Nicholson le había impuesto un perfil sorprendente al villano, muy al estilo burtoniano, de payaso sádico o malévolo. Nolan apuesta por ese estilo de villano, profundizándolo, minimizando el humor negro hasta convertirlo totalmente en oscuridad, en esencia pura del mal. El Jocker de Heath Ledger es la esencia de la maldad, instintiva, brutal, visceral, alienado totalmente de la realidad. Demás está decir que como en el Guasón de Burton, el villano se lleva las palmas frente al héroe, sencillamente “le roba la película” a Christian Bale, a pesar que el Batman de Bale es esencialmente violento y tan instintivo y ajeno a cualquier principio ético o norma del estado de derecho como sus adversarios (hay una visión ideológica implícita del “todo vale” en ese comportamiento, muy en la onda post 11-S).

Pero, no solo son los protagónicos quienes ponen el peso en el filme, también los secundarios están en todo el encaje, comenzando por el fiscal Harvey Dent, “Dos caras”, el hombre incorruptible que se entrega a la lucha contra la Mafia y termina envuelto en sus odios y venganzas; el Alfred de Michael Caine, muy “british”, esta vez como el brazo derecho del hombre murciélago y experto en informática; o Gary Oldman, como el policía incorruptible, que muchas veces solitario debe luchar contra el crimen organizado.

Pero ese ambiente oscuro, esa trama densa, de tonos fríos y fotografía opaca, acompañado de una música bastante “heavy”, no sería nada sin el aliento trágico que Nolan ha insuflado a la historia. Esa sensación que tenemos a cada momento que la vida de los personajes pende de unos finos hilos y que por más que quieran no pueden escapar de su sino, o cuando el propio Batman se ofrece de “chivo expiatorio” de todos los crímenes cometidos a fin de salvar la imagen de héroe que Ciudad Gótica necesita a través de la memoria de Harvey Dent (la necesidad de un héroe o de un mito que mantenga en alto la moral de la lucha anticorrupción). Esos elementos le confieren al filme un “aire trágico” (“no puedes escapar a tú destino”), rematado en la necesidad que el héroe pase a ser anti-héroe a fin de preservar la ingenuidad y ciertos valores en el pueblo, lo que le otorga una profundidad no vista en otros personajes de ficción. Es una vuelta de tuerca que remite a los clásicos griegos.

Sin duda, Batman: el caballero de la noche es la mejor de las dos películas que sobre el hombre muerciélago hasta el momento Nolan cuenta en su haber, y sin duda alguna también está a la altura del Batman de Tim Burton, y en algunos momentos diríamos que hasta lo supera.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE [The Dark Knight]
Dir.: Christopher Nolan
Guión: Jonathan Nolan y Christopher Nolan, basado en los caracteres creados por Bob Kane
c/ Christian Bale (Bruce Wayne / Batman), Heath Ledger (The Joker), Aaron Eckhart (Harvey Dent / Two-Face), Michael Caine (Alfred Pennyworth), Maggie Gyllenhaal (Rachel Dawes), Gary Oldman (Lt. James Gordon), Morgan Freeman (Lucius Fox)
EEUU/2008/Acción, drama***/Estrenos

lunes, julio 21, 2008

GREASE CUMPLIÓ TREINTA AÑOS


¿Por qué Grease es recordada luego de tres décadas sin ser una gran película? La respuesta –para despecho de los gustos elitistas- está relacionado más con los gustos populares que con la calidad intrínseca del filme. Como sucede con Casablanca –que hace poco cumplió sus bien afianzados 65 años-, más que las bondades de la película es ese aire de amor eterno que la rodea. En Grease se respira todavía ingenuidad, de historias de amor “para toda la vida”, contextualizada en un pasado relativamente lejano cuando se estrenó el filme: los años cincuenta, en plena era del trastocamiento de los valores tradicionales y de inicio del rock and roll, lo que posibilita que la película sea vista por las nuevas generaciones con cierto aire de rebeldía a lo James Dean. También está el hecho que el uso de códigos o maneras propias de los adolescentes son reconocibles por cualquier joven occidental de hoy o de antes, así como los tipos variados (“el matón”, el nerd, los chicos y chicas populares, etc.).

Eso ha permitido que un filme artísticamente mediocre –el director se limitó a filmar las escenas con la cámara frontal y dejando que John Travolta y Olivia Newton-John canten y encanten en escena- sea disfrutado treinta años después. Por cierto, para los cinéfilos será un descubrimiento ver a un John Travolta todavía delgado y que venía del éxito de Fiebre de sábado por la noche donde realizó piruetas al ritmo de la disco-music, que en los ochenta vería opacada su carrera para luego resurgir en los noventa gracias a Quentin Tarantino y Tiempos modernos (Pulp fiction, 1994). Poco después y de la mano de John Woo interpretaría a dos villanos memorables en Código flecha rota (Broken arroz, 1996) y Contracara (Face/off, 1997), consolidándose como actor dramático. Hace poco hizo una parodia de su época de danzarín en Hairspray (2007), entretenida comedia musical ambientada también en los cincuenta y donde da vida a una obesa ama de casa (los mal hablados decían que el papel lo hizo con bastante “naturalidad”). Olivia Newton-John, en cambio, venía de ser una estrella del canto que en los ochenta se retiraría víctima del cáncer, realizando ahora breves apariciones.
Algunos años después, en 1982, se estrenó Grease 2, con Michelle Pfeiffer en el protagónico, pero no tuvo el éxito de la versión original.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


GREASE
Dir.: Randal Kleiser
Guión: Jim Jacobs y Warren Casey
c/ John Travolta (Danny Zuko), Olivia Newton-John (Sandy Olsson), Stockard Channing (Betty Rizzo), Jeff Conaway (Kenickie)
EEUU/1978/Musical**/Dvd/Películas del ayer

miércoles, julio 16, 2008

KUNG FU PANDA


Esta vez Dreamworks nos trae no una de sus mejores historias, ni tampoco la más compleja, sino dirigida al público familiar y sobretodo a los niños. Las hazañas de un osito panda que quiere ser héroe del kung fu tiene su lado interesante sobretodo en la caracterización de Po y del maestro Shifu, ambos están concebidos con carácterísticas de la personalidad de quienes le prestaron la voz en la versión original. Po tiene de grandilocuente, obeso, narcisista y exagerado de Jack Black; mientras el maestro Shifu del tipo neurótico y obsesivo, perfeccionista al detalle, que quiere controlar todo, muy al estilo de Dustin Hoffman. Esos personajes son lo mejor. Por lo demás la historia tiene la moraleja bastante americana de alcanzar el sueño por más difícil que parezca y que el único secreto es confiar en nosotros mismos como lo demuestra el pergamino en blanco que refleja solo nuestro rostro o la sopa del ingrediente secreto: no hay ningún secreto. Hay que destacar las coreografías de los combates: son preciosas y milimétricas. Lo más probable es que de acá a un tiempo tenga su continuación.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


KUNG FU PANDA
Dirrs: Mark Osborne y John Stevenson
Guión: Jonathan Aibel y Glenn Berger
Voces originales: Jack Black (Po), Dustin Hoffman (Shifu), Angelina Jolie (Tigress), Ian McShane (Tai Lung), Jackie Chan (Monkey), Seth Rogen (Mantis), Lucy Liu (Viper), David Cross (Crane), Randall Duk Kim (Oogway)
EEUU/2008/Animación digital***/Dvd/Estrenos

viernes, julio 11, 2008

EL ÚLTIMO VALS


Documental sobre el último concierto de la banda de rock “The band”. Refleja el espíritu entre nostálgico y triste de las despedidas, intercalado con el concierto, las estrellas invitadas y las declaraciones de los miembros del grupo. La escena final que da título al filme denota muy bien ese espíritu. Toda despedida siempre es triste.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


EL ÚLTIMO VALS [The Last Waltz]
Dir. Martin Scorsese
EEUU/1978/Documental***/DVD/Películas del ayer

martes, julio 08, 2008

PARÍS, TE AMO


Las películas de historias cortas se asemejan a los cuentos escritos: deben ser perfectas, redondas. Con la novela pasa todo lo contrario. En el “genero largo” puede entrar mucho “ripio” y nadie se da cuenta. Igual en un largometraje. En cambio, en el cuento y en las historias cortas llevadas al cine no se puede pasar “gato por liebre”. Un cuento no admite errores, basta una coma, una palabra o una línea mal encajada para que el cuento se venga abajo. Es más difícil hacer un buen cuento que una buena novela; por eso, existen más novelistas que buenos cuentistas. Igual sucede con las historias cortas en el cine: se debe ser un maestro para poder contar una historia en solo cinco minutos. Y no todos los 18 realizadores del filme colectivo París, te amo han demostrado esa capacidad. Curiosamente varios de estos han recurrido a un “truco” para salir airosos de la prueba: insinuar que lo escasamente narrado es el inicio de “algo más”, como un comienzo o un prólogo a una historia más larga, y muy pocos han “redondeado” su faena en el tiempo exigido por los productores.

