Mi primera relación con el porno fue en secundaria. Tendría unos quince o dieciséis años cuando un compañero de clase trajo una revista extranjera que contenía fotografías bastante explícitas. El texto no lo entendíamos, pero las fotos daban cuenta muy evidente y sin tapujos del sexo oral que una mujer le practicaba a un hombre. Era la primera vez que veíamos imágenes de hombres y mujeres desnudos teniendo sexo. En aquella época –inicios de los setenta, cuando los militares gobernaban el país- solo se encontraba material porno que entraba de contrabando, o por medio de amigos en alguna embajada, o –la vía más directa- con generales dentro de nuestra familia.
La dictadura de aquel entonces, cuidando nuestra salud sexual, había prohibido todo tipo de revistas, películas o libros que atentaran contra “la moral y las buenas costumbres”; incluso habían sido prohibidas películas como “El último tango en Paris”, a pesar que vista a la distancia no pasaba de un juego entre inocente y medio malévolo de un viejito (Marlon Brando) rejuveneciendo con la joven y voluptuosa María Schneider, una chiquilla con los senos bien duritos y ávida de tener experiencias nuevas no concedidas por su novio, más preocupado en hacer películas que en atender como es debido a la prometida; todo en plena época de la revolución sexual (la famosa “escena de la mantequilla” que tanta alharaca causó en Lima cuando fue su estreno, ahora no pasa de una practica bastante común). Hasta “El decamerón” de Pier Paolo Pasolini fue prohibido. Había conseguido su pase a exhibición de la temible censura de la época –especie de Stasi peruana-, pero el día de su estreno, faltando pocos minutos para su proyección en el mítico cine Roma con sala colmada hasta el último asiento, llega un camión del ejército repleto de soldados con armas al ristre y un teniente al mando, rodean el cine como si fuera una madriguera de terroristas e incautan la película “por órdenes superiores”. Los espectadores que estábamos en el Roma –había logrado “colarme” a una película apta para mayores- tuvimos, entre resignados y molestos, que abandonar la sala.
Se estaba educando al “ciudadano revolucionario del mañana” –a fin de ser “iguales”, todos los escolares ya usábamos un horrible uniforme plomo rata-, así que no se podía permitir mal formar nuestras tiernas mentes, a pesar de ser vox populi que muchos generales, gobernantes de los destinos del Perú, veían en funciones privadas lo que al común de los mortales nos estaba vedado. Sin embargo, nunca faltaban esas revistas extranjeras, como la llevada aquella vez por mi compañero de clase, y que originó en algunos alumnos desarreglos nerviosos por un exceso de masturbaciones diarias (“el vicio solitario” como decían nuestros abuelitos).
Los tenedores de un proyector privado –el Beta, ni el VHS, menos el DVD, asomaban todavía- se agenciaban algunas peliculitas porno venidas subrepticiamente por la frontera; pero, generalmente se debía hacer malabares para conseguirlas, tener contactos y el precio era caro. Curiosamente, la prohibición del gobierno militar originó todo un mercado negro del cine porno, convenciéndome en carne propia y a temprana edad que las prohibiciones al final traen más perjuicios que beneficios, y que la libertad es mejor en todo sentido, hasta para apreciar una película pornográfica.
Aquellos que no podíamos pagar los altos precios de las publicaciones o filmes del mercado negro, teníamos que contentarnos con una actriz argentina que exhibía sus atributos en cintas con nombres tan sugestivos como “Carne”, “Lujuria tropical” o “La tentación desnuda”, dirigida siempre por su esposo Armando Bó. Isabel Sarli causó muchos sueños húmedos entre los jóvenes de la época.
La verdad que las películas de la Sarli eran más el título que el contenido, casi siempre tonto, un poco ingenuo y a veces medio truculento; pero al no existir más oferta, los adolescentes iban con asiduidad monacal a las salas de barrio donde proyectaban sus filmes. Debemos recordar que los muchachos de entonces éramos bastante ingenuos y casi casi estábamos descubriendo el sexo a los catorce y quince años, muy diferente a los chicos de ahora que tempranamente descubren los arcanos que rodean al acto sexual por el internet y la televisión (recuerdo hace un tiempo una amiga de mi generación se escandalizó por las películas triple X que pasaban en el hostal donde estábamos, sin saber que sus hijos muy posiblemente ya habían visto y revisto las mismas películas por el internet, la tv o el dvd).
*****
En el cercado de Lima –Jirón Chota si no recuerdo mal - existía una salita de cine llamada “Rívoli” que se llenaba totalmente de escolares para ver a la Sarli semi desnuda o en poses sugestivas. Como actriz no era gran cosa, pero aprovechaba su gran recurso corporal, esperando con ansias los muchachos de entonces ver que le desgarren la ropa y se insinúen las protuberancias de sus grandes senos o de sus poderosas ancas. Como cinéfilo “convicto y confeso” que ya era por aquellos años, creo a sus películas no les daba más de un tres en una escala del uno al diez.
Por cierto, las películas de la Sarli estaban dentro del llamado “soft core” o porno blando, permitido por la censura del gobierno militar a diferencia del “hard core” o porno duro, con sexo explícito y mostración de genitales, hallado únicamente en el mercado negro.
El cine “Rívoli” quedaba a pocas cuadras del colegio donde estudiaba (un colegio de varones púberes viviendo angustiados por el sexo), así que los días viernes, terminadas las clases a las dos de la tarde, y apenas sonaba la campana, nos íbamos en dirección al Jirón Chota. Felizmente el administrador era bastante tolerante y las películas aptas para mayores de 21 –la mayoridad en aquellos años- permitía el ingreso a jóvenes de dieciséis, quince, o a veces de menos edad. Allí presencié mi primera película porno o la que supuse era una película porno. Mis compañeros ya me habían comentado del “Rívoli”, que “sí dejaba pasar” a menores, así que un viernes, terminando las clases, me animé y fui solo. Ya en aquella época me había fijado ciertas reglas de disciplina para ver un filme y una era ir sin compañía a fin de no sufrir interrupciones durante la función y poder apreciar mejor la proyección (aunque, en honor a la verdad, esa regla ha tenido a lo largo de su aplicación excepciones ocasionales cuando la compañía ha sido agradable).
Entré a la sala sin saber nada del filme. Era una comedia sobre un muchacho que por la edad siente las urgencias del sexo y en uno de esos enredos tiene relaciones sexuales con su propia madre, que lo “estrena” en las artes amatorias, comenzando así su vida sexual, contado todo en un tono risueño y desenfadado, sin dramatismo alguno. Se titulaba “Soplo al corazón”, que de porno no tenía nada, y era del gran realizador francés Louis Malle, de quien vería años después algunas de las películas que guardo con más aprecio en mi memoria.
Sucedía que cines como el “Rívoli” proyectaban cualquier película con escenas de sexo o de “calateo” que llamase la atención del público objetivo concurrente a la sala (escolares deseosos de ver cópulas y mujeres desnudas en el écran). Así, por ejemplo, proyectaron también “Edipo Rey” de Pier Paolo Pasolini, que tampoco era un porno y, dicho sea de paso, a esa edad no entendí muy bien. (Me reencontraría con Pasolini algunos años después, ya un poco más grande y con más películas vistas en mí haber, iría entendiendo poco a poco su cine, conservando en el corazón con mucho cariño su “trilogía de la vida”).
Algunos años después, ya casi al final de la dictadura, ingresaron las películas del “flaco” Olmedo y el “gordo” Porcel. El gobierno militar estaba más preocupado en reprimir las protestas populares y en buscar una salida decorosa a una situación política cada vez más insostenible, así que Porcel y Olmedo invadieron las salas limeñas para hacer olvidar a la gente las subidas de precio de los productos de primera necesidad, ocasionadas por los “paquetazos” (“sinceramiento de precios” en la jerga financiera-burocrática) de un ministro de economía que con los años se convertiría en “gurú” de las finanzas y funcionario internacional gracias a sus constantes cambios conforme el vaivén del viento en la política local.
Un público ansioso colmaría los cines donde se estrenaban “Los caballeros de la cama redonda”, “Los doctores las prefieren desnudas” o “Encuentros muy cercanos con señoras de cualquier tipo”. Conocimos también a las “vedettes” argentinas: altas, bien proporcionadas, “carne blanca” como decíamos (Tula Rodríguez demoraría algunos años en ser “sex symbol”). Susana Giménez y Moria Casan ocasionaron los sueños perplejos de más de un peruano. Aunque en justicia, las películas de la dupla Olmedo-Porcel estaban en el género de la picaresca que en el porno blando propiamente, aunque en época de escasez bien valían las tortas…
*****
En aquellos años mis gustos cinéfilos se habían vuelto más exigentes y virado hacia las “películas de autor”, descubriendo a cineastas como Kubrick, Bergman, Kurosawa, Fellini, Antonioni, Anderson o aquella generación de jóvenes realizadores representantes de una visión distinta del cine norteamericano, y que marcaron mi cinefilia, como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Brian de Palma, Peter Bogdanovich, Woody Allen, entre otros renovadores del Hollywood clásico.
Gracias a la revolución sexual que vivió Norteamérica en los sesenta y a los cambios en la mentalidad y sociedad que acaecieron por esos años –influenciados por la guerra de Vietnam-, el Código de conducta moral Hays -censurador de imágenes o palabras atentatorios contra “el pudor” y que reinó en la industria del cine por más de treinta años- quedó abolido. Ahora se permitían las malas palabras, la jerga, la violencia desmesurada, el acto sexual y los desnudos totales en las producciones, sin que el orden político o los grupos puritanos pudiesen hacer nada. Esa libertad y nuevos aires permitieron la renovación del cine norteamericano, bastante aletargado y que sufría de un proceso esclerótico creativo muy similar al visto ahora en las producciones hollywoodenses.
Era un asiduo concurrente a los “cine clubs”, y en especial a uno ubicado en la Av. Arica, el famoso auditorio Don Bosco, administrado por unos muchachos uruguayos que habían huido de las sangrientas dictaduras que asolaron los países del cono sur en la convulsa década de los setenta.
Salía con el trasero adolorido –las sillas eran de madera- pero contento de haber visto una buena película. Me convertí en un asiduo concurrente de la salita del Don Bosco, muchas veces faltaba a clases en la universidad para no perderme alguno de los filmes proyectados; incluso tenía un abono mensual para concurrir cuantas veces quisiera. Aquellos años, con toda seguridad, fueron los más felices de mi vida. De esa época data también una corta relación con una muchacha uruguaya. Médica de profesión, algo mayor que yo, de izquierda como yo, creía en un mundo más justo y mejor como yo, huía de la dictadura y de las desapariciones de opositores políticos en el Uruguay de Bordaberry, y cargaba con la angustia y culpa de haber dejado al esposo allá, del cual no tenía noticias.
Gracias a M… mi cinefilia creció y comencé a valorar más el cine europeo, y en especial a la “nouvelle vague” francesa. De su mano aprendí varias cosas esenciales en la vida, así como a valorar un cine distinto al norteamericano. Siempre estaré en deuda con ella; pero, esa es otra historia que quizás algún día me anime a contar.
*****
Si España tuvo su movida terminado el franquismo, nosotros también tuvimos nuestra “movida limeña”. Con el advenimiento de la democracia se terminó la censura y los peruanos pudimos ver por fin la “trilogía de la vida” de Pier Paolo Pasolini o “El último tango en París” con lleno de salas por semanas enteras (por cierto, esta última la acabo de ver hace poco en dvd y contiene escenas bastante aburridas, donde uno, literalmente, se cae de sueño). Llegaba también la actriz holandesa Sylvia Kristel y su trilogía sobre Emmanuelle -que algunos años después la completó con una más-, inaugurando en nuestro medio el llamado “porno de lujo”, películas porno de presupuesto elevado, en el histórico cine “Colón” que exhibiría algunos memorables en la época. Otra de la misma tendencia fue “Historia de O”, que a pesar de contener escenas explícitas de sexo anal (o como diría el Dr. Marco Aurelio Denegri peneano-rectal), vista a la distancia de los años como que ha envejecido, la película es medio tiesa, acartonada. También ingresó el célebre Tinto Brass con “Calígula” en la categoría del “porno histórico”, cuya exhibición causó revuelo en todo el mundo y más en una ciudad como Lima, sacudiéndose lentamente de la pacatería. La película fue condenada por cierta prensa beatona (cuenta la leyenda que ante el escándalo suscitado por el estreno, algunos de los participantes en el filme pidieron que sus nombres fueran retirados de los créditos). En nuestro país fue el cine Roma de nuevo quien tuvo el monopolio del filme y la gente daba literalmente vueltas alrededor de la manzana a fin de conseguir un boleto. Esta vez, felizmente, no se presentó ningún teniente con “orden superior” que incautara la cinta, así que la pudimos ver tranquilamente, apreciando a un gesticulante Malcolm McDowell como Calígula, pero sobretodo a una actriz que daría luego mucho que hablar en el futuro por su buen desempeño actoral: Helen Mirren.
Otra que también causó revuelo fue “El imperio de los sentidos”, y si bien no es un porno stricto sensu, causó estupefacción en la Lima de inicios de los ochenta por la exhibición explícita de coitos y genitales (por ejemplo, se muestra una “fellatio” en primer plano), por lo que algunos comentaristas escasos de luces aventuraron en calificarla como pornográfica. Nagisa Oshima, su realizador, había ido audazmente hacia la frontera bastante indefinida entre el porno y el erotismo. El resultado fue una obra de arte que pervive en el tiempo, no obstante que a algunos espectadores les “chocó” el final donde la protagonista amputa el pene de su amante y, sujetándolo entre sus manos, deambula errática y medio ida entre las tropas japonesas.
Empezando el segundo gobierno de Belaunde se abolió la censura, entró en vigencia la Constitución Política de 1979, una de las más avanzadas de la época, y cayó la temible Stasi peruana, así que el porno duro entró a las salas limeñas libre de todo impedimento y por la puerta grande. No obstante, el Arquitecto restaurador, a fin de evitar que “la moral y las buenas costumbres” no se vieran rebalsadas, reglamentó que el “hard core” se proyectara a partir de la medianoche. Supuestamente la medida era disuasiva –a fin de evitar la concurrencia de demasiados parroquianos-, de tintes moralizantes y hasta religiosos, por no decir cucufatos, pero lo que generó fue todo un mercado a partir de las doce de la noche, como si se tratara de un embrujo mágico. No solo una buena cantidad de espectadores ansiosos por la proyección se congregaban, cual aquelarre, un poco antes de la medianoche –generalmente hombres solitarios que esperaban en el hall del cine se abra la boletería-, sino también los tradicionales vendedores de sánguches y emolientes, de chocolates, chicles y cigarrillos, así como las “chicas de la noche” que esperaban desfogar a los apremiados espectadores al salir de la función, y que a veces, con la complicidad de los boleteros, ingresaban a la sala en plena proyección a ofrecer sus servicios, con lo que presenciábamos un doble espectáculo: el de la pantalla y el de las chicas practicando una “fellatio” en la misma butaca a un parroquiano apurado o cargando con este al baño. Así que las noches en Lima, luego de los “toques de queda” en las postrimerías del gobierno militar, comenzaron a ser más movidas y entretenidas. Por cierto, descubrimos también que las “chicas malas” no eran tan malas como las habían pintado, y sí más bien bastante interesantes, haciéndome amigo y parroquiano seguro de una de ellas, con la cual mantuve una relación compleja de “cliente- amigo cariñoso-confidente” por varios años.
Recuerdo una película de ese entonces. No tengo muy preciso el título (además para llamar la atención aquí les etiquetaban títulos insinuantes como Las noches húmedas, Sexo sádico, Los “anales” de Patricia, entre otros más o menos llamativos), pero era una comedia porno bastante entretenida. Tenía argumento y trataba de un tipo que se las ingeniaba para tener sexo con las mujeres haciéndose pasar por médico. Su sobrenombre no podía ser más evidente: “Doctor sexo”.
Pero, junto a las “chicas de la noche”, aparecieron también los primeros travestis para caballeros con gustos más exquisitos. Fuerte competencia para las primeras, al existir hombres buscadores de algo más “exótico” que una mujer para tener sexo, además el SIDA todavía no aparecía en el horizonte, así que las relaciones eran “piel a piel” y por la entrada que mejor guste o plazca. Algunos años después, los travestis se convertirían en lugar común de la oferta sexual que ofrece Lima de noche y ciertas avenidas de la ciudad son parte de su escenario habitual. Ya no llaman la atención ni mueven a escándalo como hace veinticinco años atrás.
Sin embargo, el ingreso del beta primero y el VHS después, desplazó el placer de ver una película porno de las salas a la tranquilidad del hogar, contribuyendo a ello las deficiencias técnicas en las proyecciones que a veces llegaban a un écran oscuro o totalmente borroso justo cuando estaba en lo mejor la “acción”. Otras veces sucedía que los “rollos” del filme venían alterados. Era un sistema de chasquis en motocicleta que trajinaban con los rollos de un cine a otro, originando a veces la confusión en la continuación de estos, así, en ciertas ocasiones, el final de la película venía primero y el inicio al final. Era una forma medio surrealista de apreciar un filme, hasta parecía cine de vanguardia que rompía los moldes clásicos de la narración.