La temática como no podía ser de otro modo gira en torno al amor en todas sus variantes y ángulos. La “capital del amor” se prestaba para tocar una temática sentimental y darle un aire romántico al asunto, contratando a realizadores conocidos en el viejo y el nuevo mundo, así como a actores de filmes conocidísimos (marketing que le dicen). El resultado obviamente es disparejo. No porque venga de Europa, y sobretodo de Francia, o darle un aire de “cultismo” al tema, nos vamos a entusiasmar. En lo personal nos quedamos con: Tullerías (Tuileries) de los Hnos. Coen, como siempre habituales en su humor negro con una historia redonda; Bastilla (Bastille) de Isabel Coixet, con esa historia de amor con toques humorísticos y melodramáticos bien balanceados; Torre Eiffel (Tour Eiffel) de Sylvain Chomet, con historia de mimos tierna y fantástica; Barrio de la Madeleine (Quartier de la Madeleine) de Vincenzo Natali, historia de vampiros modernos con amor (y mordisco) a primera vista; y, Distrito 14 (14e arrondissement) de Alexander Payne, monólogo de la protagonista desde la soledad. En cuanto a actuaciones, los cinéfilos tendrán un placer especial al ver (bastante viejos por obvias razones) a la gran Gena Rowlands, Ben Gazzara (cómplices y colaboradores habituales del desaparecido John Cassavettes y la primera viuda de este por añadidura), y al “hombre rudo” del cine (bastante “ajado” por cierto) Nick Nolte.
Solo por ellos vale la pena ver el filme.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


PARÍS, TE AMO [Paris, je t'aime]
Dir.: Olivier Assayas, Sylvain Chomet, Isabel Coixet, Hnos. Coen, Gus Van Sant, Wes Craven entro otros.
Idea original: Tristan Carne
Guión: Bruno Podalydès, Oliver Schmitz, Christopher Doyle, entre otros.
Fra/2006/Filme colectivo***/Dvd/Estrenos

viernes, julio 04, 2008

GOYA EN BURDEOS


Saura fue un realizador interesante en los últimos años del franquismo.
Con una censura que si bien se había flexibilizado, todavía vigilaba receloso el cine que venía de fuera y el hecho en la propia España, Carlos Saura ideó las historias que contaba como metáforas del malestar de una sociedad enferma. Elisa vida mía, Cría cuervos, La prima Angélica, son algunos de los títulos recordables de aquella época, de lejos, la más interesante de su filmografía.
Sin embargo, con el advenimiento de la democracia y el fin de la censura no tenía sentido seguir usando la clave de las metáforas, por lo que Saura debió emplear otro estilo. Allí es donde se acerca con bastante interés al folclor español, sobretodo el flamenco, a fin de trasmitir sus ideas. De esta etapa son Carmen, Bodas de sangre y Goya (posterior a esta última tiene por lo menos tres títulos más: Buñuel y la mesa del rey Salomón, Salomé y El séptimo día).
Goya trata sobre los últimos días del maestro que revolucionó la pintura. De sus ideas políticas liberales, de sus grandes amores, de los mimos de una corte paralizada en la mediocridad y el latrocinio, de su sordera inmemorial. Sin embargo, el resultado no es del todo satisfactorio. Es claro que Saura ha querido trasmitir ese sentimiento de angustia y de monstruosidad que el gran maestro plasmó en sus pinturas, aunque los resultados no han sido del todo halagüeños.
Goya se queda en el intento, aunque interesante de recrear la vida de un personaje célebre en el celuloide, y sobretodo en la notable actuación de Francisco “Paco” Rabal.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


GOYA EN BURDEOS
Dir. y guión: Carlos Saura
c/ Francisco Rabal, José Coronado, Dafne Fernández, Maribel Verdú, Eulalia Ramón, Joaquín Climent, Cristina Espinosa, José María Pou, Saturnino García, Carlos Hipólito
España/1999/Biopic***/Dvd/Películas del ayer

martes, julio 01, 2008

CLASH BY NIGHT


Fuerte melodrama con soberbias actuaciones sobre triángulo amoroso, de cara al mar (se desarrolla en un pueblo portuario). Destaca en un papel secundario Marilyn Monroe en el papel que la caracterizaría después: la rubia que exhala un sensualismo a flor de piel. Hay una frase del personaje de Jerry que la exclama, cuando desengañado del amor de su infiel esposa decide darle una segunda oportunidad, frase con la que se cierra la película y que es muy cierta: Qué terrible cosa, hay que confiar en alguien. No hay remedio.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


CLASH BY NIGHT
Dir:Fritz Lang
Guión: Clifford Odets (play) y Alfred Hayes
c/ Barbara Stanwyck (Mae), Paul Douglas (Jerry D'Amato), Robert Ryan (Earl),
Marilyn Monroe (Peggy), J. Carrol Naish (Uncle Vince)
USA/1952/Melodrama***/Dvd/Películas del ayer

jueves, junio 26, 2008

EL SUPER AGENTE 86


Las adaptaciones de conocidas series al cine tienen dos vertientes: La –digamos- “creativa” (o recreativa para ser más preciso), donde los elementos de la vieja serie apenas quedan como el nombre de los personajes o el contexto de sus aventuras, sufriendo la misma una trasformación radical de forma y contenido. Fueron los casos de Misión imposible (la primera versión) o de Los intocables, ambas de Brian de Palma. La otra es la vertiente “convencional” o conservadora, donde se busca una clara identificación entre los personajes y el contexto de la serie con la versión fílmica. Este es el caso de la saga Viaje a las estrellas que contaba incluso con los mismos actores de la versión televisiva, y también de El super agente 86.

Quienes hayan visto la serie El super agente 86 (Get Smart, trasmitida entre 1965-70) se darán cuenta que incluso los actores “sustitutos” a los originales de la versión televisiva –por motivos cronológicos ya fallecidos en algunos casos o retirados en el otro- tienen un aire de identificación bastante evidente. No solo en el caso de Carrell que interpreta a Maxwell Smart, que se ha mimetizado en el personaje que interpretó Don Adams en los sesenta, incluyendo las chanzas habituales, los giros de gags propios de Adams, “la cara de palo” cuando dice sus “boutades”, sino también en los demás personajes, como la 99 (aunque en su caso se le ha dado un sesgo más de mujer independiente, propio de la época actual), los secundarios como Larabee o el entrañable Jefe, con ese aire paternal propio del personaje que interpretó el desaparecido Edward Platt.

La serie era una parodia genial de las películas de espionaje de los años sesenta (Maxwell Smart es el anti James Bond), con ese clima paranoico de la guerra fría y los artilugios tecnológicos con que se vale el agente secreto (en la película “resucita” incluso el “cono del silencio”, así como “el zapatófono”, el primer celular de que se tiene historia), y como toda “fuerza del bien” que se precie de tal, como es CONTROL, debe tener un enemigo de su altura, la tenebrosa KAOS, “resucitando” también el archienemigo de Smart, Siegfried. Todo eso lo vemos en la película. Por supuesto, no es necesario haber visto la serie para gozar con los divertidos gags, actualizados a los nuevos tiempos. Incluso hay una notable y evidente parodia a Bush jr. El presidente que interpreta el veterano James Caan tiene la misma torpeza, incultura e ignorancia del mandatario norteamericano saliente. La tomadura de pelo a los políticos es uno de los rasgos más hilarantes del filme.