También contribuyó al eclipse de toda esta época el terrorismo. Los chicos de Sendero decidieron seguir el precepto de Mao “del campo a la ciudad” y no se les ocurrió mejor manera que colocar coches-bomba a diestra y siniestra, causando apagones, volando edificios y practicando su “asesinato selectivo”. Uno, al levantarse, no sabía si al terminar la jornada regresaría vivo o entero a su casa, optando los limeños por quedarse en sus casitas y salir lo menos posible. Era la estocada final a las salas de cine antiguas y que se convertirían poco a poco en iglesias evangélicas -previo exorcismo de los demonios de la carne que pululaban en los otrora cines porno-, o en actividades más mundanas como salas de bingo y la esperanza de abrazar la fortuna con una moneda.
En lo personal, en esos años, mis intereses cinéfilos se habían vuelto cada vez más exigentes, y si una película no satisfacía mis gustos me aburría y sentía una pérdida de tiempo irreparable, por lo que el porno no me llamaba la atención: ver una sucesión de escenas de solo sexo sin una historia interesante que las enlace me resultaba mortalmente aburrido. Aparte que la etapa de la curiosidad juvenil de solo mirar como un voyeur había dado paso hacía mucho tiempo a la de practicar lo visto, más entretenido y emocionante que la ficción.
*****
Si bien no compro películas porno, tengo un amigo que es un gran coleccionista y de vez en cuando, al visitarlo, le “gorreo” alguna de su enorme catálogo. Existen de todas las nacionalidades: españolas, argentinas, italianas y por supuesto norteamericanas. El porno peruano no se ha quedado atrás y, entre otros medios, se vende por internet. Hace poco me topé con una página peruana que daba cuenta de una chiquilla teniendo sexo con dos hombres a la vez: uno por delante, otro por atrás. Por cierto, los “actores” peruanos físicamente ni por asomo se parecían a los europeos o norteamericanos: musculosos(as), practicantes del fisicoculturismo. La “protagonista” estaba bastante flaca y le colgaban las tetillas, mientras los “actores” daban la impresión de no ver la olla hace muchos días por lo flacos y desnutridos. Ni que se diga de las deficiencias técnicas en iluminación o fotografía, para no hablar ya del encuadre. Digamos que era un porno del tercer mundo. Como dice el viejo adagio “no es lo mismo un desnudo griego que un cholo calato”. Aunque si nos atenemos al principio de realidad, los cuerpos esqueléticos o gorditos y no tan adónicos reflejan mucho mejor la verdad de todos nosotros: imperfectos, deformes y muchas veces hasta risibles. Barriguitas o barrigotas, piernas chuecas, rollitos en la cintura más que evidentes, senos y nalgas flácidos, órganos masculinos de la finura y tamaño de un alfiler, son parte del imaginario común en cualquier parte del mundo. No crean todo lo visto en la pantalla: ni todas las mujeres son tan exuberantes como las actrices porno, ni los hombres tan dotados y con cuerpos musculosos como los “actores”. Eso es solo ficción. La vida real está plagada de aquellas imágenes de cuerpos contrahechos como las mostradas en aquel porno nacional.
No todas las películas pornográficas son pesadas e insostenibles a nivel argumentativo. Hace un tiempo mi amigo me prestó una titulada “Anal planet”. Era una comedia porno de ciencia ficción, donde un grupo de astronautas van deambulando por las galaxias, llegando a un planeta donde se ha inventado un casco para tener sexo virtual, hasta estallar este por demasiados coitos (el “professor”, inventor del casco, muere repitiendo to much sex, to much sex). Es graciosa, ligera y tiene historia entre escenas de sexo y sexo. Me gustó tanto que me la quedé de recuerdo y de vez en cuando la veo. Mi amigo no la va a extrañar entre centenares de películas de su enorme colección.
Algo similar me pasó con otro porno de “ambiente histórico”. Inscrita en la vertiente de la picaresca, trata sobre una chica de pueblo que en el siglo XVIII (la época no es muy precisa en el filme) va ascendiendo de condición social gracias a sus encantos y a cómo los emplea con los ricos con quienes se encuentra, llevando por título el nombre de la protagonista: “Tatiana”. Hasta donde tengo conocimiento se hicieron tres partes, lo que da a entender el personaje fue bastante popular en los años noventa, cuando se produjo el filme.
Ahora, gracias al dvd, por unos cuantos soles podemos ver tranquilamente una película porno en nuestra casa, y si se tiene pantalla ancha, home theatre y surround para apreciar en forma envolvente los gemidos, tanto mejor. Existen muchas tiendas especializadas en la venta de dvd’s porno, así que el negocio anda muy bien, contando con oferta de filmes no solo para heterosexuales, sino también dirigido a segmentos especializados del público (lo que en marketing denominan “nichos de mercado”), así tenemos porno para homosexuales, lesbianas, she-male, pederastas, sado-masoquistas, onanistas, zoofílicos, fetichistas y quizás hasta para necrófilos; y, en las pocas salas de cine que todavía lo proyectan ahora entran mujeres, acompañadas de su pareja o en grupo, no siendo más un coto exclusivo del hombre. La emoción de lo prohibido de antaño ha cedido el paso a la cotidianeidad insípida del ahora.
El porno se ha institucionalizado, se ha asimilado al sistema, se ha “democratizado”. En esta época el sexo ya no es un tabú, y el porno ya no es un artículo prohibido que uno miraba a hurtadillas de los padres o los maestros, como aquella revista que entre fascinados y con angustia por ser descubiertos veíamos unos adolescentes treinta años atrás. Ahora es tan común y tan fácil de conseguir para un joven como comprar un paquete de cigarrillos o una botella de ron, y creo que por eso el porno ya perdió su encanto.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
jueves, marzo 13, 2008
lunes, marzo 10, 2008
PETRÓLEO SANGRIENTO
Petróleo sangriento es una película difícil de seguir para el gran público, de allí su escasa aceptación pese al merecido Oscar a Daniel Day-Lewis. No estamos ante una elegía al pioner conquistador del oeste ni tampoco ante un melodrama-río que emocione a las plateas. Petróleo sangriento (o Pozos de ambición, su otro título en español) no es concesiva, sino exige seguirla con mucha atención. La idea de descenso es recurrente a lo largo del filme. Desde la primera escena, cuando vemos a Daniel Plainview cavar en una mina hasta las perforaciones de los pozos de petróleo que lo convertirán en millonario. Pero, ese descenso es también símbolo de la degradación del personaje, de solitario y hosco a la misantropía y desprecio por el género humano. No le interesan las relaciones con los demás. No hay una compañera al lado y el pequeño que adopta huye de su lado de adulto. Daniel Plainview es un lobo solitario completo.
Petróleo sangriento también tiene un aliento religioso que recorre toda la película, desde la escena inicial en que Paul vende “por un plato de lentejas” la revelación del rico yacimiento de petróleo en la granja de sus padres hasta el fanatismo religioso de su hermano Eli, deseoso de convertirse en predicador de prestigio, vanidoso y sectario. Eli y Daniel son personajes contrapuestos, pero que se complementan. Ambos tienen obsesiones fijas: uno ser un gran predicador, el otro enriquecerse. Y ambos logran sus sueños. Precisamente la escena en que enloda y lo unta de petróleo Daniel a Eli hace alusión al “del barro eres”, con lo que lo coloca a su mismo nivel. Lo desprecia al saber el espectáculo que monta para captar feligreses. Igual sucede con la escena en que lo mata, es la muerte de Abel por Caín o el sacrificio del cordero que debe redimir a los pecadores (precisamente Daniel alude a la sangre del cordero, más en consonancia con el título original del filme). Ese substrato religioso impregna la película de principio a fin.
El sonido merece renglón aparte. Los ruidos disonantes o la misma música están fundidos con las imágenes, aludiendo a la personalidad desequilibrada de Daniel, a la locura implícita del personaje, a lo que contribuye la notable performance del actor, en un estilo expresionista, barroco, exagerado adrede, en sintonía con las características de un rol memorable.
Metáfora del capitalismo voraz y depredador, Petróleo sangriento es una muy buena película, difícil de seguir para el gran público, pero disfrutable para quien le encuentre el sentido.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Petróleo sangriento también tiene un aliento religioso que recorre toda la película, desde la escena inicial en que Paul vende “por un plato de lentejas” la revelación del rico yacimiento de petróleo en la granja de sus padres hasta el fanatismo religioso de su hermano Eli, deseoso de convertirse en predicador de prestigio, vanidoso y sectario. Eli y Daniel son personajes contrapuestos, pero que se complementan. Ambos tienen obsesiones fijas: uno ser un gran predicador, el otro enriquecerse. Y ambos logran sus sueños. Precisamente la escena en que enloda y lo unta de petróleo Daniel a Eli hace alusión al “del barro eres”, con lo que lo coloca a su mismo nivel. Lo desprecia al saber el espectáculo que monta para captar feligreses. Igual sucede con la escena en que lo mata, es la muerte de Abel por Caín o el sacrificio del cordero que debe redimir a los pecadores (precisamente Daniel alude a la sangre del cordero, más en consonancia con el título original del filme). Ese substrato religioso impregna la película de principio a fin.
El sonido merece renglón aparte. Los ruidos disonantes o la misma música están fundidos con las imágenes, aludiendo a la personalidad desequilibrada de Daniel, a la locura implícita del personaje, a lo que contribuye la notable performance del actor, en un estilo expresionista, barroco, exagerado adrede, en sintonía con las características de un rol memorable.
Metáfora del capitalismo voraz y depredador, Petróleo sangriento es una muy buena película, difícil de seguir para el gran público, pero disfrutable para quien le encuentre el sentido.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
PETRÓLEO SANGRIENTO [THERE WILL BE BLOOD]
Dir. y guión: Paul Thomas Anderson, basado en la adaptación libre de la novela "Petróleo" de Upton Sinclair
c/ Daniel Day-Lewis (Daniel Plainview), Paul Dano (Paul Sunday/Eli Sunday), Kevin J. O'Connor (Henry), Ciarán Hinds (Fletcher), Dillon Freasier (H.W.)
EEUU/2007/Drama***/Estrenos
Dir. y guión: Paul Thomas Anderson, basado en la adaptación libre de la novela "Petróleo" de Upton Sinclair
c/ Daniel Day-Lewis (Daniel Plainview), Paul Dano (Paul Sunday/Eli Sunday), Kevin J. O'Connor (Henry), Ciarán Hinds (Fletcher), Dillon Freasier (H.W.)
EEUU/2007/Drama***/Estrenos
jueves, marzo 06, 2008
LA VIDA PRIVADA DE ELIZABETH Y ESSEX
Historia de la conflictiva relación entre la reina Elizabeth y su amante el duque de Essex. Si bien la película se siente a veces un poco acartonada, se salva por la notable actuación de Bette Davis como la reina, con ese toque propio de la gran diva: arrebatada, irascible, sanguínea, pero recordando siempre que antes que mujer es una reina, dejando así un recuerdo perdurable del personaje. Solo por ella merece verse la película.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
LA VIDA PRIVADA DE ELIZABETH Y ESSEX [The Private Lives of Elizabeth and Essex]
Dir: Michael Curtiz
c/ Bette Davis (Reina Elizabeth), Errol Flynn (Essex), Olivia de Havilland (Penélope)
EEUU/1939/Drama histórico***/Películas del ayer
Dir: Michael Curtiz
c/ Bette Davis (Reina Elizabeth), Errol Flynn (Essex), Olivia de Havilland (Penélope)
EEUU/1939/Drama histórico***/Películas del ayer
lunes, marzo 03, 2008
SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES
Pocas películas premiadas con justeza como No country for old men (el título original es más apropiado a lo que quiere trasmitir el filme); pero, también da la impresión que los Coen han llegado a su máximo cenit. El filme es bueno, y lo salva de la mediocridad de otras películas similares, el buen argumento y la magnífica actuación de Tommy Lee Jones y sobretodo de Javier Bardem (merecidísimo el premio en la noche del Oscar) como el asesino que deja una estela de muertes en su camino.
Estamos ante la película de perseguidor-perseguido, con un tercero en discordia, el Sheriff interpretado por Tommy Lee Jones, en medio de una batalla entre bandas de narcotraficantes. Si bien es un thriller, la película toma elementos de los filmes del oeste: los paisajes desérticos como escenario natural de la trama –que representan esa lucha dura y áspera por la superviviencia-, la persecución del “malo” al “bueno” y las peripecias que debe hacer el segundo para librarse de su captor. Los personajes más parecen vaqueros por la indumentaria y el uso de revólveres y escopetas, el seguimiento del rastro de sangre del oponente como hacen los indios, y la ausencia casi total de un estado de derecho (salva la tenue presencia del Sheriff) y su reemplazo por la ley del más fuerte. La acción de la trama se desarrolla entre los personajes de Bardem y Josh Brolin, son pura acción, vemos como el segundo debe usar su ingenio y astucia para continuar vivo; mientras que el personaje de Tommy Lee Jones encarna la parte reflexiva de lo que está ocurriendo, de cuándo se generó esta espiral de violencia que parece imparable y la impotencia que siente para detenerla. Efectivamente, el personaje de Bardem es más un símbolo que un personaje de carne y hueso -un asesino profesional jamás dejaría la estela de muertos que deja él-; encarnando a la violencia misma desatada en todo su furor que incluso va contra sus propios contratantes en efecto boomerang, o si se quiere ser más poético simboliza a la muerte o al ángel exterminador que viene a hacer justicia con la guadaña cortando cabezas, convirtiendo al país o terruño en un lugar no apto para los viejos o los débiles, destinados a la muerte. Precisamente el sueño final que tiene el personaje de Tommy Lee Jones, donde el padre –ya muerto- va mostrando al hijo el camino con una luz, es el camino al mundo de los muertos que –según leyendas- nuestros muertos más cercanos van preparando a los vivos cuando llega la hora de partir.
Existe una dimensión metafísica del mal y del sentido de infinito, reflexión sombría que proviene del Sheriff Bell, comenzando por lo narrada en off al inicio del filme, teniendo como trasfondo el desolado desierto. El clima de escepticismo es el del hombre contemporáneo. Cuando, en una escena, el Sheriff refiere que creyó que Dios se le iba a manifestar de viejo y no apareció, alude a la soledad y vacío del hombre actual, carente de divinidades: no hay dioses que nos acojan en su regazo. Estamos solos en el universo infinito.
Igual sucede con el juego de la moneda que practica Chigurh con sus víctimas. Quizás al final todo se reduzca al azar de esa moneda. La única lógica y explicación en medio del caos, así como la moneda, Chigurh llega a “hacer justicia” –a su manera- entre los hombres; aunque la esposa de Moss lo contradiga al final: la moneda no tiene nada que ver, nosotros hacemos la elección.
El final cortado abruptamente con el sueño del Sheriff Bell –ya retirado- no es casual, si se condice con lo que la película ha estado trasmitiendo en las dos horas: la violencia desmesurada que existe en Norteamérica solo genera muerte, terror y desolación, abriendo y cerrando el filme con las reflexiones del Sheriff; no siendo coincidencia por ello que la película se ambiente en Texas, el estado más violento y con una alta tasa de ejecuciones y uso indiscriminado de armas de fuego por cualquier persona. Por ello, también el “bueno” al final cae sucumbido por las balas, muy posiblemente también su esposa, mientras que Bardem sigue vivo pese al grave accidente que sufre al final.
Película trágica y pesimista, No country for old men ofrece una visión descarnada de la violencia en la Norteamérica actual y del mal como telón de fondo permanente, filmada con solvencia y mucho rigor.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Estamos ante la película de perseguidor-perseguido, con un tercero en discordia, el Sheriff interpretado por Tommy Lee Jones, en medio de una batalla entre bandas de narcotraficantes. Si bien es un thriller, la película toma elementos de los filmes del oeste: los paisajes desérticos como escenario natural de la trama –que representan esa lucha dura y áspera por la superviviencia-, la persecución del “malo” al “bueno” y las peripecias que debe hacer el segundo para librarse de su captor. Los personajes más parecen vaqueros por la indumentaria y el uso de revólveres y escopetas, el seguimiento del rastro de sangre del oponente como hacen los indios, y la ausencia casi total de un estado de derecho (salva la tenue presencia del Sheriff) y su reemplazo por la ley del más fuerte. La acción de la trama se desarrolla entre los personajes de Bardem y Josh Brolin, son pura acción, vemos como el segundo debe usar su ingenio y astucia para continuar vivo; mientras que el personaje de Tommy Lee Jones encarna la parte reflexiva de lo que está ocurriendo, de cuándo se generó esta espiral de violencia que parece imparable y la impotencia que siente para detenerla. Efectivamente, el personaje de Bardem es más un símbolo que un personaje de carne y hueso -un asesino profesional jamás dejaría la estela de muertos que deja él-; encarnando a la violencia misma desatada en todo su furor que incluso va contra sus propios contratantes en efecto boomerang, o si se quiere ser más poético simboliza a la muerte o al ángel exterminador que viene a hacer justicia con la guadaña cortando cabezas, convirtiendo al país o terruño en un lugar no apto para los viejos o los débiles, destinados a la muerte. Precisamente el sueño final que tiene el personaje de Tommy Lee Jones, donde el padre –ya muerto- va mostrando al hijo el camino con una luz, es el camino al mundo de los muertos que –según leyendas- nuestros muertos más cercanos van preparando a los vivos cuando llega la hora de partir.