¿Y cuál es su mérito al final de cuentas? La película solo pretende divertir, contando una historia entretenida. No se ha propuesto ser una obra maestra de la parodia ni nada parecido, cumpliendo con su modesto objetivo, lo cual ya es bastante. El mérito es haber resucitado una querida y popular serie de los años sesenta. Quienes la vimos de niño nos regocijamos con los aspavientos de Steve Carell y quienes no la conocieron, de todas maneras se divertirán. Nada más y nada menos.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


EL SUPER AGENTE 86 [Get Smart]
Dir.: Peter Segal
Guión: Tom J. Astle y Matt Ember, basado en los personajes creados por Mel Brooks y Buck Henry
c/ Steve Carell (Maxwell Smart), Anne Hathaway (Agent 99), Dwayne Johnson (Agent 23), Alan Arkin (The Chief), Terence Stamp (Siegfried), Terry Crews (Agent 91), David Koechner (Larabee), James Caan (The President), Bill Murray (Agent 13)
EEUU/2008/Comedia***/Estrenos

lunes, junio 23, 2008

ELIZABETH: LA EDAD DE ORO


Se esperaba con interés la continuación de la historia de la reina Isabel I de Inglaterra. La primera entrega trataba sobre la lucha por el poder y la necesidad de consolidarse como reina que requiere la joven Elizabeth, en el marco de las luchas intestinas y las guerras religiosas. La joven reina aprende a gobernar resolviendo las crisis financieras o políticas que se le presentan, dando una explicación el filme de la necesidad política que tiene la reina de presentarse sin príncipe consorte (no contrae matrimonio pese al consejo de sus asesores) y como imagen icónica de un pueblo (“la reina madre”). Elizabeth se cimenta en el poder, no sin antes deshacerse de sus enemigos, y logra ser reconocida como reina de Inglaterra, aprendiendo también lecciones básicas del arte de gobierno como no confiar ni en los mejores amigos o amantes. En ese sentido es maquiavélica ciento por ciento.

La segunda entrega –en una suerte de díptico- como el título hace alusión trata sobre el período denominado isabelino, con una reina ya hábil en el despliegue de estrategias políticas y en sortear los escollos que se le presenten, principalmente el de las ambiciones de dominio de la España imperial de ese entonces, obsesionada con acabar con los protestantes. Es precisamente en ese contexto de la contrarreforma y la invasión a Inglaterra con la denominada “armada invencible” que la película se desarrolla, teniendo como ejes argumentales de soporte las intrigas –y posterior ejecución por traición- de su prima católica María Estuardo y el ascenso a caballero del pirata inglés Walter Raleigh, con quien tiene un romance al paso (“un choque y fuga” como se dice ahora).

El problema estriba en el excesivo maniqueísmo como son presentados los soberanos españoles y la propia España de la contrarreforma, viviendo en el atraso y el oscurantismo religioso, mientras la Inglaterra protestante vive en libertad y teniendo el progreso como norte. Si bien en términos históricos es cierto (capitalismo naciente y pujante vs feudalismo moribundo y atrasado), la visión bastante esquemática de “buenos y malos” empobrece el filme. Otro aspecto es el relacionado con la imagen hagiográfica que se tiene de la reina. El entusiasmo y admiración por el personaje desbordó al cineasta en contraposición a la imagen villana de Felipe II. No es casual por ello que Isabel se nos presenta casi casi como una santa laica.

Shekhar Kapur parece que quiere convertirse en el Kipling del cine y en cantar a la Inglaterra imperial (su anterior largo Las cuatro plumas, 2002, lo confirma), en una visión ideológica colonial justificatoria de toda injerencia imperial extramares.

Por otro lado, Cate Blanchett está excelente en su papel, en una de las más recordadas interpretaciones de la reina de Inglaterra, junto a la que realizó Bette Davis (en una performance totalmente distinta) en La vida privada de Elizabeth y Essex.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


ELIZABETH: LA EDAD DE ORO [Elizabeth: The Golden Age]
Dir: Shekhar Kapur
Guión: William Nicholson y Michael Hirst
c/ Cate Blanchett (Elizabeth I de Inglaterra), Geoffrey Rush (sir Francis Walsingham), Clive Owen (sir Walter Raleigh), Abbie Cornish (Bess Throckmorton), Samantha Morton (María Estuardo), Jordi Mollà (Felipe II), Rhys Ifans (Robert Reston)
UK,Fra/2007/Biopic, drama histórico***/Dvd/Las que nunca se estrenaron

jueves, junio 19, 2008

EL INCREÍBLE HULK


El primer Hulk (2003) llevado a la pantalla por Ang Lee y con Eric Bana y Jennifer Connelly en los protagónicos no ganaba en acción, pero sí en consistencia de personajes, en explicar la génesis del hombre verde, por lo que parecía “aburrida”. Ganaba en densidad, pero perdía en acción, lo que se reforzaba con el antagonismo “edípico” entre el joven Bruce Banner y su padre.

La primera versión dejaba un sabor a un Hulk más lento y “filosófico”, “pecado” si pensamos que la película tiene como público objetivo a “teenagers”, por lo que esta vez los productores optaron por contratar ya no a un director laureado que ponga sus condiciones, sino a otro más dúctil a los requerimientos y con oficio en filmes de acción, como el francés Louis Leterrier (cuyo haber como director antes de Hulk se limita a dos filmes: Transporter 2 y Danny the Dog, ambas del 2005).

Evidentemente la película gana en acción de principio a fin, borrando “el mal sabor” del filme anterior. La concentración en menos de 120 minutos de toda la historia (muy distinta a la “dilatada” primera parte) ayuda a ese dramatismo narrativo centrado en las peleas y eliminando los tiempos muertos. Todo sucede en una precipitación de acontecimientos que se van sucediendo en vértigo y que trascurren desde una favela en Brasil hasta los bosques de Canadá.

Pero esa persecución y búsqueda desesperada de una cura para Bruce Banner, hace que pierdan densidad los personajes, más cercanos ahora al cómic, con un final sorpresivo que presagia una pronta tercera parte.
El segundo Hulk tendrá admiradores y detractores. Quizás la continuación debería estar en un justo medio.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


EL INCREÍBLE HULK [The Incredible Hulk]
Dir.: Louis Leterrier
Guión: Zak Penn, basado en los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby
c/ Edward Norton (Bruce Banner), Liv Tyler (Betty Ross), Tim Roth (Emil Blonsky), William Hurt (Gen. Thaddeus 'Thunderbolt' Ross)
EEUU/2008/Aventuras fantásticas***/Estrenos

jueves, junio 12, 2008

GARGANTA PROFUNDA


Recién he podido ver Garganta profunda. Sí pues, con una diferencia de treinta y cinco años. La estrenaron cuando terminaba mi secundaria y en nuestro país estaba prohibido el porno duro. Cuando se abolió la censura no recuerdo haberla visto en los estrenos de medianoche de aquellos años. De repente se me pasó.

Y, como el porno es un género que no frecuento con asiduidad últimamente, he tenido que esperar a que uno de mis proveedores de películas me la trajera. Por esa razón Deep Throat no lo incluí en mi crónica El Porno y yo.

Estaba ansioso por visionarla. Más por razones de cultura cinéfila, al tratarse de un clásico del género y valió la pena la espera. Los sesenta minutos no aburren, las escenas de sexo tienen historia y la trama es ingeniosa por fantástica: una mujer (la actriz porno Linda Lovelace) no puede tener orgasmos por poseer el clítoris en lo más profundo de su garganta (de allí el título) y por recomendación del médico tratante (un tipo que practica “in situ” las recomendaciones médicas con sus pacientes, lo que me hace recordar al Doctor Sexo, un porno francés) debe buscar hombres con miembros viriles bastante grandes para que le rocen el clítoris y sienta las campanas, las estrellas y los fuegos artificiales.

Garganta profunda es graciosa, está dentro de las comedias porno y si bien fue filmada artesanalmente (en casas acondicionadas ex profeso), se nota un cuidado técnico y una buena dirección de actores, cosa a veces difícil de encontrar en un porno. Igualmente, los gemidos de las actrices fueron reemplazados por música de la época, algo peculiar en este tipo de filmes que está saturado de gemidos falsos.