Existe una dimensión metafísica del mal y del sentido de infinito, reflexión sombría que proviene del Sheriff Bell, comenzando por lo narrada en off al inicio del filme, teniendo como trasfondo el desolado desierto. El clima de escepticismo es el del hombre contemporáneo. Cuando, en una escena, el Sheriff refiere que creyó que Dios se le iba a manifestar de viejo y no apareció, alude a la soledad y vacío del hombre actual, carente de divinidades: no hay dioses que nos acojan en su regazo. Estamos solos en el universo infinito.
Igual sucede con el juego de la moneda que practica Chigurh con sus víctimas. Quizás al final todo se reduzca al azar de esa moneda. La única lógica y explicación en medio del caos, así como la moneda, Chigurh llega a “hacer justicia” –a su manera- entre los hombres; aunque la esposa de Moss lo contradiga al final: la moneda no tiene nada que ver, nosotros hacemos la elección.
El final cortado abruptamente con el sueño del Sheriff Bell –ya retirado- no es casual, si se condice con lo que la película ha estado trasmitiendo en las dos horas: la violencia desmesurada que existe en Norteamérica solo genera muerte, terror y desolación, abriendo y cerrando el filme con las reflexiones del Sheriff; no siendo coincidencia por ello que la película se ambiente en Texas, el estado más violento y con una alta tasa de ejecuciones y uso indiscriminado de armas de fuego por cualquier persona. Por ello, también el “bueno” al final cae sucumbido por las balas, muy posiblemente también su esposa, mientras que Bardem sigue vivo pese al grave accidente que sufre al final.
Película trágica y pesimista, No country for old men ofrece una visión descarnada de la violencia en la Norteamérica actual y del mal como telón de fondo permanente, filmada con solvencia y mucho rigor.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES [No country for old men]
Dir: Ethan Coen y Joel Coen
Guión: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela homónima de Cormac McCarthy
c/ Tommy Lee Jones (Sheriff Ed Bell), Javier Bardem (Anton Chigurh), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Woody Harrelson (Carson Wells), Garrett Dillahunt (agente Wendell), Kelly Macdonald (Carla Jean Moss), Tess Harper (Loretta Bell)
EEUU/2007/Thriller***/Estrenos
Dir: Ethan Coen y Joel Coen
Guión: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela homónima de Cormac McCarthy
c/ Tommy Lee Jones (Sheriff Ed Bell), Javier Bardem (Anton Chigurh), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Woody Harrelson (Carson Wells), Garrett Dillahunt (agente Wendell), Kelly Macdonald (Carla Jean Moss), Tess Harper (Loretta Bell)
EEUU/2007/Thriller***/Estrenos
lunes, febrero 25, 2008
MAÑANA TE CUENTO 2
Siempre las segundas partes o continuaciones son difíciles de satisfacer, debido a que existe la recurrente comparación con la primigenia versión. Es lo que pasó con Shrek, por ejemplo, y es lo que pasa con la segunda parte de Mañana te cuento.
La primera entrega tenía la frescura de la novedad. Historia de iniciación sexual de un grupo de adolescentes (filme de “teenagers”), sin mucha pretensión, se encontraba inscrita en la vertiente de películas tipo Porky; sin embargo, la segunda entrega tiene fallas serias. Da la impresión que ha existido un apresuramiento, un guión poco trabajado, con un tratamiento indefinido entre la comedia y el drama. El filme comienza bien, estamos ante el grupo de amigos, algunos años después, con una juerga maldita, donde uno de ellos para “ligar” chicas se hace pasar por futbolista extranjero, otro le ha dado por la devoción religiosa, mientras que Manuel es un columnista en un periódico local. Ese comienzo estaba bien, estamos ante otra aventura del grupo de amigos; pero cuando interviene el personaje de Melania Urbina con el robo al novio (un malo malísimo Giovanni Ciccia) cambia la óptica del filme, pasando a un drama de persecuciones y secuestros con unos villanos dignos de las peores películas mexicanas. Si por lo menos hubiera estado en el tono del pastiche y la burla medio que pasaba, pero tal como está el tratamiento, llenando escenas para tener el metraje necesario, con un final precipitado y actuaciones bastante irregulares, deja mucho que desear. Ojalá que la tercera parte (ya prometida gracias al socio inversionista norteamericano) sea para mejor y no como sucedió con esta pobre continuación.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
La primera entrega tenía la frescura de la novedad. Historia de iniciación sexual de un grupo de adolescentes (filme de “teenagers”), sin mucha pretensión, se encontraba inscrita en la vertiente de películas tipo Porky; sin embargo, la segunda entrega tiene fallas serias. Da la impresión que ha existido un apresuramiento, un guión poco trabajado, con un tratamiento indefinido entre la comedia y el drama. El filme comienza bien, estamos ante el grupo de amigos, algunos años después, con una juerga maldita, donde uno de ellos para “ligar” chicas se hace pasar por futbolista extranjero, otro le ha dado por la devoción religiosa, mientras que Manuel es un columnista en un periódico local. Ese comienzo estaba bien, estamos ante otra aventura del grupo de amigos; pero cuando interviene el personaje de Melania Urbina con el robo al novio (un malo malísimo Giovanni Ciccia) cambia la óptica del filme, pasando a un drama de persecuciones y secuestros con unos villanos dignos de las peores películas mexicanas. Si por lo menos hubiera estado en el tono del pastiche y la burla medio que pasaba, pero tal como está el tratamiento, llenando escenas para tener el metraje necesario, con un final precipitado y actuaciones bastante irregulares, deja mucho que desear. Ojalá que la tercera parte (ya prometida gracias al socio inversionista norteamericano) sea para mejor y no como sucedió con esta pobre continuación.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
MAÑANA TE CUENTO 2
Dir. y guión: Eduardo Mendoza
c/ Melania Urbina (Bibiana), Bruno Ascenzo (Manuel),Giovanni Ciccia (Alfredo),
Vanesa Jeri (Lorena), Magdiel Ugaz (Secuestradora)
Perú/2007/Comedia**/Estrenos
Dir. y guión: Eduardo Mendoza
c/ Melania Urbina (Bibiana), Bruno Ascenzo (Manuel),Giovanni Ciccia (Alfredo),
Vanesa Jeri (Lorena), Magdiel Ugaz (Secuestradora)
Perú/2007/Comedia**/Estrenos
jueves, febrero 21, 2008
SICKO
Norteamérica es la tierra de los grandes contrastes: junto a la libertad y riqueza se puede encontrar miseria y desesperanza; junto a la democracia como forma política por excelencia, los grupos de poder económico en alianza con el poder político.
El último documental de Michael Moore trata sobre el sistema de salud en los Estados Unidos. Para ello usa el impacto emocional de la noticia con casos puntuales de personas que han sufrido la burla de las compañías aseguradoras, levantando un espectáculo de los hechos documentados. Lo que en otros documentalistas es una distante y fría apreciación de los hechos, en Moore se convierte en noticia sensacionalista, utilizando mecanismos similares a los de la prensa amarilla y el talk show. Apunta más a los sentidos que a la razón, ya que sabe que de esa manera va a impactar más fácilmente. Igualmente vemos su estilo en la presencia frente a cámaras del realizador, con un narcisismo muy marcado, el tomar posición por una parte, el burlarse del antagonista, el trabajo previo de los diálogos (ante cámaras no hay improvisación sino denota que todo está ensayado previamente).
Para precisar, estamos acercándonos al estilo de Moore, que es una constante en todos sus documentales vistos, muy al margen de que simpaticemos o no con su punto de vista o la forma en que presenta los hechos. Evidentemente que al tratar sobre cómo no son atendidos muchos norteamericanos en su sistema de salud, ciudadanos comunes y corrientes como nosotros, llama a la solidaridad y al escándalo.
La primera parte se dedica a mostrar los casos puntuales, con una breve historia contada por el mismo paciente del via crucis que ha padecido o testimoniado por su cónyuge, de haber fallecido aquel. En la segunda parte realiza un análisis comparativo con otros sistemas de Occidente como Canadá, Gran Bretaña y Francia, donde en todos los sistemas la salud es gratuita y de acceso universal. La tercera parte es el regreso a los Estados Unidos y el caso de los bomberos que arriesgaron su vida en el 11-S y que producto de su arrojo y coraje sufren enfermedades crónicas, habiendo sido abandonados por el sistema de salud norteamericano. Asimismo, se presentan casos de abandono de pacientes que son arrojados de los hospitales por carecer de recursos económicos para atenderse (literalmente son arrojados del nosocomio o “se les deja ir”), lo cual ya linda con la barbarie y salvajada, que sería hasta raro de encontrar en un país llamado sub desarrollado. Resultados estadísticos: en poco más de treinta años de privatización del sistema de salud pública norteamericano, la tasa de salud en EEUU ha bajado a niveles alarmantes, casi compartiendo puestos con países del Tecer Mundo.
Pero, es la cuarta parte la que más polémica ha causado. Con el grupo de bomberos que no fueron atendidos por el servicio de salud se van a Cuba, donde recibirán atención gratuita para sus males (y de paso propaganda gratuita para el régimen cubano). Es la parte medular del filme, cuando se produce el punto álgido con que remata su documental.
Sicko es mejor que Fahrenheit 9/11, donde se quedaba en la mera especulación y la burla y no aportaba pruebas de la relación entre el presidente George Bush Jr. y Osama Bin-Laden. En cambio, en Sicko la parte probatoria está mejor resaltada y es más clara la exposición. El mensaje queda corroborado: es injusto e inhumano el actual sistema de salud norteamericano, lucrando las compañías de seguro con el paciente y negándose después a realizar las prestaciones a que están obligadas, muchas veces con la ayuda de médicos pagados por ellas mismas. Para eso, las declaraciones testimoniales de funcionarios y médicos que trabajaron dentro del sistema son evidentes.
Esperemos que llegue algún día vía la cartelera comercial a esta parte del mundo, aunque lo dudo, ya que la distribución fue boicoteada en su propio país (por lo del segmento en que los bomberos norteamericanos se van a Cuba a atenderse). Es otra de las constantes de Norteamérica: el que convivan tendencias contradictorias dentro del sistema, sin que una expulse a la otra, los lobies empresariales y la libertad de crítica de un documentalista.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
El último documental de Michael Moore trata sobre el sistema de salud en los Estados Unidos. Para ello usa el impacto emocional de la noticia con casos puntuales de personas que han sufrido la burla de las compañías aseguradoras, levantando un espectáculo de los hechos documentados. Lo que en otros documentalistas es una distante y fría apreciación de los hechos, en Moore se convierte en noticia sensacionalista, utilizando mecanismos similares a los de la prensa amarilla y el talk show. Apunta más a los sentidos que a la razón, ya que sabe que de esa manera va a impactar más fácilmente. Igualmente vemos su estilo en la presencia frente a cámaras del realizador, con un narcisismo muy marcado, el tomar posición por una parte, el burlarse del antagonista, el trabajo previo de los diálogos (ante cámaras no hay improvisación sino denota que todo está ensayado previamente).
Para precisar, estamos acercándonos al estilo de Moore, que es una constante en todos sus documentales vistos, muy al margen de que simpaticemos o no con su punto de vista o la forma en que presenta los hechos. Evidentemente que al tratar sobre cómo no son atendidos muchos norteamericanos en su sistema de salud, ciudadanos comunes y corrientes como nosotros, llama a la solidaridad y al escándalo.
La primera parte se dedica a mostrar los casos puntuales, con una breve historia contada por el mismo paciente del via crucis que ha padecido o testimoniado por su cónyuge, de haber fallecido aquel. En la segunda parte realiza un análisis comparativo con otros sistemas de Occidente como Canadá, Gran Bretaña y Francia, donde en todos los sistemas la salud es gratuita y de acceso universal. La tercera parte es el regreso a los Estados Unidos y el caso de los bomberos que arriesgaron su vida en el 11-S y que producto de su arrojo y coraje sufren enfermedades crónicas, habiendo sido abandonados por el sistema de salud norteamericano. Asimismo, se presentan casos de abandono de pacientes que son arrojados de los hospitales por carecer de recursos económicos para atenderse (literalmente son arrojados del nosocomio o “se les deja ir”), lo cual ya linda con la barbarie y salvajada, que sería hasta raro de encontrar en un país llamado sub desarrollado. Resultados estadísticos: en poco más de treinta años de privatización del sistema de salud pública norteamericano, la tasa de salud en EEUU ha bajado a niveles alarmantes, casi compartiendo puestos con países del Tecer Mundo.
Pero, es la cuarta parte la que más polémica ha causado. Con el grupo de bomberos que no fueron atendidos por el servicio de salud se van a Cuba, donde recibirán atención gratuita para sus males (y de paso propaganda gratuita para el régimen cubano). Es la parte medular del filme, cuando se produce el punto álgido con que remata su documental.
Sicko es mejor que Fahrenheit 9/11, donde se quedaba en la mera especulación y la burla y no aportaba pruebas de la relación entre el presidente George Bush Jr. y Osama Bin-Laden. En cambio, en Sicko la parte probatoria está mejor resaltada y es más clara la exposición. El mensaje queda corroborado: es injusto e inhumano el actual sistema de salud norteamericano, lucrando las compañías de seguro con el paciente y negándose después a realizar las prestaciones a que están obligadas, muchas veces con la ayuda de médicos pagados por ellas mismas. Para eso, las declaraciones testimoniales de funcionarios y médicos que trabajaron dentro del sistema son evidentes.
Esperemos que llegue algún día vía la cartelera comercial a esta parte del mundo, aunque lo dudo, ya que la distribución fue boicoteada en su propio país (por lo del segmento en que los bomberos norteamericanos se van a Cuba a atenderse). Es otra de las constantes de Norteamérica: el que convivan tendencias contradictorias dentro del sistema, sin que una expulse a la otra, los lobies empresariales y la libertad de crítica de un documentalista.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
SICKO
Dir y guión: Michael Moore
EEUU/2007/Documental***/Dvd/Las que nunca se estrenaron
Dir y guión: Michael Moore
EEUU/2007/Documental***/Dvd/Las que nunca se estrenaron
lunes, febrero 18, 2008
MICHAEL CLAYTON
Los thrillers de procesos judiciales (“trials movie”) tienen la característica de tocar un tema social materia del juicio, casi siempre referido a una trasnacional (antaño era el poder político y la CIA) que utiliza todo el poder fáctico que posee (influencias políticas y judiciales) para ganar el proceso, sin importar las reglas éticas o procesales. En el otro lado se encuentran los perjudicados, ciudadanos de a pie, sin ningún poder que los apoye, representados por un joven abogado, soñador e idealista que con la sola fe de su convicción, cual Quijote, se lanza contra el aparato de la malévola trasnacional, venciéndola. Al final, el juez decreta una fuerte indemnización contra las víctimas y la sanción penal en caso de evidencia de cometimiento de delito contra los directivos de la pérfida empresa.
Por eso gustan mucho los thrillers de procesos judiciales. Es una satisfacción que siente el público común, al identificarse con los débiles, de vencer a un poderoso con las solas armas de la razón y de la convicción en los valores.
Estos thirllers tienen dos partes muy marcadas: la primera, los preparativos del juicio, la búsqueda de testigos, el conseguir pruebas, contar con la valiosa participación de algún perito, donde muchas veces para mantener en vilo al espectador, casi al final del proceso aparece el testigo clave o la prueba que inculpa a la trasnacional. La segunda parte es el juicio mismo, con jurado y juez, a veces con la variante de haberse “vendido” el magistrado o algún testigo a la trasnacional. Acá se luce el joven abogado, sufre las zancadillas de los abogados de la empresa y se “compra” al jurado con un emotivo alegato final. Luego viene el fallo del juez y el júbilo en la sala.
Más o menos ese es el esquema de los thrillers de procesos judiciales. Tony Gilroy que realiza su debut como director con Michael Clayton (amplio guionista que cuenta en su haber con la trilogía de Bourne) lo hace saliendo de las pautas tradicionales de este tipo de filmes para encaminarnos hacia los conflictos internos en la gran empresa.