Parece que por el éxito obtenido luego se hizo una secuela, pero no llegó a pasar la barrera del tiempo del original. Garganta profunda hasta ahora ha soportado el paso del tiempo, considerando que los filmes porno son de duración efímera, es todo un mérito. Solo Cronos dirá si se convierte en clásico del género.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


GARGANTA PROFUNDA [Deep Throat]
Dir. y guión: Gerard Damiano
c/ Linda Lovelace (Herself), Harry Reems (Dr. Young), Dolly Sharp (Helen)
EEUU/1972/Hard core***/Dvd/Películas del ayer

lunes, junio 09, 2008

MIS CINES DE BARRIO

Para mi pequeña, en su día

Desde muy niño fui aficionado al cine. En una época donde no existían el Vhs o el Dvd, y cuando la televisión recién ingresaba tímidamente a los hogares, ir al cine era ingresar al lugar de entretención por excelencia. Naturalmente, mis primeros cines fueron los de mi barrio, los más cercanos a mi casa: el Western ubicado en el Jirón Risso, justo a la vuelta de donde vivía, con su fachada sobria, convertido hoy en iglesia evangélica, sitio de preferencia para la Peña Ferrando cuando venía a Lince, con sus categorías de platea baja, laterales, platea alta y la popular cazuela. Era curiosa esa división de platea baja y laterales, división en base a un tenue cordón fácil de eludir al momento de proyectar la película. (Sería que en aquella época todavía se respetaban las normas, por más tenues que fuesen, como esos cordones). Allí presencié El expreso de Von Ryan, ambientada en la II Guerra Mundial, con Frank Sinatra, que ayudaba a escapar a un grupo de prisioneros de guerra y, pobrecito, al final los nazis lo mataban. Buena película de acción que hace algún tiempo la volví a ver en dvd. Igual Zulú, que hice “pataleta” para verla, hasta que por cansancio mi madre accedió. Eran los tiempos del racismo desenfadado, de tufillo colonial, así que los negritos, bien brutos, se dejaban matar como moscas por unos cuantos blancos más inteligentes y hábiles que ellos. También me acuerdo de Vendaval en Jamaica, con Anthony Quinn, que sale bien librado del juzgamiento como pirata que urde alguien que no lo quiere mucho, terminando con una atronadora sonrisa cachosa del actor. Y sobretodo me acuerdo de El planeta de los simios, la versión con Charlton Heston, que desde la primera vez me fascinó. Sigue siendo la mejor, a pesar de sus gorilas de goma y piedras de cartón, superior a la que hizo Tim Burton años después y que contó con presupuesto millonario y efectos digitales por doquier.

En los cines existían los lunes femeninos, ese día las mujeres no pagaban entrada si iban acompañadas de un caballero (resabios de la cultura machista). Solo contaban tres funciones: matiné, vermú y noche, que obedecían al ambiente todavía calmo de la capital, donde se regresaba a almorzar a casa y de paso tomar una breve siesta. Los hombres iban en terno al cine, muchos con pañuelo en el bolsillo superior del saco o una flor en el ojal, rematando la indumentaria el clásico sombrero cubriendo la cabeza. Se fumaba mucho antes, durante y después de la proyección (fumar todavía no era dañino para la salud) y en las funciones largas existía el intermedio para ir a comprar una gaseosa o un chocolate, o por lo menos estirar las piernas. Como ya tomaba el cine con mucha seriedad, quedando absorto con la película, no era un buen cliente de la chocolatería, pero a veces, cuando iba con mi mamá o íbamos con algún compañero de su trabajo (era bastante joven y atractiva cuando se separó de mi padre, yo tenía apenas cuatro años y un poco se adelantó a una época que todavía condenaba a las mujeres divorciadas) me “ganaba” con algún chocolate o gaseosa a mitad de función. Era la época de la ingenuidad y la ensoñación, de los maravillosos años sesenta, del rock and roll, la liberación sexual y los movimientos sociales, cuando tenías el corazón contento y lleno de alegría, y el amor estaba en el aire, y los vientos no presagiaban ni por asomo lo que vendría después.

El cine Western era mi preferido, proyectaba casi todas las películas que habían estado en las salas de estreno, más lujosas y caras. Una de esas salas era el Roma. Impresionaba entrar. Sus pisos alfombrados, los controladores (los tradicionales “boleteros”) correctamente uniformados, con gorra, corbata y saco incluido, la chocolatería con finos chocolates importados -aunque el sabroso y nacional Sublime no tenía competencia-. Entrando, debajo del écran, existía un invernadero con plantas naturales que le daba un toque especial al ambiente. Era como estar en una sala de cine y un vivero a la vez. Las butacas comodísimas, mullidas, suaves, que daban ganas de dormir ahí mismo. Estaba a unas diez cuadras de mi casa, así que debíamos tomar un colectivo (un carro grandazo de seis cilindros que hacía el recorrido por toda la avenida Arequipa) para llegar hasta allá. He visto varias películas en el Roma, pero la que guardo con especial afecto en mi memoria es 2001: odisea del espacio de Stanley Kubrick, aunque como en algunos amores, la primera impresión no fue la mejor. Mi madre me llevó a su estreno, en función de vermú, luego del trabajo. Debo confesar que aquella vez la película no me impresionó, es más, me aburrió de cabo a rabo y en algunos tramos me preguntaba cuándo terminaba ya. Un niño de doce años nutrido con los comics, las películas de ciencia ficción y seriales que pasaban en la tele o las vistas en el cine, se preguntaba a qué hora salen los marcianos y los platillos voladores, y en cambio veía una computadora que “se rayó”, un astronauta que en pocos minutos pasa de la adultez a la vejez para luego renacer y un monolito impertinente que a cada rato aparecía. Debí esperar diez años más, ya crecido y con una cinefilia más sólida, para comprenderla y tomarle cariño y considerarla como una de mis películas favoritas de todos los tiempos. De allí en adelante debo haberla visto infinidad de veces y me la conozco de memoria. “La catedral de la ciencia ficción”.

Años después y ya en la década de los ochenta, los administradores del Roma tuvieron buen olfato con algunas cintas que, con el retorno de la democracia y el fin de la censura, pudieron ser exhibidas. Calígula o El imperio de los sentidos causaron llenos totales de sala por semanas enteras. Ver a Malcolm McDowell (el de La naranja mecánica) gesticular como loco mientras tenía sexo con su hermana Drusilla o a Sada amputando el pene a su difunto amante, impactó a los todavía pacatos limeños. Los revendedores hicieron su agosto, ofreciendo las entradas al doble del precio; pero, en los noventa el Roma ya estaba golpeado por la fuerte crisis que sufrieron los grandes cines. Recuerdo que una de las últimas películas que visioné allí fue El silencio de los inocentes, acompañado de una ex que era un poco rayada y que se completó de rayar al ver cómo el doctor Hannibal Lecter se comía vivos a sus víctimas (por cierto, y dicho sea de paso, siempre me han tocado parejas “rayadas”, hasta la actual). El cine no era el de antes. Las butacas estaban descuidadas, algunas habían perdido el asiento o el respaldar, los boleteros ya no se encontraban correctamente uniformados, sino en camisa y sin corbata, las señoras que atendían estaban con las medias de nylon corridas que evidenciaban unas piernas hinchadas y con várices, mientras que la chocolatería lucía deslucida con apenas unos dulces desperdigados por aquí y allá. El Roma abriría sus puertas de nuevo algunos años después como una gris oficina de jubilaciones del estado (la eufemística Oficina de Normalización Previsional).