Efectivamente, Michael Clayton rompe con los esquemas y personajes propios de este tipo de filmes para tocar más bien la figura del anti-héroe que siente la necesidad de reivindicarse con los demás, “lavar sus culpas”. El personaje central no es ningún idealista, sino un abogado de un gran estudio jurídico en Nueva York, desilusionado de su trabajo, que casi siempre consiste en arreglar los problemas legales inmediatos de los clientes del estudio, sin demasiados subterfugios, rápidamente y contando con los contactos en comisarías y juzgados que dejen bien librado al cliente. Es el “trabajo sucio” que los abogados socios no lo hacen (Clayton es un empleado eufemísticamente llamado “consejero principal”). Es sintomático del estado emocional en que se encuentra el personaje que se niega a realizar la componenda necesaria o el “arreglo” para que el cliente del inicio del filme salga bien librado del atropello cometido con su automóvil. En contraposición, su amigo y colega Arthur Edens es un notable abogado, socio del bufete, capaz de “darle la vuelta” a un caso judicial y que debe defender a una trasnacional dedicada a la agroquímica, habiéndose detectado que sus productos generan cáncer entre los consumidores, pequeños granjeros que lo usan para el cultivo de sus tierras. La situación se trastoca cuando el abogado que debe defender a la empresa en el juicio sufre una crisis de conciencia al enterarse de los malos manejos de la empresa para ocultar esa información y decide patrocinar a los perjudicados. Como están en juego muchos miles de millones en indemnizaciones, la multinacional opta por eliminar al abogado Edens y a su amigo Clayton que descubre el razonamiento que llevó al primero a comprobar que la trasnacional estaba en falta.
Lo interesante en este thriller es que todo se produce en el campo del “monstruo”, en la vertiente del filme de denuncia del poder fáctico de las grandes empresas (como antaño, en los años setenta, fue el poder político corrompido del gobierno norteamericano). Ver lo que sucede “dentro del poder”. Los entretelones generalmente oscuros que no salen a luz pública. A contrapelo de los thrillers judiciales que más enfocan al abogado defensor y a los perjudicados y el marco escénico es el tribunal; en Michael Clayton todo se desarrolla en las filas de la trasnacional. Las contradicciones entre los distintos personajes es por la deserción de Edens tras el descubrimiento que ha hecho y sus crisis maníaco-depresivas, donde Clayton busca reconciliarse consigo mismo mediante alguna “buena acción”, tendiendo una trampa a los asesinos de su amigo, y produciéndose el consabido “happy end” con el arresto de los “malos”.
Con Michael Clayton, Tony Gilroy inicia con buen pie su labor como realizador. No es una gran película, ni mucho menos, pero cumple y cumple bien, gracias al sólido guión –que se nota no se ha despegado ni un milímetro del mismo- y a la magnífica actuación de George Clooney que sin decirlo en palabras –lo que hacen los verdaderos actores de talento-, refleja ese sentirse mal del personaje, ese andar errante en un mundo del cual está hastiado y de buscar una razón para su vida al llegar a la medianía de edad.
Todavía Gilroy se mueve en el campo de lo convencional (el “final feliz”), aunque con una propuesta interesante. Esperaremos su siguiente trabajo como director para saber como evoluciona.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Por eso gustan mucho los thrillers de procesos judiciales. Es una satisfacción que siente el público común, al identificarse con los débiles, de vencer a un poderoso con las solas armas de la razón y de la convicción en los valores.
Estos thirllers tienen dos partes muy marcadas: la primera, los preparativos del juicio, la búsqueda de testigos, el conseguir pruebas, contar con la valiosa participación de algún perito, donde muchas veces para mantener en vilo al espectador, casi al final del proceso aparece el testigo clave o la prueba que inculpa a la trasnacional. La segunda parte es el juicio mismo, con jurado y juez, a veces con la variante de haberse “vendido” el magistrado o algún testigo a la trasnacional. Acá se luce el joven abogado, sufre las zancadillas de los abogados de la empresa y se “compra” al jurado con un emotivo alegato final. Luego viene el fallo del juez y el júbilo en la sala.
Más o menos ese es el esquema de los thrillers de procesos judiciales. Tony Gilroy que realiza su debut como director con Michael Clayton (amplio guionista que cuenta en su haber con la trilogía de Bourne) lo hace saliendo de las pautas tradicionales de este tipo de filmes para encaminarnos hacia los conflictos internos en la gran empresa.
Efectivamente, Michael Clayton rompe con los esquemas y personajes propios de este tipo de filmes para tocar más bien la figura del anti-héroe que siente la necesidad de reivindicarse con los demás, “lavar sus culpas”. El personaje central no es ningún idealista, sino un abogado de un gran estudio jurídico en Nueva York, desilusionado de su trabajo, que casi siempre consiste en arreglar los problemas legales inmediatos de los clientes del estudio, sin demasiados subterfugios, rápidamente y contando con los contactos en comisarías y juzgados que dejen bien librado al cliente. Es el “trabajo sucio” que los abogados socios no lo hacen (Clayton es un empleado eufemísticamente llamado “consejero principal”). Es sintomático del estado emocional en que se encuentra el personaje que se niega a realizar la componenda necesaria o el “arreglo” para que el cliente del inicio del filme salga bien librado del atropello cometido con su automóvil. En contraposición, su amigo y colega Arthur Edens es un notable abogado, socio del bufete, capaz de “darle la vuelta” a un caso judicial y que debe defender a una trasnacional dedicada a la agroquímica, habiéndose detectado que sus productos generan cáncer entre los consumidores, pequeños granjeros que lo usan para el cultivo de sus tierras. La situación se trastoca cuando el abogado que debe defender a la empresa en el juicio sufre una crisis de conciencia al enterarse de los malos manejos de la empresa para ocultar esa información y decide patrocinar a los perjudicados. Como están en juego muchos miles de millones en indemnizaciones, la multinacional opta por eliminar al abogado Edens y a su amigo Clayton que descubre el razonamiento que llevó al primero a comprobar que la trasnacional estaba en falta.
Lo interesante en este thriller es que todo se produce en el campo del “monstruo”, en la vertiente del filme de denuncia del poder fáctico de las grandes empresas (como antaño, en los años setenta, fue el poder político corrompido del gobierno norteamericano). Ver lo que sucede “dentro del poder”. Los entretelones generalmente oscuros que no salen a luz pública. A contrapelo de los thrillers judiciales que más enfocan al abogado defensor y a los perjudicados y el marco escénico es el tribunal; en Michael Clayton todo se desarrolla en las filas de la trasnacional. Las contradicciones entre los distintos personajes es por la deserción de Edens tras el descubrimiento que ha hecho y sus crisis maníaco-depresivas, donde Clayton busca reconciliarse consigo mismo mediante alguna “buena acción”, tendiendo una trampa a los asesinos de su amigo, y produciéndose el consabido “happy end” con el arresto de los “malos”.
Con Michael Clayton, Tony Gilroy inicia con buen pie su labor como realizador. No es una gran película, ni mucho menos, pero cumple y cumple bien, gracias al sólido guión –que se nota no se ha despegado ni un milímetro del mismo- y a la magnífica actuación de George Clooney que sin decirlo en palabras –lo que hacen los verdaderos actores de talento-, refleja ese sentirse mal del personaje, ese andar errante en un mundo del cual está hastiado y de buscar una razón para su vida al llegar a la medianía de edad.
Todavía Gilroy se mueve en el campo de lo convencional (el “final feliz”), aunque con una propuesta interesante. Esperaremos su siguiente trabajo como director para saber como evoluciona.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
viernes, febrero 15, 2008
NEW YORK NEW YORK
Bella y nostálgica película de la época de las bigs bands
New York New York tiene el encanto de las películas de época, de las bigs bands y de la disipación a través del baile de un pueblo que sale de una larga guerra y quiere olvidar los momentos difíciles y de angustia pasados.
Precisamente comienza en 1945, con la rendición del Japón, abarcando un espacio temporal de doce años aproximadamente, contándonos la historia de Francine y Jimmy, desde que se conocen en la fiesta de celebración del fin de la guerra hasta el irremediable final que le dará un sabor nostálgico, de una época que se fue y no volverá y es mejor guardar en la memoria el recuerdo de lo bueno. Es sintomática la escena final con el fondo nostálgico, triste de la película. En la escena final, Francine, ya estrella consagrada, recibe el tributo de su público de origen: el de la ciudad de New York. JImmy (ya separado hace mucho tiempo de Francine) está entre el público y la invita a salir a cenar. Ella acepta, pero al momento de cruzar la puerta titubea y regresa a su camerino. Jimmy que la espera en la calle, comprende el mensaje y no le queda más que retirarse dignamente. Esa relación, como la época en que se ambienta, no da para más. La lucidez de Francine (la más centrada y madura en la relación) se da cuenta de ello.
Mención especial merece la actuación de Liza Minelli. Está excepcional. Quizás fue la cúspide de una breve carrera cinematográfica (truncada por el alcohol y las drogas) que comenzó su ascenso con Cabaret (1972) y llegó a su cenit con New York New York. Posteriormente haría una comedia romántica, Arturo el millonario seductor (1981), pero no llegó al mismo nivel.
Robert De Niro interpreta a un personaje que ya había perfilado en otros filmes de Socrsese como Calles peligrosas (1973) o Taxi driver (1976): el impulsivo, extremo y emocional hombre que muchas veces busca utopías y solo encuentra fracasos en la vida real. Ese tipo de roles encontraría su cúspide en el excepcional filme de Scorsese, El toro salvaje (1980).
“Todo en la vida tiene un precio” parece decirnos al oído New York New York, o “no hay lonche gratis”. El sueño de convertirse en gran actriz (personaje que interpreta Francine en una larga secuencia donde la acomodadora de un cine sueña en ser una gran estrella) tendrá como precio la ruina del hogar y dicha familiar. Es el costo que debió pagar Francine por su sueño.
Si bien Scorsese dijo que es un "film noir musical", New York New York es más que eso; y, es un placer verlo de nuevo luego de tantos años gracias al dvd. El disco trae la versión original de dos horas cuarenta minutos. Recordemos que la versión original al momento de su estreno fue amputada por los productores reduciéndola a una versión estándar que era más “comercial”. Vista ahora en toda su extensión se aprecia mucho mejor este canto bello y nostálgico de una época que se fue y que como la relación de Francine y Jimmy solo queda en el recuerdo y la nostalgia.
Musical hecho con inteligencia y sensibilidad, el dvd trae también bonus como el trailer (avance) original de la película o los comentarios del propio Scorsese en off. Ahora que se cumplen treinta años de su estreno merece verse. Es todo un placer.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
New York New York tiene el encanto de las películas de época, de las bigs bands y de la disipación a través del baile de un pueblo que sale de una larga guerra y quiere olvidar los momentos difíciles y de angustia pasados.
Precisamente comienza en 1945, con la rendición del Japón, abarcando un espacio temporal de doce años aproximadamente, contándonos la historia de Francine y Jimmy, desde que se conocen en la fiesta de celebración del fin de la guerra hasta el irremediable final que le dará un sabor nostálgico, de una época que se fue y no volverá y es mejor guardar en la memoria el recuerdo de lo bueno. Es sintomática la escena final con el fondo nostálgico, triste de la película. En la escena final, Francine, ya estrella consagrada, recibe el tributo de su público de origen: el de la ciudad de New York. JImmy (ya separado hace mucho tiempo de Francine) está entre el público y la invita a salir a cenar. Ella acepta, pero al momento de cruzar la puerta titubea y regresa a su camerino. Jimmy que la espera en la calle, comprende el mensaje y no le queda más que retirarse dignamente. Esa relación, como la época en que se ambienta, no da para más. La lucidez de Francine (la más centrada y madura en la relación) se da cuenta de ello.
Mención especial merece la actuación de Liza Minelli. Está excepcional. Quizás fue la cúspide de una breve carrera cinematográfica (truncada por el alcohol y las drogas) que comenzó su ascenso con Cabaret (1972) y llegó a su cenit con New York New York. Posteriormente haría una comedia romántica, Arturo el millonario seductor (1981), pero no llegó al mismo nivel.
Robert De Niro interpreta a un personaje que ya había perfilado en otros filmes de Socrsese como Calles peligrosas (1973) o Taxi driver (1976): el impulsivo, extremo y emocional hombre que muchas veces busca utopías y solo encuentra fracasos en la vida real. Ese tipo de roles encontraría su cúspide en el excepcional filme de Scorsese, El toro salvaje (1980).
“Todo en la vida tiene un precio” parece decirnos al oído New York New York, o “no hay lonche gratis”. El sueño de convertirse en gran actriz (personaje que interpreta Francine en una larga secuencia donde la acomodadora de un cine sueña en ser una gran estrella) tendrá como precio la ruina del hogar y dicha familiar. Es el costo que debió pagar Francine por su sueño.
Si bien Scorsese dijo que es un "film noir musical", New York New York es más que eso; y, es un placer verlo de nuevo luego de tantos años gracias al dvd. El disco trae la versión original de dos horas cuarenta minutos. Recordemos que la versión original al momento de su estreno fue amputada por los productores reduciéndola a una versión estándar que era más “comercial”. Vista ahora en toda su extensión se aprecia mucho mejor este canto bello y nostálgico de una época que se fue y que como la relación de Francine y Jimmy solo queda en el recuerdo y la nostalgia.
Musical hecho con inteligencia y sensibilidad, el dvd trae también bonus como el trailer (avance) original de la película o los comentarios del propio Scorsese en off. Ahora que se cumplen treinta años de su estreno merece verse. Es todo un placer.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
NEW YORK NEW YORK
Dir.: Martín Scorsese
c/ Liza Minnelli (Francine Evans), Robert De Niro (Jimmy Doyle)
EEUU/1977/Musical****/Dvd/Películas del ayer
Dir.: Martín Scorsese
c/ Liza Minnelli (Francine Evans), Robert De Niro (Jimmy Doyle)
EEUU/1977/Musical****/Dvd/Películas del ayer
lunes, febrero 11, 2008
AMERICAN GANGSTER
Las películas de gansters son populares porqué describen una zona del mal de la cual nos sentimos atraídos. Ver cómo un hombre común y corriente asciende a la cúspide del éxito (de una organización criminal en este caso) gracias a sus cualidades (habilidad, coraje, riesgo, etc.). Es el lado oscuro y sórdido “del sueño americano”, las oportunidades para todos aquellos que, estando fuera del sistema legal y muchas veces no amparados por este, se valen de sus propios méritos, incluyendo los delictuales para alcanzar el “éxito” entendido como poder, dinero y riquezas, o -como decía don Vito Corleone poéticamente- para ser “respetado”. Por supuesto, dentro de los filmes contemporáneos de gansters, el ejemplo por antonomasia y de aliento a tragedia griega es “El padrino”, más en sus dos primeras partes.
Precisamente el personaje de Frank Lucas tiene algo del Vito Corleone en el culto a ciertos valores tradicionales del modo de vida americano: la familia como eje fundamental de la vida, el ser leal y honrado en los negocios (cumple su palabra con sus proveedores y la droga que vende es de excelente calidad a diferencia de sus competidores), el tratar y pagar bien a sus subordinados, etc. Y también coincide en que el personaje no es un malo odiado pese al negocio a que se dedica (a diferencia del Tony Montana que encarnó Al Pacino en Scarface – Brian de Palma, 1983-). Los “malos” más bien vienen a ser los policías corruptos, vendidos al narcotráfico y partícipes del negocio mismo.
Pero también tiene algo de otra película de los setenta, “Sérpico” (Sidney Lumet, 1973), en el lado del policía honrado que no se ha “contaminado” del negocio de la droga y que deberá delatar a sus colegas corruptos. Añádanle a eso un toque de “Los intocables”, en el sentido que el detective Richie Roberts debe dirigir un grupo de elite policial en paralelo al cuerpo corrupto de donde proceden, que como Eliot Ness debe recopilar pruebas para incriminar a su presa; y, un toque de “Contacto en Francia” (William Friedkin, 1971), en los vericuetos de la droga en el Nueva York de los setenta y esa afiebrada y alocada vida de opulencia que produce entre los “dealers”, millonarios de la noche a la mañana.
Sin embargo, American Gangster no es una mera copia de las películas citadas (y de otras más) sino que cobra independencia gracias a la solvencia narrativa de Ridley Scott. Scott está en su elemento cuando se trata de sacar adelante un thriller de acción (“La caída del halcón negro” es uno de sus mejores trabajos en los últimos años) y elude la grandilocuencia del “gran espectáculo” como le sucedió en “Gladiador”. Como toda historia de gangsters que se precie, debe contar el ascenso y caída del personaje central, así que utilizando una estructura de historias paralelas de perseguidor y perseguido que se tocarán solo en la resolución final, vamos conociendo a ambos personajes: uno se convierte en millonario gracias a la droga, se compra trajes caros –pero no ostentosos como sus colegas-, se casa con miss Puerto Rico, saca a su familia de la pobreza y la muda a una mansión; el otro –sirviendo como contrapunto- apenas la va pasando con su sueldo de policía, es odiado por sus colegas por ser honesto –rechazó un millón de dólares-, pierde a su esposa y a su hijo y solo le queda el consuelo de las relaciones esporádicas. Esa “historia personal” de ambos personajes es lo que hace interesante y estimulante la película y la va “jalando” a la resolución, bastante previsible al tratarse de una “true history”, por lo que más importante es el cómo se cuente que lo contado. (El filme tiene una mecánica o lógica interna que hace predecible lo que vendrá después, donde tenemos hasta un “conflicto de marca” entre las propias organizaciones criminales, cuando la competencia se apropia del nombre “Blue magic” con el cual comercializa la droga Frank Lucas).
Si bien American Gangster no es el mejor trabajo de Scott (sus trabajos de juventud siguen siendo los mejores: Los duelistas, Alien y sobretodo Blade runner), deja satisfecho a quien asista a las más de dos horas y media de proyección, no cansando en absoluto el metraje, gracias a la trama, al ritmo que le impone el realizador, y a las sólidas actuaciones de Russell Crowe y Denzel Washington (el primero convertido en “actor fetiche” de Ridley Scott), compenetrándose ambos en la complejidad de sus papeles (la complejidad de ambos personajes tiene lados esquizofrénicos al dividir su vida laboral y su vida privada en dos mitades distintas: uno es un eficiente y honrado policía, mientras en su vida familiar naufraga; el otro es un frío traficante de drogas y un amoroso hijo y esposo). Por cierto, discrepamos de quienes sostienen que se ha idealizado mucho al personaje de Crowe, lo cierto es que el argumento imponía contrastes absolutos entre ambos, sino se caía en una ambigüedad que no era el caso para un filme de acción.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Precisamente el personaje de Frank Lucas tiene algo del Vito Corleone en el culto a ciertos valores tradicionales del modo de vida americano: la familia como eje fundamental de la vida, el ser leal y honrado en los negocios (cumple su palabra con sus proveedores y la droga que vende es de excelente calidad a diferencia de sus competidores), el tratar y pagar bien a sus subordinados, etc. Y también coincide en que el personaje no es un malo odiado pese al negocio a que se dedica (a diferencia del Tony Montana que encarnó Al Pacino en Scarface – Brian de Palma, 1983-). Los “malos” más bien vienen a ser los policías corruptos, vendidos al narcotráfico y partícipes del negocio mismo.
Pero también tiene algo de otra película de los setenta, “Sérpico” (Sidney Lumet, 1973), en el lado del policía honrado que no se ha “contaminado” del negocio de la droga y que deberá delatar a sus colegas corruptos. Añádanle a eso un toque de “Los intocables”, en el sentido que el detective Richie Roberts debe dirigir un grupo de elite policial en paralelo al cuerpo corrupto de donde proceden, que como Eliot Ness debe recopilar pruebas para incriminar a su presa; y, un toque de “Contacto en Francia” (William Friedkin, 1971), en los vericuetos de la droga en el Nueva York de los setenta y esa afiebrada y alocada vida de opulencia que produce entre los “dealers”, millonarios de la noche a la mañana.
Sin embargo, American Gangster no es una mera copia de las películas citadas (y de otras más) sino que cobra independencia gracias a la solvencia narrativa de Ridley Scott. Scott está en su elemento cuando se trata de sacar adelante un thriller de acción (“La caída del halcón negro” es uno de sus mejores trabajos en los últimos años) y elude la grandilocuencia del “gran espectáculo” como le sucedió en “Gladiador”. Como toda historia de gangsters que se precie, debe contar el ascenso y caída del personaje central, así que utilizando una estructura de historias paralelas de perseguidor y perseguido que se tocarán solo en la resolución final, vamos conociendo a ambos personajes: uno se convierte en millonario gracias a la droga, se compra trajes caros –pero no ostentosos como sus colegas-, se casa con miss Puerto Rico, saca a su familia de la pobreza y la muda a una mansión; el otro –sirviendo como contrapunto- apenas la va pasando con su sueldo de policía, es odiado por sus colegas por ser honesto –rechazó un millón de dólares-, pierde a su esposa y a su hijo y solo le queda el consuelo de las relaciones esporádicas. Esa “historia personal” de ambos personajes es lo que hace interesante y estimulante la película y la va “jalando” a la resolución, bastante previsible al tratarse de una “true history”, por lo que más importante es el cómo se cuente que lo contado. (El filme tiene una mecánica o lógica interna que hace predecible lo que vendrá después, donde tenemos hasta un “conflicto de marca” entre las propias organizaciones criminales, cuando la competencia se apropia del nombre “Blue magic” con el cual comercializa la droga Frank Lucas).
Si bien American Gangster no es el mejor trabajo de Scott (sus trabajos de juventud siguen siendo los mejores: Los duelistas, Alien y sobretodo Blade runner), deja satisfecho a quien asista a las más de dos horas y media de proyección, no cansando en absoluto el metraje, gracias a la trama, al ritmo que le impone el realizador, y a las sólidas actuaciones de Russell Crowe y Denzel Washington (el primero convertido en “actor fetiche” de Ridley Scott), compenetrándose ambos en la complejidad de sus papeles (la complejidad de ambos personajes tiene lados esquizofrénicos al dividir su vida laboral y su vida privada en dos mitades distintas: uno es un eficiente y honrado policía, mientras en su vida familiar naufraga; el otro es un frío traficante de drogas y un amoroso hijo y esposo). Por cierto, discrepamos de quienes sostienen que se ha idealizado mucho al personaje de Crowe, lo cierto es que el argumento imponía contrastes absolutos entre ambos, sino se caía en una ambigüedad que no era el caso para un filme de acción.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
AMERICAN GANGSTER
Dir: Ridley Scott
Guión: Steven Zaillian
c/ Russell Crowe (Richie Roberts), Denzel Washington (Frank Lucas), Chiwetel Ejiofor (Huey Lucas), Cuba Gooding Jr. (Nicky Barnes)
Dir: Ridley Scott
Guión: Steven Zaillian
c/ Russell Crowe (Richie Roberts), Denzel Washington (Frank Lucas), Chiwetel Ejiofor (Huey Lucas), Cuba Gooding Jr. (Nicky Barnes)
EEUU/2007/Policial***/Estrenos
jueves, febrero 07, 2008
BROKEBACK MOUNTAIN
La sensible balada del amor entre dos vaqueros cantada en un tono lírico y melancólico, y, como los grandes amores, imposible al final. El filme es bueno en si mismo, pero pasará a la historia por tener la participación del desaparecido Heath Ledger en una memorable actuación, encarnando un rol intenso, difícil, donde caracteriza a un vaquero apocado y que arrastra un romance contrariado a lo largo de más de dos décadas, cayendo en la melancolía final como la balada que se escucha en la partitura. La película es tan contenida, sin desbordar los sentimientos en lo cursi, como la propia actuación de Ledger, probablemente la mejor de su corta carrera (todavía no podemos juzgar el Guasón interpretado en Batman: the dark knight). Es momento propicio para revisitar Brokeback mountain.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
BROKEBACK MOUNTAIN
Dir: Ang Lee
Guión: Larry McMurtry y Diana Ossana; basado en un relato de Annie Proulx
c/ Heath Ledger (Ennis Del Mar), Jake Gyllenhaal (Jack Twist), Anne Hathaway (Lureen Newsome), Michelle Williams (Alma)
EEUU/2005/Drama***/Películas del ayer
Dir: Ang Lee
Guión: Larry McMurtry y Diana Ossana; basado en un relato de Annie Proulx
c/ Heath Ledger (Ennis Del Mar), Jake Gyllenhaal (Jack Twist), Anne Hathaway (Lureen Newsome), Michelle Williams (Alma)
EEUU/2005/Drama***/Películas del ayer
lunes, febrero 04, 2008
EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA
Existe un principio en las adaptaciones cinematográficas que casi siempre se cumple: de una buena novela es muy difícil obtener una buena película (más bien la película suele resultar mala); e inversamente proporcional, de una mala novela o de un cuento o relato corto es posible obtener una buena película (a lo que agregamos siempre y cuando se cuente con un buen guionista y un buen director).
Es que las comparaciones entre libro y filme resultan inevitables. Más cuando se tiene conocimiento de la obra literaria. Además, una buena novela es muy difícil llevarla a la pantalla por lo complejo y difícil que resulta resumir más de quinientas páginas, quedando naturalmente distorsionada; aparte que ambos –libro y filme- tienen lenguajes diferentes, por lo que si algo funciona bien en uno, no necesariamente será igual en el otro. Por eso es imposible adaptar magistralmente a la pantalla El Quijote de la Mancha, En busca del tiempo perdido o Conversación en la Catedral. Menos el Ulises o Cien años de soledad.
Hay excepciones a esa regla, como la adaptación de Muerte en Venecia de Luchino Visconti (que es una novela corta de Thomas Mann) donde ambos –libro y filme- son de excelente factura, o El Gatopardo (Visconti de nuevo). Pero son eso, excepciones.
En cambio, un cuento o relato corto puede trasformarse en un buen guión, “creciendo” en magnitud e importancia, así como en complejidad de los personajes, y si a eso se añade una buena dirección de actores, tenemos muchas veces una obra maestra. Igual sucede con las malas novelas, las que pueden ser enriquecidas con una buena adaptación y dándoles un alcance que el texto literario jamás lo tuvo. Un ejemplo claro: El padrino. La novela no es gran cosa, pero en manos de Francis Ford Coppola llegó a niveles de tragedia griega (“es imposible que escapemos a nuestro destino”).
Así que los lamentos de los lectores de “El amor en los tiempos del cólera” salen sobrando por obvios. No solo por tratarse de una superproducción al estilo de Hollywood, donde ha prevalecido lo azucarado de la historia, sino también porqué el director no ayuda mucho a hacer “despegar” una trama que se mantiene a vuelo rasante en las más de dos horas de proyección. Es que Mike Newell (quien cuenta en su haber una entrega de Harry Potter y la insulsa La sonrisa de la Monalisa) no era el apropiado. Pasó lo mismo que al elegir al director de Soy leyenda. Eso ocurre cuando los productores quieren ahorrarse unos “milloncitos” y optan por contratar a un director “más barato” o que no cuente con la independencia necesaria para efectuar los cambios que sean ineludibles (un “yes, sir”), pensando que el reparto, “el ambiente de época”, las canciones de Shakira o la deliciosa fotografía son suficientes.
En lo que si discrepo con cierta crítica es en la culpa que se le quiere achacar también al “cast” internacional. Se ha dicho que es un reparto internacionalizado, globalizado, tenemos actores españoles, italianos, colombianos y otras menudencias que dan como resultado “un arroz con mango”. Claro, los amantes de la novela (entre los que me cuento) hubieran preferido una versión en “castellano caribe” que en un estándar inglés subtitulado. Y tienen razón. Pero, la argumentación de una falta de autenticidad local de los actores no resiste un análisis serio. Sería como alegar que carecerían de autenticidad las actuaciones de Shakespeare y estaba descalificado por ser inglés para interpretar en la época isabelina personajes de la Grecia clásica, de la antigua Roma o de la Italia medieval. El reparto internacional y el uso del inglés en los diálogos no es motivo para descalificar un filme, siguiendo esa misma lógica los chinos sólo podrían interpretar a personajes chinos, los franceses sólo a franceses y así hasta agotar las nacionalidades. El actor profesional puede interpretar distintos papeles, no solo referidos a su lugar de origen o idioma, y el tener un reparto internacional bien llevado hace la obra más interesante.
Los protagónicos cumplen, unos más que otros, pero cumplen y bien. Los defectos del filme van por otro lado (más está relacionado con “ensamblar” todas estas piezas y darle un aliento de conjunto a la historia). Quizás cuando algún día se realice la “versión caribeña” de El amor en los tiempos de cólera, tendremos una con los giros idiomáticos propios (que dicho sea de paso, la novela más se presta a miniserie que a película).
Otro error de apreciación está relacionado con la crítica al tratamiento de la sensibilidad de la época; olvidándose que la historia ocurre entre los siglos XIX e inicios del XX cuando ni remotamente estaba enraizada la revolución sexual en las sociedades occidentales que permitió liberar los tabúes y prejuicios de antaño. Más bien la película acierta en lo que podríamos denominar una “sociología del amor”. El romanticismo como grado excelso del amor de pareja, con el apasionamiento y los sentimientos desbordados como parte de la cultura de una clase media ilustrada, nutrida sobretodo de los autores franceses que influenciaron notablemente a más de una generación, donde la comunicación de los amantes era generalmente por medio epistolar, medio idóneo para cortejar a la amada (el internet y el chat se encontraban en los pre-sueños de la humanidad) y lo más audaz consistía en tocarle la mano a la novia al salir de la misa. Esa atmósfera está muy bien tratada en el filme y no es nada cursi, a pesar de parecerlo a los ojos contemporáneos. Difícilmente podemos juzgar una sensibilidad de épocas pasadas con los parámetros de la nuestra, debido a que se corre el riesgo de cometer un error de perspectiva.
Para terminar, la escena con la cual me quedo: la de Angie Cepeda como la viuda que aprovechando la trifulca de los estruendos de la guerra civil en la calle, aprovecha para acostarse con el meditabundo y triste Florentino Ariza. Es una escena natural, fresca como la Cepeda misma cuando interpretó a La Brasileña en Pantaleón y las visitadoras. Sólo por ella vale quedarse en la butaca por más de dos horas; aunque en mi caso personal, la compañía con quien aprecie el filme fue más grata que la película misma.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
Es que las comparaciones entre libro y filme resultan inevitables. Más cuando se tiene conocimiento de la obra literaria. Además, una buena novela es muy difícil llevarla a la pantalla por lo complejo y difícil que resulta resumir más de quinientas páginas, quedando naturalmente distorsionada; aparte que ambos –libro y filme- tienen lenguajes diferentes, por lo que si algo funciona bien en uno, no necesariamente será igual en el otro. Por eso es imposible adaptar magistralmente a la pantalla El Quijote de la Mancha, En busca del tiempo perdido o Conversación en la Catedral. Menos el Ulises o Cien años de soledad.
Hay excepciones a esa regla, como la adaptación de Muerte en Venecia de Luchino Visconti (que es una novela corta de Thomas Mann) donde ambos –libro y filme- son de excelente factura, o El Gatopardo (Visconti de nuevo). Pero son eso, excepciones.
En cambio, un cuento o relato corto puede trasformarse en un buen guión, “creciendo” en magnitud e importancia, así como en complejidad de los personajes, y si a eso se añade una buena dirección de actores, tenemos muchas veces una obra maestra. Igual sucede con las malas novelas, las que pueden ser enriquecidas con una buena adaptación y dándoles un alcance que el texto literario jamás lo tuvo. Un ejemplo claro: El padrino. La novela no es gran cosa, pero en manos de Francis Ford Coppola llegó a niveles de tragedia griega (“es imposible que escapemos a nuestro destino”).
Así que los lamentos de los lectores de “El amor en los tiempos del cólera” salen sobrando por obvios. No solo por tratarse de una superproducción al estilo de Hollywood, donde ha prevalecido lo azucarado de la historia, sino también porqué el director no ayuda mucho a hacer “despegar” una trama que se mantiene a vuelo rasante en las más de dos horas de proyección. Es que Mike Newell (quien cuenta en su haber una entrega de Harry Potter y la insulsa La sonrisa de la Monalisa) no era el apropiado. Pasó lo mismo que al elegir al director de Soy leyenda. Eso ocurre cuando los productores quieren ahorrarse unos “milloncitos” y optan por contratar a un director “más barato” o que no cuente con la independencia necesaria para efectuar los cambios que sean ineludibles (un “yes, sir”), pensando que el reparto, “el ambiente de época”, las canciones de Shakira o la deliciosa fotografía son suficientes.
En lo que si discrepo con cierta crítica es en la culpa que se le quiere achacar también al “cast” internacional. Se ha dicho que es un reparto internacionalizado, globalizado, tenemos actores españoles, italianos, colombianos y otras menudencias que dan como resultado “un arroz con mango”. Claro, los amantes de la novela (entre los que me cuento) hubieran preferido una versión en “castellano caribe” que en un estándar inglés subtitulado. Y tienen razón. Pero, la argumentación de una falta de autenticidad local de los actores no resiste un análisis serio. Sería como alegar que carecerían de autenticidad las actuaciones de Shakespeare y estaba descalificado por ser inglés para interpretar en la época isabelina personajes de la Grecia clásica, de la antigua Roma o de la Italia medieval. El reparto internacional y el uso del inglés en los diálogos no es motivo para descalificar un filme, siguiendo esa misma lógica los chinos sólo podrían interpretar a personajes chinos, los franceses sólo a franceses y así hasta agotar las nacionalidades. El actor profesional puede interpretar distintos papeles, no solo referidos a su lugar de origen o idioma, y el tener un reparto internacional bien llevado hace la obra más interesante.
Los protagónicos cumplen, unos más que otros, pero cumplen y bien. Los defectos del filme van por otro lado (más está relacionado con “ensamblar” todas estas piezas y darle un aliento de conjunto a la historia). Quizás cuando algún día se realice la “versión caribeña” de El amor en los tiempos de cólera, tendremos una con los giros idiomáticos propios (que dicho sea de paso, la novela más se presta a miniserie que a película).