Otro cine de lujo cercano al Roma era el cine Azul, llamado precisamente así por el color predominante de su fachada y su interior. No pertenecía a Lince propiamente, sino a Santa Beatriz (como el Roma), inaugurado en la década del cuarenta cuando dicha urbanización estaba poblada por una clase media pujante con automóvil propio, chalecitos y hasta castillo incluido (el famoso castillo Rospigliosi). Estaba más cerca de mi casa, así que podía ir a pie. La primera vez debe haber sido de niño, con una de mis tías. Lo que más me llamó la atención fueron los palcos. Nunca he visto otro cine con palcos como a la usanza de los teatros (dicen que el antiguo cine Excelsior también los tenía). Todavía llegué a subirme a uno de ellos y hasta inicios de la década del setenta estuvieron habilitados. Después parece que los cerraron en vista que las parejas lo usaban para otros fines menos el ver tranquilamente una película. La que más guardo en la memoria fue El Decameron, que supuse la vería por fin (eso pensaba) cuando se abolió la censura. Resulta que cuando los militares gobernaban el país, el Roma la quiso proyectar, la sala estaba repleta y faltando pocos minutos un teniente del ejército “incautó” la cinta por “órdenes superiores”. Como en esa época no había recurso de amparo que nos ampare y sí más bien armas al ristre que salían de un camión portatropas como si los espectadores fuéramos un grupo de terroristas armados, tuvimos que salir resignados de la sala. Ya restaurada la democracia, el Azul la iba a exhibir, pero faltando también pocos minutos para la proyección, con sala igualmente a full, la película no venía. Era la época en que un muchacho en motocicleta, cuál chasqui motorizado, iba de cine en cine con los rollos de la película, sin embargo al Azul nunca llegó por algún extraño motivo que hasta el día de hoy no ha sido descubierto y se ha convertido en un misterio sin resolver, mismos “Expedientes X”, así que otra vez entre resignados y fastidiados debimos abandonar la sala. Algún tiempo después podría ver por fin tranquilamente la primera película de la “trilogía de la vida” de Pasolini y hasta ahora la conservo en mi memoria: vital, fresca y hermosa.

Dentro de los cines de barrio estaba también el Independencia. Se ubicada en la avenida Militar, cerca a la Municipalidad de Lince y frente a mi colegio de primaria “Las Américas”. Era un cine reciclador de películas de estreno, convirtiéndome en un caserito habitual. Allí pude ver la continuación de El planeta de los simios –Bajo el planeta de los simios- con James Franciscus y Charlton Heston en aparición breve. El epílogo era oscuro, con el fin de la Tierra en plena época de la amenaza atómica; pero la taquilla fue tan persuasiva que los productores hicieron tres partes más, la última con sabor a “new age” y onda hippie, muy acorde con la época que vivíamos. Las butacas del Independencia no eran nada cómodas y la proyección muchas veces pecaba de defectuosa, pero a los chicos de entonces más les gustaba saltar y jugar por la sala y encima de los asientos, así que las comodidades no nos preocupaban demasiado, aparte que la entrada era bastante barata y se encontraba al alcance de nuestras propinas. Actualmente está cerrado y me llama la atención que ninguna iglesia o bingo lo haya adquirido, a pesar de estar a media cuadra de la Plaza de Armas de Lince.

Un poco más arriba estaba el cine Alianza, en la avenida José Gálvez, ese sí era un cine de barrio barrio. Se le llamaba Alianza por qué estaba lindante al barrio de La Victoria, barrio grone y fiel seguidor del club Alianza Lima, aparte que en la cuadra donde estaba ubicado predominaban los morenos, gente sencilla, trabajadora y que naturalmente el equipo de fútbol de sus amores era el de la blanquiazul (en esa cuadra de José Gálvez ningún “blanquiñoso” podía gritar “y dale U” bajo pena de ser linchado y si quería “entrarle” a una de las preciosas morenas que vivían por allí tenía que convertirse de grado o fuerza al club grone, con exhibición obligada de camiseta y asistir religiosamente a los partidos del clásico dando vivas a la blanquiazul). La verdad que nunca entré al cine Alianza, aunque pasaba por allí cerca. Sólo entré una vez en mi vida, cuando ya no funcionaba como sala de cine. Me invitó un grupo místico que adquirió el local para sede principal de sus eventos, a fin de dar una conferencia sobre un tema filosófico-esotérico-metafísico que la verdad no recuerdo el título. Pasaba que un colega donde yo enseñaba pertenecía a esa asociación que creía en las revelaciones del divino cordero y en los ovnis al mismo tiempo. Un poco en la onda de la era de acuario y la película 2001. Era alucinante esa combinación que habían hecho, donde Cristo habría venido en un platillo volador de un planeta lejano muy lejano, proveniente de una civilización más avanzada que la nuestra, a fin que la humanidad progrese gracias a su mensaje, dado que nosotros estábamos en el universo más atrasados que escolar de colegio público. Solo faltaba el monolito de 2001 para completar el cuadro, pero realmente eran tipos simpáticos, medio locos, pero simpáticos.

En aquellos años estaba en mi última –e infructuosa- búsqueda de una razón divina para mi existencia y la esperanza de creer en un ser superior. (De veras que le puse empeño a esa última búsqueda). Como ya había salido hacía mucho tiempo de mi iglesia nodriza, la iglesia católica, y los evangélicos no me llamaban demasiado la atención (había asistido en algunas ocasiones a sus reuniones gracias a una chica, alumna mía, con la cual pese a la diferencia de años nos llevábamos bastante bien), comencé a buscar otros caminos más bien místicos-esotéricos y recalé en un grupo con cierta antigüedad en el país y con una sede a la usanza de los castillos medievales ubicada en pleno corazón del distrito de Breña. Nueva Acrópolis fue una estación de mi vida y si bien de las enseñanzas místicas-filosóficas-esotéricas no queda nada luego de mi breve paso por allí, ni llegué a ser un “caballero Jedi”, sí aprendí la disciplina en el trabajo y a organizar mejor mi tiempo, así como el esfuerzo que se debe poner en todo lo que se hace. Eso se lo debo a ellos.

Otro cine también de barrio barrio era el Ollanta, con nombre incásico y en pleno corazón de Lince. Pasaban películas “de romanos” y de gladiadores. Allí conocí a Maciste, Ulises, Hércules, Simbad y a la reina de Saba, casi todas películas italianas en blanco y negro. Pasaban también los spaghetti western, con un joven Clint Eastwood, aunque en esa época no me llamaban mucho la atención. Luego el Ollanta pasó a ser también iglesia evangélica. Solo asistí una vez como tal, debido a la ordenación como teólogo del hermano mayor de esta muchacha (que de evangélica tenía bastante poco). La sala conservaba su arquitectura original, salvo que en la dulcería ahora se vendían Biblias, casettes religiosos y otros libros de lectura piadosa. Preferí no volver nunca más y conservarlo en la memoria tal como fue en mi niñez.

Un cine cercano, donde iba regularmente, era el Alhambra. Impresionante por sus murales moriscos, presencié algunos filmes, sobretodo los sábados por la tarde, cuando me había desocupado de las tareas escolares. Estaba en la zona “pituca” de Lince, lindante con el distrito de San Isidro. Recuerdo haber visto allí María Estuardo, reina de Escocia, con una imponente y todavía joven Vanessa Redgrave como la reina católica y, en contraposición, Glenda Jackson como la reina Elizabeth que debía cimentar un imperio. Choque de caracteres. Ahora está convertido en un bingo, aunque han respetado su fachada. Igual pasaba con otro cine ubicado en la actual avenida César Vallejo, el Country. El Country tenía una deliciosa confitería, quedaba a pocas cuadras del edificio El Dorado. Había sido un cine de gala en otros tiempos, pero en los últimos años, antes de su cierre definitivo, lucía ya una decadencia imparable. También se convirtió en iglesia evangélica.

En cambio el Ambassador quedaba un poco más abajo, cerca al mercado Nº 2 de Lince; pero, a diferencia del Country, fue demolido para construir un complejo multifamiliar de Mi Vivienda. Para sobrevivir en los últimos años se convirtió también en reciclador de películas. Una de ellas fue quizás la primera o una de las primeras cintas que usaron efectos digitales. Creo que se titulaba Tron, película de ciencia ficción y aventuras. Si bien el filme fue recibido con frialdad en su momento, hay que reconocer que se adelantó a su época y como sucede con infinidad de casos similares, al inicio ni el público ni los productores comprendieron lo que tenían delante.

Otros cines de estreno y que propiamente quedaban en San Isidro, pero cerca a mi casa, eran el Orrantia, donde presencié por primera vez Woodstock: 3 días de paz, música y amor, memorable documental sobre el concierto de rock que cerró toda una gran época: la de los prodigiosos años 60. Tenía tres niveles como los viejos cines: platea baja, platea alta y la popular cazuela, con precios diferenciados por nivel y si estabas corto de fondos te ibas arriba, a la cazuela, cerca al techo pero más entretenida y bullanguera. En cambio, el cine San Isidro, solo con platea baja y mezanine, más circunspecto, trató de conservar su antigua prosapia. Recuerdo que todavía funcionaba hasta bien entrados los años noventa y con su infraestructura en buen estado. Era como esas familias de antigua estirpe que tratan de conservar el decoro y la dignidad hasta el último momento, pero tanto el San Isidro como el Orrantia correrían la misma suerte: convertirse en iglesias evangélicas donde Dios sana, salva y santifica.