Otro error de apreciación está relacionado con la crítica al tratamiento de la sensibilidad de la época; olvidándose que la historia ocurre entre los siglos XIX e inicios del XX cuando ni remotamente estaba enraizada la revolución sexual en las sociedades occidentales que permitió liberar los tabúes y prejuicios de antaño. Más bien la película acierta en lo que podríamos denominar una “sociología del amor”. El romanticismo como grado excelso del amor de pareja, con el apasionamiento y los sentimientos desbordados como parte de la cultura de una clase media ilustrada, nutrida sobretodo de los autores franceses que influenciaron notablemente a más de una generación, donde la comunicación de los amantes era generalmente por medio epistolar, medio idóneo para cortejar a la amada (el internet y el chat se encontraban en los pre-sueños de la humanidad) y lo más audaz consistía en tocarle la mano a la novia al salir de la misa. Esa atmósfera está muy bien tratada en el filme y no es nada cursi, a pesar de parecerlo a los ojos contemporáneos. Difícilmente podemos juzgar una sensibilidad de épocas pasadas con los parámetros de la nuestra, debido a que se corre el riesgo de cometer un error de perspectiva.
Para terminar, la escena con la cual me quedo: la de Angie Cepeda como la viuda que aprovechando la trifulca de los estruendos de la guerra civil en la calle, aprovecha para acostarse con el meditabundo y triste Florentino Ariza. Es una escena natural, fresca como la Cepeda misma cuando interpretó a La Brasileña en Pantaleón y las visitadoras. Sólo por ella vale quedarse en la butaca por más de dos horas; aunque en mi caso personal, la compañía con quien aprecie el filme fue más grata que la película misma.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA [Love in the time of cholera]
Dir: Mike Newell
Guión: Ronald Harwood; basado en la novela "El amor en los tiempos del cólera" de Gabriel García Márquez
c/ Javier Bardem (Florentino Ariza), Giovanna Mezzogiorno (Fermina Daza), Benjamin Bratt (Juvenal Urbino), Catalina Sandino Moreno (Hildebranda Sánchez), Hector Elizondo (don Leo), Liev Schreiber (Lotario Thurgot), Fernanda Montenegro (Tránsito Ariza), Laura Harring (Sara Noriega), John Leguizamo (Lorenzo Daza), Unax Ugalde (Florentino Ariza joven)
EEUU/2007/Drama romántico***/Estrenos
viernes, enero 18, 2008
MÁS CORAZÓN QUE ODIO
Los llanos, la aventura, el romance, la lucha contra lo agreste e indómito, y sobretodo la lucha contra uno mismo, todo no exento siempre de un toque de humor, hacen de The searchers un filme inolvidable. Inscrito en la vertiente clásica, quiebra la ruptura lineal del argumento cuando nos enteramos de las andanzas de Ethan y Martin por intermedio de la carta que éste último le envía a Laurie, su novia, contándole lo que han encontrado. Así también el personaje de Mose es inolvidable, entre medio loco y medio ido del mundo, le presta el toque “cómico” para no cargar demasiado las tintas de la historia que, sin el humor, habría devenido en tragedia. El rojo de la tierra expresa el rojo de la venganza, del odio que sacude al personaje de John Wayne. El título original (The Searchers) dice no solo de la larga búsqueda de la sobrina secuestrada por los comanches, sino también de la búsqueda interna que reporta ese largo viaje, búsqueda de la paz interna como expresa la canción final. Las puertas que se abren al inicio del filme y se cierran al concluir expresan toda una etapa existencial ya superada por el protagonista para pasar a otra cosa.
Filme nostálgico, cargado de lirismo, equilibrado, perfecto, no cansa verlo una y otra vez, lo que sucede solo con los clásicos.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Filme nostálgico, cargado de lirismo, equilibrado, perfecto, no cansa verlo una y otra vez, lo que sucede solo con los clásicos.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
MÁS CORAZÓN QUE ODIO [The Searchers]
Dir: John Ford
Guión: Frank S. Nugent, basado en la novela de Alan Le May
c/ John Wayne (Ethan), Jeffrey Hunter (Martin), Vera Miles (Laurie), Ward Bond (Rev. Capt. Samuel Johnston Clayton), Natalie Wood (Debbie), Hank Worden (Mose Harper)
EEUU/1956/Western***/Dvd/Clásicos de ayer y hoy
Dir: John Ford
Guión: Frank S. Nugent, basado en la novela de Alan Le May
c/ John Wayne (Ethan), Jeffrey Hunter (Martin), Vera Miles (Laurie), Ward Bond (Rev. Capt. Samuel Johnston Clayton), Natalie Wood (Debbie), Hank Worden (Mose Harper)
EEUU/1956/Western***/Dvd/Clásicos de ayer y hoy
lunes, enero 14, 2008
SOY LEYENDA
Las distopías (cuya temática central es la extinción de la civilización y posterior barbarie de la raza humana) tienen como finalidad alertar al ser humano de un daño o peligro que en el presente todavía es controlable pero que a futuro puede ser irreparable. Es así que en los años 60 y 70 las distopías estaban centradas en la extinción de la humanidad por una posible guerra nuclear; mientras que las actuales tienen como eje argumentativo la irreparabilidad del medioambiente y la guerra bacteriológica. Distopías clásicas en esa línea son El planeta de los simios y recientemente Hijos de los hombres.
Otra vertiente distópica es la pérdida de la libertad y el vivir en una sociedad oprimida y sojuzgada por una elite sea religiosa, política o militar que mantiene el statu quo con un discurso ideológico deliberadamente engañoso. En esta variante el ser humano se encuentra alienado, rebajado en sus derechos, prácticamente cosificado y sin tener la posibilidad de pensar o de expresar libremente sus sentimientos. El paradigma por excelencia de este tipo de distopías es 1984.
Soy leyenda se centra en la primera temática (la extinción de la civilización y posterior barbarie de la raza humana) y ha contado con tres adaptaciones al cine. La primera de 1964 (The Last Man on Earth) con Vincent Price; la segunda de 1971 (The Omega Man) con Charlton Heston; y, la tercera de 2007 con Will Smith.
A nivel argumentativo la trama tiene dos niveles que se van “cruzando”: el primero y más interesante es narrar la vida cotidiana del Dr. Neville “en el presente” cuando la tierra ya ha sido devastada por un virus trasmutado que convierte a los hombres en una suerte de vampiros rabiosos (parecidos mucho en la agilidad a los de 28 días después -28 days later, 2002- de Danny Boyle). Así nos describe al protagonista haciendo su vida cotidiana: busca alimentos en una ciudad desolada y vuelta al salvajismo, se provee de gasolina, “renta” dvd’s para pasar la noche, “conversa” con los maniquís de la tienda, se mantiene en forma y convierte su casa en un verdadero “bunker”. En este nivel es bastante importante la relación con su perro, el único ser viviente con quien puede comunicarse y tener una relación afectiva (literalmente el perrito “se roba” varias escenas de la película). Los flash-backs son explicativos de “lo que pasó en la tierra”. En un segundo nivel, menos interesante, “caza” vampiros pero no tanto para su exterminio sino para encontrar una posible cura, utilizándolos como conejillos. En esta primera parte de la película se percibe el paulatino deterioro sicológico que va viviendo Neville por su aislamiento de otros seres humanos y que se demuestra en los mensajes que por radio trasmite, reflejando su necesidad de comunicarse, intento vano de “botella al mar”, o cuando “conversa” con los maniquís de la tienda de video o pierde el control al ver a uno de estos fuera de su lugar, en plena calle.
Esos dos niveles tendrán un “nudo” del conflicto con la presencia de Anna y su pequeño hijo, sobrevivientes humanos como Neville y en búsqueda de una posible comuna de otros sobrevivientes también inmunes al virus. La resolución se dará con el sacrificio del protagonista poco antes de encontrar la cura, convirtiéndose por tanto “en leyenda” con un esperanzador “happy end”. Esta es la parte del filme que menos convence.
En principio se trata de la obra para un solo actor. Toda la puesta en escena reposa en el personaje central. Es un hombre solitario, lo que irá erosionando su sicología, hundiéndolo en la depresión y con conductas consideradas erráticas en sociedad. Si bien Will Smith cumple adecuadamente su papel dramático, más está en la línea de los superhéroes que de un hombre solitario y con problemas de conducta. Esa muestra de “debilidad” no está adecuadamente registrada en la performance del actor (a Charlton Heston le sucedió lo mismo en la segunda versión). La hondura sicológica le abría abierto una dimensión humana abismal, lindante con la locura, que habría hecho muy rico al personaje (por cierto el argumento más se presta para ello que para una película de acción). Y también es responsabilidad del director, que no ha sabido aprovechar el material entre manos y con poca experiencia en su haber. Y, el remate no es muy convincente. El “final feliz” deja un sabor como a mártir de la medicina que a una distopía como era la idea de la trama.
Quizás el resultado habría sido distinto si el proyecto lo manejada Ridley Scott, de quien se voceó mucho la encargatura en la década pasada. En fin, Soy leyenda tiene sus límites, dejándose ver como un entretenimiento, pensada y diseñada como tal y sin mayores ambiciones.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Otra vertiente distópica es la pérdida de la libertad y el vivir en una sociedad oprimida y sojuzgada por una elite sea religiosa, política o militar que mantiene el statu quo con un discurso ideológico deliberadamente engañoso. En esta variante el ser humano se encuentra alienado, rebajado en sus derechos, prácticamente cosificado y sin tener la posibilidad de pensar o de expresar libremente sus sentimientos. El paradigma por excelencia de este tipo de distopías es 1984.
Soy leyenda se centra en la primera temática (la extinción de la civilización y posterior barbarie de la raza humana) y ha contado con tres adaptaciones al cine. La primera de 1964 (The Last Man on Earth) con Vincent Price; la segunda de 1971 (The Omega Man) con Charlton Heston; y, la tercera de 2007 con Will Smith.
A nivel argumentativo la trama tiene dos niveles que se van “cruzando”: el primero y más interesante es narrar la vida cotidiana del Dr. Neville “en el presente” cuando la tierra ya ha sido devastada por un virus trasmutado que convierte a los hombres en una suerte de vampiros rabiosos (parecidos mucho en la agilidad a los de 28 días después -28 days later, 2002- de Danny Boyle). Así nos describe al protagonista haciendo su vida cotidiana: busca alimentos en una ciudad desolada y vuelta al salvajismo, se provee de gasolina, “renta” dvd’s para pasar la noche, “conversa” con los maniquís de la tienda, se mantiene en forma y convierte su casa en un verdadero “bunker”. En este nivel es bastante importante la relación con su perro, el único ser viviente con quien puede comunicarse y tener una relación afectiva (literalmente el perrito “se roba” varias escenas de la película). Los flash-backs son explicativos de “lo que pasó en la tierra”. En un segundo nivel, menos interesante, “caza” vampiros pero no tanto para su exterminio sino para encontrar una posible cura, utilizándolos como conejillos. En esta primera parte de la película se percibe el paulatino deterioro sicológico que va viviendo Neville por su aislamiento de otros seres humanos y que se demuestra en los mensajes que por radio trasmite, reflejando su necesidad de comunicarse, intento vano de “botella al mar”, o cuando “conversa” con los maniquís de la tienda de video o pierde el control al ver a uno de estos fuera de su lugar, en plena calle.
Esos dos niveles tendrán un “nudo” del conflicto con la presencia de Anna y su pequeño hijo, sobrevivientes humanos como Neville y en búsqueda de una posible comuna de otros sobrevivientes también inmunes al virus. La resolución se dará con el sacrificio del protagonista poco antes de encontrar la cura, convirtiéndose por tanto “en leyenda” con un esperanzador “happy end”. Esta es la parte del filme que menos convence.
En principio se trata de la obra para un solo actor. Toda la puesta en escena reposa en el personaje central. Es un hombre solitario, lo que irá erosionando su sicología, hundiéndolo en la depresión y con conductas consideradas erráticas en sociedad. Si bien Will Smith cumple adecuadamente su papel dramático, más está en la línea de los superhéroes que de un hombre solitario y con problemas de conducta. Esa muestra de “debilidad” no está adecuadamente registrada en la performance del actor (a Charlton Heston le sucedió lo mismo en la segunda versión). La hondura sicológica le abría abierto una dimensión humana abismal, lindante con la locura, que habría hecho muy rico al personaje (por cierto el argumento más se presta para ello que para una película de acción). Y también es responsabilidad del director, que no ha sabido aprovechar el material entre manos y con poca experiencia en su haber. Y, el remate no es muy convincente. El “final feliz” deja un sabor como a mártir de la medicina que a una distopía como era la idea de la trama.
Quizás el resultado habría sido distinto si el proyecto lo manejada Ridley Scott, de quien se voceó mucho la encargatura en la década pasada. En fin, Soy leyenda tiene sus límites, dejándose ver como un entretenimiento, pensada y diseñada como tal y sin mayores ambiciones.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
SOY LEYENDA [I am legend]
Dir: Francis Lawrence
Guión: Mark Protosevich y Akiva Goldsman; basado en la novela de Richard Matheson
c/ Will Smith (Robert Neville), Alice Braga (Anna), Charlie Tahan (Ethan)
EEUU/2007/CF-Terror***/Estrenos
Dir: Francis Lawrence
Guión: Mark Protosevich y Akiva Goldsman; basado en la novela de Richard Matheson
c/ Will Smith (Robert Neville), Alice Braga (Anna), Charlie Tahan (Ethan)
EEUU/2007/CF-Terror***/Estrenos
viernes, enero 11, 2008
¿EXISTE CRÍTICA DE CINE?
Acabo de enterarme circunstancialmente de una “polémica” entre dos críticos de cine “profesionales”, donde uno acusa al otro de “venderse” a las distribuidoras de blockbusters por promocionar polos y llaveritos de una conocida película de animación estelarizada por unas simpáticas ardillitas digitales.
Más allá del encono personal que se tienen ambos críticos (aunque en público lo desmientan), la “polémica” más parece una pelea de infantes en el colegio por dirimir quien la tiene “más larga”, comprobándose una vez más que los enconos, envidias, recelos y otras menudencias del alma es muy peruano y quizás diría muy humano. En mi gremio –los abogados- también se dan estas peleítas, pero para ser sincero, entre los críticos de cine es más graciosa. Las nuestras por lo general son muy tiesas, acartonadas y demasiado solemnes, por no decir aburridas.
A veces me pregunto si vale la pena comentar las películas. La gente promedio no lee las críticas de cine. Le interesa un pepino. Generalmente son los cinéfilos o las personas que toman “en serio” al cine quienes las leen. Pero, si bien el público objetivo lector de “críticas de cine” es bastante reducido, eso no obsta determinar si tenemos una crítica especializada en nuestro medio. Y, sin muchos rodeos, la respuesta es negativa.
Existe un reducidísimo sector de la crítica que trata de ser eso, crítica especializada, aunque a veces cae en excesos culturosos, “camina en las nubes” y “mira encima del hombro”, produciéndole asco toda película que tenga contenido “comercial” y su público objetivo son sus alumnos que los tienen como el “non plus ultra”, el “ya no ya de la crítica”, “el camino a seguir”. Hay que reconocer que, pese a sus excesos y vanidades –muy humanas también-, este sector de la crítica tiene una labor docente importante dentro del público al que se dirige.
En cambio, la mayor parte de la “otra crítica” es más bien la “mermelera”, la que promociona los estrenos de las grandes distribuidoras y se trasmite por distintos medios: la prensa escrita, la televisión y últimamente los blogs, que ha facilitado la aparición de “nuevos críticos” de todo calibre.
Personalmente no estoy en contra que un “crítico especializado”, director de una revista de cine también especializada, tenga un blog donde promocione llaveritos o polos de una película comercial. No es profesional, por no decir ético, pero el “crítico especializado” sabe en lo que se mete al aceptar el encargo o permitir que aparezca su nombre en la página web promocional. No puede alegar inocencia. En todo caso, como adulto, es su responsabilidad. Quizás con eso su prestigio baje, pero dependerá absolutamente de él. Pero de allí a estigmatizarlo, a “crucificarlo” en los blogs o en cualquier medio disponible, creo hay mucho trecho y es una exageración.
Por otro lado, la crítica tiene que ser libre, no puede estar sujeta a parámetros de “lo que debe ser”, que es donde lamentablemente cae a veces la crítica “culturosa”. Su lema parece ser “Todo lo que es crítica profesional es como yo lo hago, el resto es todo menos crítica”. Es caer en sectarismos y prejuicios.
El problema es que nuestro mercado es tan pequeño que no alcanza para todos, por lo que uno le tiene que “serruchar el piso” a otro para ocupar su espacio. Cuando de verdad tengamos una industria del cine nacional, cuando la variedad de filmes vistos sea más amplia, cuando existan institutos ex profeso para la profesión de cineasta, y, es más, existan post grados de especialización en cine, podremos hablar por fin de una crítica especializada amplia y diversa, y de un mercado que la recepcione en igual forma.