El cine Petit Thouars –rebautizado como Concorde en homenaje al famoso avión de los años setenta- corrió la misma suerte. Un cine considerado de “estreno” en sus mejores épocas, en los últimos años tuvo que sobrevivir con películas piratas que pasaba con total impunidad. Como dice el viejo dicho “la necesidad tiene cara de hereje”. Y, al Petit Thouars no le quedó más remedio para sobrevivir. Igual que otras salas, ahora Cristo vive en sus otrora cómodas butacas donde visioné en estreno la estremecedora La profecía.

Pero, fueron dos cines que calcando el formato de las salas gemelas dentro de una galería comercial, los que sobrevivieron incluso hasta el presente siglo. El antecedente que tuvimos de las multisalas actuales fueron las salas gemelas incrustadas en un centro comercial. Casi siempre les ponían nombres que relacionaban a parejas famosas de la historia. Así tuvimos en el corazón de Lima a los cines Adán y Eva -actualmente acondicionadas como multisalas-; en Miraflores al Romeo y Julieta, convertido el último hoy en un teatrín; y en Lince al Arenales Ámbar y Arenales Jade. Funcionaban en los altos del Centro Comercial Arenales, un complejo de galerías de cuatro niveles, con estacionamiento en los altos y ascensor con lunas trasparentes -creo que el primero de su tipo que funcionó en Lima-. El complejo estaba proyectado para ser el “hot center” de Lince; pero la idea nunca funcionó y los cines ubicados en el último piso comenzaron a languidecer. Sin embargo le hicieron la lucha y pese a que en los últimos años las proyecciones eran harto defectuosas (las imágenes borrosas y el sonido deforme daban la impresión de presenciar una película de ensayo vanguardista), y si bien a veces no cumplían con lo programado, sus precios eran bastante competitivos (recuerdo haber visto allí con mi hermano Los Otros de Alejandro Amenábar). En una época en la cual el dvd todavía no se había masificado, una entrada a precio razonable hacía atractiva la oferta y la sala se colmaba sobretodo de escolares, universitarios y parejas que buscaban un lugar oscuro para estar juntas. Hace dos o tres años tuvo que cerrar irreductiblemente, justo cuando el dvd se convierte en asequible a todos los bolsillos, pero se defendió hasta el final. Murió de pie como los grandes.

*****

Ya adulto, sin la tutela familiar y con dinero en el bolsillo, comencé a aventurarme por mi cuenta, costo y riesgo a los cines de barrio de otros distritos. Entraba a cines como el Primavera en Surquillo a función de noche. Salir a la medianoche del cine y presenciar la fauna que pululaba en la avenida era un espectáculo mejor que la película vista: prostitutas, paseros, fumones y arrebatacarteras. El Susy en San Juan de Miraflores también lo visité (me parece que ahora es un bingo). En la Mutual donde trabajaba de cajero, cuando era estudiante de derecho, me destacaron a la agencia de San Juan que quedaba frente al cine, así que saliendo del trabajo, cruzaba la avenida Los Héroes para visitarlo; y, aunque las butacas eran bastante incómodas, me gustaba ese ambiente informal, más laxo que existía en aquellas salas. Siempre salí ileso en esas andanzas, quizás suerte o debo tener un ángel guardián que cuida mis espaldas, y más bien era fascinante espectar esa fauna andante y sobretodo ver a las chicas de la noche que exhibían sus atributos cuando comenzaba a oscurecer.

Sin embargo, fue en los años ochenta, cuando se liberaliza el porno, que comienzo a ir a las funciones de medianoche en los cines de barrio. El cine Brasil quedaba a pocas cuadras de mi nueva casa –me había mudado de Lince a Pueblo Libre, un distrito de clase media bastante tranquilo en aquellos años, con casitas de dos pisos y parques por doquier-, así que iba a las funciones de porno duro a la medianoche.

La medida ordenada por el segundo gobierno de Fernando Belaunde –proyectar el hard core o porno duro a partir de las doce de la noche- era disuasiva, a fin que por la hora asistan pocos parroquianos; pero, cual aquelarre congregatorio, lo que se generó a partir de la medianoche fue todo un festival de distintos tipos de personas: desde los habituales asistentes a la función, casi siempre hombres solos que esperaban a que se abra la boletería, pasando por los sangucheros con su popular pan con hot dog encebollado o para los más misios pan con huevo frito, sánguches que habían sobrado de las funciones diurnas, los emolienteros con su rica linaza calientita señor para el frío, acompañada de algunos extractos de siete raíces, los chiquillos que vendían los consabidos chicles, chocolates y cigarrillos, hasta las chicas de la noche que pululaban alrededor del cine para cargar con algún parroquiano excitado con la proyección. La medida del arquitecto restaurador fue un claro ejemplo que de buenas intenciones se encuentra empedrado el camino al infierno.

Algunas chicas, con la complicidad del administrador o del boletero, entraban a la sala y comenzaban a ir de asiento en asiento ofreciendo sus servicios, y donde veían un tipo urgido por las premuras de la naturaleza lo levantaban en vilo sin mayores contemplaciones. Primero se sentaban al lado del “target”, le comenzaban a acariciar ya se imaginan que, le metían floro hablándole suavecito cerca de la oreja, con mordidita incluida, y si el tipo aceptaba cargaban con él. Algunas se lo llevaban al baño, donde lo despachaban en un dos por tres y luego volvían a entrar a la sala en busca de otro cliente, otras le hacían una fellatio en plena butaca, con lo que teníamos un doble espectáculo: la película y la escena en el asiento de al lado. Era como estar en una orgía virtual. Había algunos que excitados con lo que veían comenzaban a masturbarse en la misma sala, así que la función terminaba con olor a semen por todos lados.

Pero también aparecieron los travestis, que comenzaron a rivalizar y hacer fuerte competencia a las chicas. La verdad no tenían nada que envidiarles, andaban escotados, enseñando sus atributos, “marketeándose”. Solo una vez en mi vida cargué con uno. Fue mi primera y única experiencia con un travesti (“para probar” como se dice). Para ser franco, al momento de la verdad no se me puso duro duro, pese a los esfuerzos, arte y mañas que puso “Margot” (lo llamaremos así). Quizás el nerviosismo o la impresión de la primera vez. Al final Margot tuvo que usar su boca para sacarlo todo, que, dicho sea de paso, la usó hábilmente. Solo he conocido una mujer con una maestría de esa naturaleza para hacerlo.

El Broadway era otro cine cercano a mi nueva casa. Sala enorme, una sola platea. Se notaba que había conocido mejores épocas, como aquellas mujeres de esplendores pasados que brilla un atisbo de sus mejores tiempos, pero cuando lo visité estaba en plena decadencia. Me gustaba el color de sus butacas: rojo. Allí presencié algunas películas de terror, un género favorito, como Cuentos de la cripta, Shocker: 100,000 voltios de terror y Cementerio de mascotas. El Broadway nunca se animó a pasar películas porno en trasnoche, y ahora –junto con el cine Brasil- fueron derruidos para dar paso a los edificios multifamiliares de Mi Vivienda; así que las apacibles y pequeño burguesas familias que habitan en esos pequeños departamentos no saben que reposan sobre entretenidas y olorosas historias de otras épocas.

En los años noventa, con la apertura neoliberal y los cambios que ocurrieron en el país, amén del terrorismo que golpeó duramente al país la década anterior, los cines de barrio desaparecieron. Cerraron, otros hasta fueron tapiados para evitar que los invadan o entren los fumones, como pasó con el cine Porvenir en La Victoria, y convertidos gradualmente en iglesias evangélicas, bingos o destruidos para levantar los edificios de Mi Vivienda que vemos por distintos lados.