Por el momento veremos de tanto en tanto las rencillas bastante folclóricas entre dos “críticos profesionales” por dirimir quien la tiene “más larga”, tratando de convertirse en el macho alfa de la manada o marcando su territorio con la orina. Cosas del inframundo de la crítica.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
Más allá del encono personal que se tienen ambos críticos (aunque en público lo desmientan), la “polémica” más parece una pelea de infantes en el colegio por dirimir quien la tiene “más larga”, comprobándose una vez más que los enconos, envidias, recelos y otras menudencias del alma es muy peruano y quizás diría muy humano. En mi gremio –los abogados- también se dan estas peleítas, pero para ser sincero, entre los críticos de cine es más graciosa. Las nuestras por lo general son muy tiesas, acartonadas y demasiado solemnes, por no decir aburridas.
A veces me pregunto si vale la pena comentar las películas. La gente promedio no lee las críticas de cine. Le interesa un pepino. Generalmente son los cinéfilos o las personas que toman “en serio” al cine quienes las leen. Pero, si bien el público objetivo lector de “críticas de cine” es bastante reducido, eso no obsta determinar si tenemos una crítica especializada en nuestro medio. Y, sin muchos rodeos, la respuesta es negativa.
Existe un reducidísimo sector de la crítica que trata de ser eso, crítica especializada, aunque a veces cae en excesos culturosos, “camina en las nubes” y “mira encima del hombro”, produciéndole asco toda película que tenga contenido “comercial” y su público objetivo son sus alumnos que los tienen como el “non plus ultra”, el “ya no ya de la crítica”, “el camino a seguir”. Hay que reconocer que, pese a sus excesos y vanidades –muy humanas también-, este sector de la crítica tiene una labor docente importante dentro del público al que se dirige.
En cambio, la mayor parte de la “otra crítica” es más bien la “mermelera”, la que promociona los estrenos de las grandes distribuidoras y se trasmite por distintos medios: la prensa escrita, la televisión y últimamente los blogs, que ha facilitado la aparición de “nuevos críticos” de todo calibre.
Personalmente no estoy en contra que un “crítico especializado”, director de una revista de cine también especializada, tenga un blog donde promocione llaveritos o polos de una película comercial. No es profesional, por no decir ético, pero el “crítico especializado” sabe en lo que se mete al aceptar el encargo o permitir que aparezca su nombre en la página web promocional. No puede alegar inocencia. En todo caso, como adulto, es su responsabilidad. Quizás con eso su prestigio baje, pero dependerá absolutamente de él. Pero de allí a estigmatizarlo, a “crucificarlo” en los blogs o en cualquier medio disponible, creo hay mucho trecho y es una exageración.
Por otro lado, la crítica tiene que ser libre, no puede estar sujeta a parámetros de “lo que debe ser”, que es donde lamentablemente cae a veces la crítica “culturosa”. Su lema parece ser “Todo lo que es crítica profesional es como yo lo hago, el resto es todo menos crítica”. Es caer en sectarismos y prejuicios.
El problema es que nuestro mercado es tan pequeño que no alcanza para todos, por lo que uno le tiene que “serruchar el piso” a otro para ocupar su espacio. Cuando de verdad tengamos una industria del cine nacional, cuando la variedad de filmes vistos sea más amplia, cuando existan institutos ex profeso para la profesión de cineasta, y, es más, existan post grados de especialización en cine, podremos hablar por fin de una crítica especializada amplia y diversa, y de un mercado que la recepcione en igual forma.
Por el momento veremos de tanto en tanto las rencillas bastante folclóricas entre dos “críticos profesionales” por dirimir quien la tiene “más larga”, tratando de convertirse en el macho alfa de la manada o marcando su territorio con la orina. Cosas del inframundo de la crítica.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
lunes, enero 07, 2008
LA LISTA NEGRA
Paul Verhoeven, realizador de origen holandés, tuvo cierto éxito en el cine norteamericano, sobretodo con Robocop (1987), cinta de corte futurista, bastante ágil y entretenida, e Instinto básico (1992), inquietante thriller que convirtió en sex symbol de los 90 a Sharon Stone. Después de eso su carrera tuvo altibajos, por lo que decide regresar a su natal Holanda, y gracias al prestigio cargado de su estancia en Hollywood, consigue financiamiento para un proyecto europeo bastante ambicioso, ambientado en la segunda guerra mundial y considerado como uno de los más caros en el viejo continente.
Lo interesante de La lista negra (o el Libro negro como también se le titula en español) es la ambigüedad de los personajes. Estamos en la Holanda de la ocupación nazi, donde existe un grupo de resistentes que luchan en una guerra de guerrillas contra el invasor. En ese grupo ingresa Rachel, una cantante de origen judío que ha perdido a su familia cuando trataban de huir. Todo hace sospechar que miembros de la resistencia, en combinación con oficiales nazis, lucran con los judíos que tratan de escapar, engañándolos hacia un viaje que termina en la muerte.
No existen, como en otros filmes de guerra, los estereotipos de buenos por un lado y malos por el otro. El que parece una cosa, puede ser totalmente lo contrario, como sucede con el héroe de guerra Akkerman que se apropia de las joyas y el dinero robado a los judíos asesinados, o con el capitán alemán Müntze (al actor lo hemos apreciado en La vida de los otros) que muestra más humanismo y desinterés que los propios partisanos. Es ese “juego” de dobleces lo que hace interesante el filme, donde incluso no se salva la misma protagonista.
La imagen final, en el Kibbutz, cuando está pronto a ser atacado, simboliza una idea pesimista del realizador: la guerra parece ser la regla en el hombre y los momentos de paz son apenas los menos. Amarga reflexión con la cual cierra este inquietante thriller.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Lo interesante de La lista negra (o el Libro negro como también se le titula en español) es la ambigüedad de los personajes. Estamos en la Holanda de la ocupación nazi, donde existe un grupo de resistentes que luchan en una guerra de guerrillas contra el invasor. En ese grupo ingresa Rachel, una cantante de origen judío que ha perdido a su familia cuando trataban de huir. Todo hace sospechar que miembros de la resistencia, en combinación con oficiales nazis, lucran con los judíos que tratan de escapar, engañándolos hacia un viaje que termina en la muerte.
No existen, como en otros filmes de guerra, los estereotipos de buenos por un lado y malos por el otro. El que parece una cosa, puede ser totalmente lo contrario, como sucede con el héroe de guerra Akkerman que se apropia de las joyas y el dinero robado a los judíos asesinados, o con el capitán alemán Müntze (al actor lo hemos apreciado en La vida de los otros) que muestra más humanismo y desinterés que los propios partisanos. Es ese “juego” de dobleces lo que hace interesante el filme, donde incluso no se salva la misma protagonista.
La imagen final, en el Kibbutz, cuando está pronto a ser atacado, simboliza una idea pesimista del realizador: la guerra parece ser la regla en el hombre y los momentos de paz son apenas los menos. Amarga reflexión con la cual cierra este inquietante thriller.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
LA LISTA NEGRA [Zwartboek]
Dir: Paul Verhoeven
Guión: Paul Verhoeven y Gerard Soeteman; basado en un argumento de Gerard Soeteman
c/ Carice van Houten (Rachel Steinn/Ellis de Vries), Sebastian Koch (Ludwig Müntze), Thom Hoffman (Hans Akkermans), Halina Reijn (Ronnie)
Holanda-UK-Ale-Bélgica/2006/ Thriller***/Estrenos
Dir: Paul Verhoeven
Guión: Paul Verhoeven y Gerard Soeteman; basado en un argumento de Gerard Soeteman
c/ Carice van Houten (Rachel Steinn/Ellis de Vries), Sebastian Koch (Ludwig Müntze), Thom Hoffman (Hans Akkermans), Halina Reijn (Ronnie)
Holanda-UK-Ale-Bélgica/2006/ Thriller***/Estrenos
lunes, diciembre 31, 2007
BALANCE FÍLMICO DEL AÑO
El circuito comercial se ha caracterizado el presente año por la preeminencia de los “blockbusters” norteamericanos (películas diseñadas, producidas y exhibidas para obtener la máxima rentabilidad al momento de su estreno, programado generalmente a nivel mundial, y cuya exhibición se encuentra precedida de una impresionante publicidad y colateralmente de un merchandising de productos accesorios). El fenómeno no es casual. Obedece a una política concertada de distribuidoras y exhibidoras de multicines de concederle la máxima cobertura de pantalla a los estrenos considerados “taquillazos comerciales”, sin importar la calidad del producto y obedeciendo más bien a la maximización de la rentabilidad. En correlato, el perjuicio es para los filmes independientes o de otras nacionalidades, o para aquellos no considerados “comerciales”, los que quedan excluídos del circuito. Esta política no es igual en todos los países de AL, tiene grados o matices. Si se compara las carteleras en otras partes del continente, veremos que la variedad es mucho mayor a la ofrecida por estas tierras.
Paradójicamente, esa variedad negada por la exhibición local ha sido facilitada por la tecnología, encontrándose en los dvd ofrecidos al consumidor, de origen ilegal en su gran mayoría es cierto (los dvd’s “piratas”), pero con alternativas de contenido que el circuito comercial no lo ofrece, produciéndose el eterno debate entre lo oficial (lo poco visto en los cines) y lo informal (la variedad de alternativas visuales “no legales” disponibles para el cinéfilo). Son dos caras de la misma moneda. (Por ser un hecho distinto al analizado, no tocamos el tema de la competencia desleal de los “piratas” en los estrenos, su principal filón de ingresos). El debate no es solo por la pérdida de impuestos o de ganancias a las trasnacionales, sino de los derechos inherentes en el espectador de alimentar su espíritu ampliando su cultura cinematográfica. Si el escenario oficial no lo ofrece, tiene derecho a buscar alternativas a un precio justo en otros lugares para su exclusivo beneficio espiritual.
Constitucionalmente el tema es interesante, se trata de dos valores contrapuestos: el derecho de propiedad y el derecho al lucro de las empresas (bastante legítimo) versus el derecho a la cultura de la persona y el derecho a encontrar mejores expresiones artísticas para su beneficio espiritual (igualmente legítimo). El debate, por tanto, no es únicamente economicista como se pretende, sino también de derechos consustanciales al ser humano y garantizados por la propia Constitución Política.
Practicando un símil, es como si todos los restaurantes ofrecieran únicamente “comida chatarra”, sin mayores alternativas de variedad, con el único propósito de lucrar con el consumidor sin importarles su salud y por añadidura sosteniendo que sería ilegal si buscan mejores alternativas nutritivas más allá del “fast food”. ¿No tendrá derecho el consumidor a buscar otras opciones alimenticias más saludables a aquella que solo le producirá con el tiempo un bloqueo de las arterias y una repentina muerte por paro cardíaco? Algo parecido ocurre con la exhibición comercial. El espectador se encuentra en todo su derecho a una búsqueda de otras alternativas fílmicas a las ofrecidas por la cartelera. Con esto no se quiere fomentar la piratería (cuya solución es más institucional y económica que represiva), pero sí el estado ponga el asunto en agenda con medidas inteligentes y creativas, en vista que una de sus obligaciones es cumplir y hacer cumplir los derechos de la persona.
Para terminar, realizaremos nuestra lista usual de los mejores estrenos, de acuerdo a la fecha de exhibición local (los resaltados en negrita son considerados como los tres mejores):
1) Escondido (Caché)
2) La conquista del honor (Flags of our fathers)
3) Hijos de los hombres
4) El laberinto del fauno
5) Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima)
6) Transamérica
7) Pequeña Miss Sunshine (Little from Miss Sunshine)
8) Sophie Scholl
9) El suicida (Wilbur begår selvmord)
10) La vida de los otros (Das Leben der anderen)
11) El espíritu de la pasión (Bin-jip)
12) La ciencia del sueño (La science des rêves)
En cuanto a las producciones nacionales, el año fue pobre en exhibiciones. Augusto Tamayo consolida una vocación muy personal, esta vez inspirado en una historia familiar, aunque inferior a su anterior película; mientras Augusto Cabada realizó su debut en el largo con un interesante thriller, pese a lo accidentado de su estreno, a la calidad de las copias y a los problemas internos con la productora, que literalmente saboteó su propio filme.
Así, los únicos estrenos de interés en el presente año del cine nacional fueron:
1) Una sombra al frente
2) Muero por Muriel
Y eso es todo.
31.12.07
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Paradójicamente, esa variedad negada por la exhibición local ha sido facilitada por la tecnología, encontrándose en los dvd ofrecidos al consumidor, de origen ilegal en su gran mayoría es cierto (los dvd’s “piratas”), pero con alternativas de contenido que el circuito comercial no lo ofrece, produciéndose el eterno debate entre lo oficial (lo poco visto en los cines) y lo informal (la variedad de alternativas visuales “no legales” disponibles para el cinéfilo). Son dos caras de la misma moneda. (Por ser un hecho distinto al analizado, no tocamos el tema de la competencia desleal de los “piratas” en los estrenos, su principal filón de ingresos). El debate no es solo por la pérdida de impuestos o de ganancias a las trasnacionales, sino de los derechos inherentes en el espectador de alimentar su espíritu ampliando su cultura cinematográfica. Si el escenario oficial no lo ofrece, tiene derecho a buscar alternativas a un precio justo en otros lugares para su exclusivo beneficio espiritual.
Constitucionalmente el tema es interesante, se trata de dos valores contrapuestos: el derecho de propiedad y el derecho al lucro de las empresas (bastante legítimo) versus el derecho a la cultura de la persona y el derecho a encontrar mejores expresiones artísticas para su beneficio espiritual (igualmente legítimo). El debate, por tanto, no es únicamente economicista como se pretende, sino también de derechos consustanciales al ser humano y garantizados por la propia Constitución Política.
Practicando un símil, es como si todos los restaurantes ofrecieran únicamente “comida chatarra”, sin mayores alternativas de variedad, con el único propósito de lucrar con el consumidor sin importarles su salud y por añadidura sosteniendo que sería ilegal si buscan mejores alternativas nutritivas más allá del “fast food”. ¿No tendrá derecho el consumidor a buscar otras opciones alimenticias más saludables a aquella que solo le producirá con el tiempo un bloqueo de las arterias y una repentina muerte por paro cardíaco? Algo parecido ocurre con la exhibición comercial. El espectador se encuentra en todo su derecho a una búsqueda de otras alternativas fílmicas a las ofrecidas por la cartelera. Con esto no se quiere fomentar la piratería (cuya solución es más institucional y económica que represiva), pero sí el estado ponga el asunto en agenda con medidas inteligentes y creativas, en vista que una de sus obligaciones es cumplir y hacer cumplir los derechos de la persona.
Para terminar, realizaremos nuestra lista usual de los mejores estrenos, de acuerdo a la fecha de exhibición local (los resaltados en negrita son considerados como los tres mejores):
1) Escondido (Caché)
2) La conquista del honor (Flags of our fathers)
3) Hijos de los hombres
4) El laberinto del fauno
5) Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima)
6) Transamérica
7) Pequeña Miss Sunshine (Little from Miss Sunshine)
8) Sophie Scholl
9) El suicida (Wilbur begår selvmord)
10) La vida de los otros (Das Leben der anderen)
11) El espíritu de la pasión (Bin-jip)
12) La ciencia del sueño (La science des rêves)
En cuanto a las producciones nacionales, el año fue pobre en exhibiciones. Augusto Tamayo consolida una vocación muy personal, esta vez inspirado en una historia familiar, aunque inferior a su anterior película; mientras Augusto Cabada realizó su debut en el largo con un interesante thriller, pese a lo accidentado de su estreno, a la calidad de las copias y a los problemas internos con la productora, que literalmente saboteó su propio filme.
Así, los únicos estrenos de interés en el presente año del cine nacional fueron:
1) Una sombra al frente
2) Muero por Muriel
Y eso es todo.
31.12.07
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
lunes, diciembre 24, 2007
ENCANTADA
Las parodias en el cine es un sub-género que ha contado con excelentes cultores. Uno de ellos fue Mel Brooks, quien también le cupo en los años 60 la responsabilidad de la popular serie de tv El super agente 86 (Get Smart). En la actualidad los hermanos Coen y los hermanos Farrelly son los más activos, estos últimos parodiando todo lo “políticamente correcto” en el sistema norteamericano.
La productora Walt Disney cansada que otros aprovechen su material infantil de cuentos de hadas, decidió autoparadiarse, dándole un giro de tuerca a los clásicos dibujos de Blancanieves y La cenicienta, con príncipe y todo. No es una parodia de humor negro o sarcástico como la versión original de Shrek, sino más “light”, dirigida a un público infantil, pero no carente de humor y gracia, sobretodo por la carismática Amy Adams como Giselle. Los gestos de desconsuelo, pena, alegría o desazón son aprovechados por primeros planos de la cámara y con un final más realista: no siempre uno encuentra la “media naranja” en la pareja que cree, muchas veces sucede lo más inesperado y no necesariamente es “el príncipe azul” (ya Shrek había tratado el tema). Los finales de los personajes secundarios le dan también otro toque: Nathaniel, harto de las manipulaciones de la reina, decide quedarse en el “mundo real”, donde se vuelve un escritor de best sellers contando sus vivencias (su libro se titula precisamente El dolor real), mientras que la ardillita, que regresa al mundo de fantasía también escribe el suyo (sintomáticamente titulado No siempre el silencio es oro). Igual sucede con el matrimonio del príncipe con Nancy en el mundo de fantasía, sonando el celular de esta en plena ceremonia o tomando ella la iniciativa para el beso nupcial. En paralelo, en el “mundo real”, Giselle decide poner su propia tienda de ropa. En ambos casos, más acorde con el tipo de mujer moderna. Buen final, sin caer en la exageración de lo edulcorado.