Los cines de barrio marcaron todo una época. Son parte del recuerdo de cuando los caballeros salían a la calle con saco, corbata y una flor en el ojal, y ofrecían un blanco pañuelo con olor a colonia a su acompañante por si quería secarse el rostro o sonarse la nariz. Cuando las damas para ir al cine usaban traje de vestir, zapatos de taco y medias de nylon, y los niños iban con pantalón corto y corbata michi. Cuando los hombres cedían el asiento a las féminas sin importar la edad y se tenía que pedir permiso al papá o mamá para salir con la muchacha de tus sueños y hasta cierta hora, nada más. Donde para caer a una chica debías preparar y ensayar un discurso más inflamado y largo que de político tradicional, y si te daba el sí, la mayor osadía era agarrarle la mano amparado en la oscuridad de la sala. De una clase media que se iría extinguiendo poco a poco entre las sucesivas crisis económicas que vivió el país. De cuando todavía se respiraba un aire a ingenuidad y no a cinismo despiadado. Cuando todavía existían ciertos valores y no el frío pragmatismo de ahora. Y los guardamos en lo más querido de nuestro corazón: de aquellos años felices de nuestra infancia y juventud.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es

martes, junio 03, 2008

EL DIARIO DE LOS MUERTOS


A cuarenta años de La noche de los muertos vivientes (1968), filme de culto del cine de terror -aunque de acción un poco lenta para las nuevas generaciones-, George Romero puso al día un tópico que si bien no es de su creación –los zombis ya existían en el cine y provienen de la tradición mágico-religiosa- significó una revitalización del sub-género y una fuente de inspiración para nuevos realizadores como Danny Boyle (28 días después, 2002).

George Romero ha mantenido actualizado el tema de los zombis dándole giros de tuerca a cada presentación. Así, la entrega anterior –la cuarta-, La tierra de los muertos vivientes (2005), con más dosis de acción, trataba el tema de las desigualdades sociales en la Norteamérica de hoy y la “justificación” de la conculcación de los derechos ciudadanos como justificatoria de un control del terror que viene de fuera, en clara alusión al ambiente de paranoia persecutoria post 11-S.

La presente quinta entrega trata otro tema recurrente: el manejo de la información a través de los medios de comunicación, gracias al internet, y en el contexto del ambiente post 11-S, donde los medios jugaron un factor importante. Efectivamente, con reminiscencias a El proyecto de la bruja de Blair (1999) en el sentido de usar una cámara en mano para ir desarrollando la historia (gran parte de la película la vemos “a través” de una cámara que va registrando los hechos), vemos a un grupo de jóvenes acompañados de su profesor que realizan una película de terror en plena noche, cuando se ven sorprendidos por la invasión de los muertos vivientes que azolan distintas ciudades del mundo (esta vez ya no existe una explicación del origen del mal, sino que se da por supuesto). El nudo de la trama está en la sobreviviencia del pequeño grupo humano y cómo van subiendo a la red las imágenes mostradas en una suerte de documental en tiempo real. El dominio de las imágenes sobre el texto escrito es predominante y solo se cree lo que se ve, en clara alusión al predominio de la “videocracia” en la época contemporánea (o “post moderna”).

La acción se ve privilegiada en la concentración del tiempo (los hechos pasan en horas), pero no llega a interesarnos ni envolverlos en el interés que tuvo la entrega anterior; sin embargo se deja ver y no deja de interesar por la temática tratada. Al parecer George Romero anuncia una continuación para el año 2009 con el título provisional de Diary of the Dead Sequel. Estaremos al tanto.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


EL DIARIO DE LOS MUERTOS [Diary of the Dead]
Dir. y guión: George A. Romero
c/ Joshua Close (Jason Creed), Scott Wentworth (Andrew Maxwell), Michelle Morgan (Debra Moynihan), Joe Dinicol (Eliot Stone)
EEUU/2007/Horror***/Estrenos

martes, mayo 27, 2008

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL


El gran mérito que tuvo la saga de Indiana Jones fue resucitar las seriales de antaño, cuando el episodio se quedaba en lo mejor, como para mantener el suspenso del espectador y tenga ganas de ver la continuación, no exento de ciertos toques de humor, seriales que por cierto nutrieron a los entonces niños Steven Spielberg (el director) y George Lucas (el productor), uniéndose en un proyecto que por el éxito comercial obtenido tiene hasta la fecha cuatro entregas.

Los elementos de la trama de los filmes que comprenden los episodios tienen en común la búsqueda y el descubrimiento de un objeto sagrado que posee propiedades mágico-religiosas, sea el arca de la alianza, una piedra mágica, el cáliz donde bebió Cristo o una calavera de cristal, objetos que deben ser protegidos de las “fuerzas del mal” (los nazis antaño, los comunistas en la cuarta entrega). Tocar el tema de lo desconocido (con una parte de certeza histórica o que el objeto existió) hace atractiva la trama. Otro componente es la “partner” o compañera en cada entrega, que sirve de contraste a la personalidad del héroe, llegando a niveles risibles y caricaturizables en la segunda parte, donde Kate Capshaw interpreta a la típica “rubia tonta”. El lugar de los hechos también es importante, debe ser un lugar exótico en el imaginario norteamericano, sea el Medio Oriente, la India o la selva amazónica. Otra característica es la utilización de los efectos especiales hacia la parte final de la película, al momento de la resolución de la trama, cuando espectamos ante el asombro el “poder sobrenatural” del objeto hallado, con lo cual concluye la película, tras un breve epílogo en que el héroe parte a nuevas aventuras.

Spielberg es un gran contador de historias y sería mezquino decir que en la presente no lo hace bien. Nutrido en el cine clásico norteamericano, sabe narrar limpiamente, divirtiendo a veces (genial la ocurrencia del topo al inicio de la película) y dando algunas pinceladas para que el espectador se contextúe en la época (los locos años 50 de la guerra fría y el macartismo).

La cuarta entrega nos trae más viejo al héroe. No en vano han pasado veinte años, no siendo los nazis el principal enemigo sino los comunistas de la Unión Soviética, en esta eterna lucha entre el bien y el mal (en el esquematismo del cine norteamericano).
Las similitudes entre la primera (la mejor de todas) y la cuarta entrega saltan a la vista. No solo en el retorno de viejos personajes, sino también en el escenario (la selva amazónica); la villana (extraordinaria Cate Blanchett), es una versión femenina del rival de Indiana Jones: el culto Dr. Belloq; o el desenlace, muy similar, donde “los malos” mueren por la “ira divina”. Similitudes que es de suponer no se deben a un agotamiento de la saga propiamente (todo indica que tendremos una siguiente entrega), sino a ese “reencontrarse” los seguidores de las aventuras del Dr. Jones con su héroe de la infancia o la juventud, seguidores que naturalmente también están un poco más viejos; y los que recién lo conocen será un descubrimiento. Por cierto el personaje de Shia LaBeouf (al estilo de Marlon Brando en su fase rebelde), es el elemento joven que atraiga a los “teenagers”.
No vamos a entrar en los desaguisados de las inexactitudes geográficas, históricas y culturales sobre nuestro país que acomete el viejo Indy (que pareciera por los barbarismos dichos que su grado de doctor lo debe haber adquirido en el mítico jirón Azángaro) dado que se trata de una ficción y no un documental que exija fidelidad; además que para “los gringos” todos los países que se encuentran al sur del río Grande son iguales. Ignorancias del etnocentrismo.

La cuarta entrega de la saga entretiene, que es el cometido del director y los productores, mantiene un ritmo que no decae y se toma con mucho humor la historia contada, como diciendo, total, se trata de una fantasía, no se la tomen tan en serio.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL [Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull]
Dir: Steven Spielberg
Guión: David Koepp; basado en un argumento de George Lucas y Jeff Nathanson
c/ Harrison Ford (Indiana Jones), Cate Blanchett (Irina Spalko), Karen Allen (Marion Ravenwood), Ray Winstone (Mac), John Hurt (profesor Oxley), Shia LaBeouf (Mutt Williams)
EEUU/2008/Acción, aventuras***/Estrenos

sábado, mayo 24, 2008

ALATRISTE


Alatriste ha sabido captar la esencia de ese gran imperio español que en todo su esplendor también reflejaba sus miserias y futura decadencia. Contada a la manera de la picaresca, nos da cuenta a través del personaje central, el capitán Alatriste, mercenario al servicio de su majestad imperial, de las distintas clases sociales en la España del XVI. De las maquinaciones al interior de la Corte, de la frivolidad de un rey que no gobierna y de un pueblo al que no llega el oro de América. Genial la recreación de Francisco de Quevedo, como el escritor de panfletos que siempre tuvo problemas con el poder, así como estupenda la actuación de Viggo Mortensen encarnando al soldado que alquila su espada, escéptico de Dios y de los poderosos del mundo, pero con orgullo y valor.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


ALATRISTE
Dir: Agustín Díaz Yanes
Guión: Agustín Díaz Yanes; basado en las novelas "Las aventuras del Capitán Alatriste" de Arturo Pérez-Reverte
c/ Viggo Mortensen (Alatriste), Elena Anaya (Angélica de Alquézar), Javier Cámara (Conde Duque de Olivares), Jesús Castejón (Luis de Alquézar), Antonio Dechent (Garrote), Juan Echanove (Francisco de Quevedo), Eduard Fernández (Copons), Francesc Garrido (Saldaña), Ariadna Gil (María de Castro), Enrico Lo Verso (Malatesta), Cristina Marcos (Joyera), Eduardo Noriega (Duque de Guadalmedina), Blanca Portillo (Bocanegra), Unax Ugalde (Íñigo Balboa)
España/2006/Aventuras/Dvd/Las que nunca se estrenaron

martes, mayo 20, 2008

IRON MAN


Es difícil encontrar una buena adaptación de comic al cine. A veces las fallas se encuentran en el reparto, en los actores “de carne y hueso” que deben interpretar al personaje legendario o al villano. Iron Man encontró el “cast” adecuado. El personaje interpretado por Robert Downey Jr. tiene las dosis necesarias para darle la credibilidad a su personaje: cínico, pragmático, es “más real” que la encarnación asexuada e ingenua de Spider man, por citar un ejemplo reciente.

La película tiene partes bien marcadas: la primera, cuando Tony Stark es apresado por un grupo terrorista afgano y crea en cautiverio el modelo de Iron Man ayudado por otro científico, luego la fuga y el posterior regreso con la idea de emplear el gran robot humano a fines pacíficos, hasta el duelo final con Obadiah Stane (excelente Jeff Bridges). En ninguna parte pierde interés el filme y más bien tiene sus toques de humor como la humanización del robot asistente, sin tomarse el personaje central muy en serio el papel de héroe, evitando así la solemnidad aburrida de otros comics.

Iron Man promete continuación obligada. Ojalá esté al mismo nivel o lo supere.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


IRON MAN
Dir: Jon Favreau
Guión: Mark Fergus, Hawk Ostby, Art Marcum y Matt Holloway; basado en los personajes creados por Stan Lee, Larry Lieber, Don Heck y Jack Kirby
c/ Robert Downey Jr. (Tony Stark/Iron Man), Terrence Howard (James Rhodes), Jeff Bridges (Obadiah Stane), Shaun Toub (Yinsen), Gwyneth Paltrow (Virginia "Pepper" Potts)
EEUU/2008/Acción, CF***/Estrenos

martes, mayo 13, 2008

POSDATA: TE AMO


Posdata te amo trata una variante del tema del amor: el amor después de la muerte. Enfoca un tema poco tratado en el cine: el desprendimiento que realiza la persona que fallece, dando “instrucciones por correo” a su pareja para que rehaga su vida, incluso con un tercero. Es peculiar, porque el amor en Occidente ha tendido a ser visto como algo exclusivo y exclusivista, donde se debe llorar al ser amado que se fue (incluso si se trata de una ruptura entre vivos), y más raro aún, buscarle un sustituto como plantea el filme, dado que pertenecemos a una cultura muy individualista.

Dividida de acuerdo a las estaciones del año, su estructura cíclica comienza y termina con el invierno, la estación de los muertos, pero también del renacer de los vivos, del volver del valle de las sombras, renovándose. Precisamente una de las mejores escenas es la del funeral. Contraria a la tradición lúgubre, el funeral, a pedido de Gerry, es gozoso, festivo, recordándolo como fue en vida. El mejor homenaje que se puede hacer a la memoria de un difunto.

Quizás el filme adolece de un exceso de metraje (los flash backs que dan cuenta del romance de la pareja en el pasado son demasiado extensos), pero Postdata: te amo se sale de los cánones tradicionales de este tipo de películas, que por lo común caen en el exceso de almíbar, y sobretodo podemos apreciar en papel secundario a Kathy Bates como la suegra recelosa del yerno difunto y la mamá protectora de la joven viuda. Apreciar su performance, como siempre, es un placer aparte.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


POSDATA: TE AMO [P.S. I love you]
Dir: Richard LaGravenese
Guión: Richard LaGravenese y Steven Rogers; basado en la novela de Cecelia Ahern
c/ Hilary Swank (Holly Kennedy), Gerard Butler (Gerry Kennedy), Kathy Bates (Elizabeth)
EEUU/2007/Comedia romántica***/Estrenos

viernes, mayo 09, 2008

LOS SOÑADORES


El Mayo francés visto a través del filtro del tiempo.

Una de las últimas películas de Bertolucci, Los soñadores, es un canto de elegía de una época tan convulsa y renovadora como la de los años sesenta, vista con la mirada reposada que solo concede el tiempo (según el realizador quiso hacer una película que reflejara la triple revolución que se produjo: la cinematográfica, la sexual y la política del mayo Francés). Visión crítica y a veces desencantada de una época en que los jóvenes pequeño burgueses jugaban a la revolución bien protegidos por papá. Los íconos de aquel tiempo están impregnados en el filme: los posters de Mao, las lecturas marxistas, la muerte de Dios, el asalto y “transformación” de la sociedad. Son los años en que Sartre le ganó a Camus, y la intelectualidad francesa giró casi toda a las distintas formas de marxismo y sus combinaciones a veces media rocambolescas con el estructuralismo y el sicoanálisis. En eso, Francia siempre ha sido el centro del pensamiento.

Pero, Los soñadores también es un recuerdo de los años celebratorios de la cinefilia, de la gloriosa Cinemateca francesa, donde el propio Bertolucci se formó como cineasta, de la nueva ola, de las películas clásicas y modernas que aquellos jóvenes devoraron con fruición. Los “guiños” y citas cinematográficas son constantes y cálidas, son los recuerdos más apreciados, más queridos y mejor guardados en la memoria, y los que mejor expresa el filme, vistos con la distancia que permite solo el tiempo, y donde la edad de los protagonistas es la que tenía el realizador en aquellos años.
El departamento donde se desarrolla gran parte de la historia representa el útero materno, la protección y la seguridad frente a la hostilidad del mundo, donde los dos hermanos, junto a su amigo, pueden jugar tranquilamente a la revolución y a hacer el amor. Como sucede en otros filmes de Bertolucci, la relación cuasi incestuosa de los personajes es una constante que explica sus actos, y como deudor tributario del maestro Visconti, los cuerpos desnudos y revueltos son un regocijo sensorial, un canto a la desnudez inocente y pura. Apreciar esos cuerpos desnudos es retrotraernos a nuestra más remota infancia.

Los soñadores al final despertarán de su sueño, cuando la brusca realidad, representada en la guardia de asalto, desbarate su utopía y su revolución de letras y consignas de un mundo mejor y marque el comienzo del fin de una época que ya no volverá.

Si bien Los soñadores se estrenó hace un par de años en nuestro país, casi pasó desapercibida la exhibición al darse en una solitaria sala del CC de la Católica a la que es imposible a veces acceder por razones de horario o de distancia en una ciudad con más de siete millones de habitantes, por lo que ahora está disponible en dvd para quienes aprecien la trayectoria de un realizador que conoció mejores momentos (El conformista, El último tango en París, Novecento y La luna son la cúspide de su obra), pero que a pesar de eso se deja ver y es superior a cualquier blockbuster tradicional que llega a nuestras costas. Vale la pena, aprovechando que estamos en el mes de la celebración de los cuarenta años de Mayo 68.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es


LOS SOÑADORES [The dreamers]
Dir: Bernardo Bertolucci
Guión: Gilbert Adair; basado en su novela "The holy innocents"
c/ Michael Pitt (Matthew), Eva Green (Isabelle), Louis Garrel (Theo)
UK-Fra-Ita/2003/Drama***/Dvd/Películas del ayer