Mención aparte merece la brillante caracterización de Susan Sarandon como la bruja. Sin los secundarios no habría bastado el carisma de la joven Adams para sostener casi dos horas una historia.
Encantada, encanta y entretiene. La van a disfrutar tanto grandes y chicos.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
La productora Walt Disney cansada que otros aprovechen su material infantil de cuentos de hadas, decidió autoparadiarse, dándole un giro de tuerca a los clásicos dibujos de Blancanieves y La cenicienta, con príncipe y todo. No es una parodia de humor negro o sarcástico como la versión original de Shrek, sino más “light”, dirigida a un público infantil, pero no carente de humor y gracia, sobretodo por la carismática Amy Adams como Giselle. Los gestos de desconsuelo, pena, alegría o desazón son aprovechados por primeros planos de la cámara y con un final más realista: no siempre uno encuentra la “media naranja” en la pareja que cree, muchas veces sucede lo más inesperado y no necesariamente es “el príncipe azul” (ya Shrek había tratado el tema). Los finales de los personajes secundarios le dan también otro toque: Nathaniel, harto de las manipulaciones de la reina, decide quedarse en el “mundo real”, donde se vuelve un escritor de best sellers contando sus vivencias (su libro se titula precisamente El dolor real), mientras que la ardillita, que regresa al mundo de fantasía también escribe el suyo (sintomáticamente titulado No siempre el silencio es oro). Igual sucede con el matrimonio del príncipe con Nancy en el mundo de fantasía, sonando el celular de esta en plena ceremonia o tomando ella la iniciativa para el beso nupcial. En paralelo, en el “mundo real”, Giselle decide poner su propia tienda de ropa. En ambos casos, más acorde con el tipo de mujer moderna. Buen final, sin caer en la exageración de lo edulcorado.
Mención aparte merece la brillante caracterización de Susan Sarandon como la bruja. Sin los secundarios no habría bastado el carisma de la joven Adams para sostener casi dos horas una historia.
Encantada, encanta y entretiene. La van a disfrutar tanto grandes y chicos.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
ENCANTADA [Enchanted]
Direcciónlidad de las copias editadasrtante es generar el lucro o ganancia para los involucrados en el negocio.: Kevin Lima
Guión: Bill Nelly
c/ Amy Adams (Giselle), Patrick Dempsey (Robert Phillip), James Marsden (príncipe Edward), Timothy Spall (Nathaniel), Idina Menzel (Nancy), Rachel Covey (Morgan Phillip), Susan Sarandon (Narissa)
EEUU/2007/ Comedia romántica, fantasía***/Estrenos
Direcciónlidad de las copias editadasrtante es generar el lucro o ganancia para los involucrados en el negocio.: Kevin Lima
Guión: Bill Nelly
c/ Amy Adams (Giselle), Patrick Dempsey (Robert Phillip), James Marsden (príncipe Edward), Timothy Spall (Nathaniel), Idina Menzel (Nancy), Rachel Covey (Morgan Phillip), Susan Sarandon (Narissa)
EEUU/2007/ Comedia romántica, fantasía***/Estrenos
jueves, diciembre 20, 2007
CAMILLE
Esta versión silente de La dama de las camelias pretendió ser la obra cumbre del amor, para lo cual contaba con una estrella que ahora nadie recuerda, pero que fue famosa en su época, Alla Nazimova (1879-1945). De origen ruso, bailarina y actriz, de cultura cosmopolita, liberal y desprejuiciada en cuestiones de sexo, se interesó por el proyecto y personalmente lo financió, reservándose el papel protagónico (se nota claramente que la película está puesta al servicio de la actriz). Para Armand contaron con otra estrella que venía en ascenso luego del éxito de la versión muda de Los cuatro jinetes del Apocalipsis: Rodolfo Valentino (1895-1926). Concebida al compás de las estaciones: la primavera significa el amor apasionado, la entrega total de los amantes; el verano, cuando llega a su máximo apogeo el romance; el otoño, el comienzo del fin; y, el invierno, el fin definitivo, con la muerte de la protagonista. También es interesante el uso del flash-back, sea para recordar tiempos idos o idealizando la pasión a través de escenas de la novela de amor Manon Lescaut que Armand regala a Camille.
Si bien la Nazimova ya superada las cuatro décadas con creces al momento del estreno de Camille, su figura lánguida y melancólica le otorgó un toque especial, entre romántico y triste al personaje. Al parecer la versión causó profundo revuelo en el Hollywood todavía puritano de aquel entonces, aunque el escándalo vendría con la siguiente producción, Salomé (1923), que la propia Alla volvió a financiar y protagonizar e inspirada en la obra de teatro de Oscar Wilde. Fue un fracaso de taquilla. El público norteamericano no la entendió, acostumbrado a filmes de simple entretención, y la Nazimova debió regresar al teatro. Moriría al finalizar la segunda guerra mundial, envuelta en los escándalos de lesbianismo que siempre la acompañaron en vida.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Si bien la Nazimova ya superada las cuatro décadas con creces al momento del estreno de Camille, su figura lánguida y melancólica le otorgó un toque especial, entre romántico y triste al personaje. Al parecer la versión causó profundo revuelo en el Hollywood todavía puritano de aquel entonces, aunque el escándalo vendría con la siguiente producción, Salomé (1923), que la propia Alla volvió a financiar y protagonizar e inspirada en la obra de teatro de Oscar Wilde. Fue un fracaso de taquilla. El público norteamericano no la entendió, acostumbrado a filmes de simple entretención, y la Nazimova debió regresar al teatro. Moriría al finalizar la segunda guerra mundial, envuelta en los escándalos de lesbianismo que siempre la acompañaron en vida.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
CAMILLE
Dir.: Ray C. Smallwood
c/ Alla Nazimova (Camille), Rodolfo Valentino (Armand Duval)
EEUU/1921/Melodrama***/Películas del ayer
Dir.: Ray C. Smallwood
c/ Alla Nazimova (Camille), Rodolfo Valentino (Armand Duval)
EEUU/1921/Melodrama***/Películas del ayer
lunes, diciembre 17, 2007
LA BRÚJULA DORADA
No vamos a entrar esta vez en los detalles cinematográficos críticos, que tiene defectos la cinta, los tiene; más nos interesa el “mensaje” de la historia: la lucha por el libre albedrío, por la capacidad de decidir en libre voluntad. Como siempre, es la lucha del bien contra el mal, solo que esta vez los primeros se encuentran entre los pensadores críticos, los que buscan respuestas a las preguntas que se formulan en busca de una inasible verdad, ampliando las fronteras del conocimiento. La misma brújula es saber preguntar bien para tener la respuesta correcta. Los segundos, los “malos”, son los que buscan que no exista pensamiento crítico, sino una verdad única que sea dogma y credo (quizás por esa razón les cayó tan mal la película a los católicos conservadores). “El Magisterio” busca liberar a la persona de su “daimonion”, de su voz interior, de la voluntad de hacer con su existencia lo que mejor le plazca. Sería la sociedad feliz donde todos homogéneamente pensaríamos igual, creyéramos igual y seríamos asépticamente iguales, pero sin ser humanos, quizás máquinas o rebaños manipulables, pero nos arrancarían nuestra personalidad. Por cierto, el “daimonion” o demonio no se refiere a la tradición judeo-cristiana relacionado con el ser luciferino, que en esto se puede caer en confusiones, sino a la helénica. El “daimonion” cambia constantemente en el niño, debido a que su personalidad no está formada todavía. No es el único elemento de culturas antiguas que toma la película, están los animales que representan a nuestro yo más profundo. Muchas culturas antiguas asociaban a un animal nuestro yo. Igual sucede con las brujas, consideradas “buenas” en el filme (y anatematizadas por la iglesia), como seres con poderes extraordinarios, como la pequeña Lucy, y su madre Marisa (excepcionalmente intrepretada por Nicole Kidman). Lo que pasa es que el poder puede ser usado para uno u otro fin.
Como dijo Hugo Neyra en reciente artículo, más es una película para adultos o niños avispados que “capten” ese mensaje (aunque me parece habrá adultos que dudo puedan “captar” el mensaje). De todas maneras es bueno bucear bajo la epidermis del filme, que promete una continuación. Estaremos al tanto.
CODA: Para terminar, una opinión como cinéfilo –considerando que el presente es un blog de cine-. Sería recomendable que la continuación esté en manos de otro director. Chris Weitz no está a la altura de un proyecto tan ambicioso. Sucede como con las primeras entregas de Harry Potter, Chris Columbus hizo las más pesadas y literales versiones, hasta que apareció un Alfonso Cuarón. Ojalá que la continuación de la saga encuentre un realizador que explote mucho mejor lo que la historia, la calidad de los actores y recursos le ofrece.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
Como dijo Hugo Neyra en reciente artículo, más es una película para adultos o niños avispados que “capten” ese mensaje (aunque me parece habrá adultos que dudo puedan “captar” el mensaje). De todas maneras es bueno bucear bajo la epidermis del filme, que promete una continuación. Estaremos al tanto.
CODA: Para terminar, una opinión como cinéfilo –considerando que el presente es un blog de cine-. Sería recomendable que la continuación esté en manos de otro director. Chris Weitz no está a la altura de un proyecto tan ambicioso. Sucede como con las primeras entregas de Harry Potter, Chris Columbus hizo las más pesadas y literales versiones, hasta que apareció un Alfonso Cuarón. Ojalá que la continuación de la saga encuentre un realizador que explote mucho mejor lo que la historia, la calidad de los actores y recursos le ofrece.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
LA BRÚJULA DORADA [The golden compass]
Dir: Chris Weitz
Guión: Chris Weitz; basado en el libro "Luces del norte" de Philip Pullman.
c/ Nicole Kidman (Marisa Coulter), Dakota Blue Richards (Lyra Belacqua), Sam Elliott (Lee Scoresby), Eva Green (Serafina Pekkala), Daniel Craig (lord Asriel), Tom Courtenay (Farder Coram), Derek Jacobi (emisario magisterial)
EEUU/2007/Aventuras fantásticas***/Estrenos
Dir: Chris Weitz
Guión: Chris Weitz; basado en el libro "Luces del norte" de Philip Pullman.
c/ Nicole Kidman (Marisa Coulter), Dakota Blue Richards (Lyra Belacqua), Sam Elliott (Lee Scoresby), Eva Green (Serafina Pekkala), Daniel Craig (lord Asriel), Tom Courtenay (Farder Coram), Derek Jacobi (emisario magisterial)
EEUU/2007/Aventuras fantásticas***/Estrenos
viernes, diciembre 14, 2007
CASABLANCA
¿Qué es un clásico? Es una obra de arte que gusta por igual a generaciones de distintas épocas y de distintos lugares. En otras palabras, se mantiene vigente a pesar del tiempo o gracias a él. Un clásico no necesariamente es una obra perfecta. El Quijote no lo es. Casablanca tampoco. Menos es clásico lo que la crítica determine –que generalmente se equivoca al valorar una obra de arte, Vallejo dixit-; aunque si ayuda mucho que un grupo de personas o una institución comiencen a reivindicar a un autor, a una obra en especial o a una corriente. Pero, al final, es determinante el favor del público. Que la tenga dentro de su imaginario. La aceptación de este a pesar que no la lea o la vea (El Quijote de nuevo), pero sobretodo que pueda pasar la valla del tiempo, el supremo juez, que en definitiva, determina qué obra se mantiene en la memoria de los hombres y cuál se olvida como una sonrisa fugaz.
Este año se cumplen los 65 del estreno de Casablanca. Y como todo clásico, los involucrados en la realización jamás pensaron que se iba a consagrar como uno de los filmes más recordados en la historia del cine. Dicho sea de paso, cuando Cervantes escribió El Quijote jamás pensó, ni por asomo, que sería la obra que lo haría entrar al salón de la inmortalidad. La escribió para ganarse unas pesetas, que siempre andaba urgido de dinero. Casablanca fue producida como un filme patriótico y de propaganda anti-nazi. Estábamos en plena segunda guerra mundial y la Comisión que daba el visto bueno a las producciones de Hollywood (aunque usted no lo crea existía una –digamos- “comisión de censura” en pleno Estados Unidos) le gustó el trasfondo de libertad y resistencia contra el nazismo que contenía el guión, así que una vez aprobado el proyecto, la rodaron en poco más de dos meses.
Lo interesante de la producción no es solo la trama principal, sostenida en las interpretaciones de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart (que al parecer no se llevaron muy bien durante el rodaje), sino las historias secundarias que nutren a la principal, así como las sólidas actuaciones tanto de protagónicos como los de reparto. Ese sabor a “autenticidad” que se siente en las actuaciones se debió a que los actores provenían de distintos países, como sucede con los personajes de la cosmopolita Casablanca. No solo eran norteamericanos. La Bergman era nórdica, los que fungen de oficiales y soldados alemanes, así como los policías y ciudadanos franceses, eran actores de dichas nacionalidades que huían del nazismo. El propio realizador, Michael Curtiz, provenía de Europa central. Visto desde el reparto, Casablanca fue un filme internacional.
La coherencia del guión merece mención aparte, debido a que fue escrito y reescrito innumerables veces, e incluso variado en pleno rodaje. Todo el mundo “le metió mano”. El propio director reescribió escenas enteras conforme iba filmando. En alguna versión el largo flash-back del romance de Ilsa y Rick en París fue suprimido, luego repuesto de nuevo. Muchas frases que han pasado a la historia se escribieron sobre la marcha, e incluso la célebre frase final con que termina la película "Louis, creo que este es el principio de una gran amistad" ("Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship") se le ocurrió a uno de los productores cuando el rodaje ya había terminado, por lo que llamaron de nuevo a Bogart para su interpretación. Broche de oro maestro. Felizmente no pudieron realizar otra escena, también escrita posteriormente, donde se terminaba no en el conocido final, sino con el desembarco de los aliados en África del Norte. De haber sucedido, solo sería recordado como un filme panfletario y no habría causado esa emoción que produce la bella frase de Bogart cerrando la escena al compás de la Marsellesa. Y, hablando de música, es célebre también el tema musical al piano “As Time Goes By”, melancólico y triste, como el amor ido entre los dos protagonistas.
Casablanca iría apreciándose con el transcurso del tiempo. Como los vinos, que se van decantando y sintiendo su sabor conforme se vuelven más añejos por la prescripción de los años. Terminada la segunda guerra, medio que quedó olvidada, era una más de las películas de aliento patriótico, sin embargo se iría abriendo camino y cobrando importancia la historia de amor más que la de guerra. El desprendimiento del gran amor de su vida que hace Bogart pasará a la historia como una muestra de desinterés, o mejor dicho, de un interés más alto que los egoístas de tener junto al ser amado. Se superponía así los valores supremos de lucha por la libertad que el personaje de Rick mantiene pese a una careta de cinismo con que oculta su dolor, al de sus intereses netamente personales. Ese “mensaje” caló en el público y creo que por eso hasta ahora gusta. El amor verdadero significa desprendimiento, entregar antes que recibir.
Ahora, 65 años después, Casablanca se mantiene tan fresca y lozana como el día de su estreno. Se ha convertido en un clásico y con honores.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
martes, diciembre 11, 2007
ALIEN
Alien, no es propiamente una película de ciencia ficción, a pesar de contar con sus dos presupuestos básicos: estar ambientada en el futuro y en el espacio exterior. Sin embargo, ese futuro más se parece al presente, estamos ante una universalización del capitalismo. Se explotan los mundos exteriores por lucro (extracción de minerales), se discute por bonos o aumento de remuneraciones entre los miembros de la nave, es más, la bestia encontrada (“el alien”) es prioridad para la compañía por la ganancia que pueda generar que la vida de los propios tripulantes (idea que se desarrollaría más en la segunda parte); la acción ocurre en una nave carguera “sucia” y vieja que no se asemeja ni por asomo a las asépticamente limpias naves futuribles; la historia contada más que una de ciencia ficción parece de aquellas que ocurrían en medio de un mar misterioso donde desaparecen uno a uno los tripulantes (no es casual el nombre de la nave, Nostromo, como un homenaje al gran contador de historias en mares exóticos que fue Joseph Conrad). Como se ve, los elementos de Alien estaban implícitos en viejas películas y novelas de aventuras, el mérito de Ridley Scott fue ponerlos al día y contar eficientemente una historia (se nota en la acción tensa y que mantiene en vilo al espectador, casi sin tiempos muertos, la mano de Walter Hill, uno de los productores y conocido realizador de filmes de acción). Filme concebido como uno de presupuesto bajo o de “serie B” (costó apenas once millones de dólares), significó el salto posterior de Ridley Scott a la gran producción con Blade Runner (1982), quizás su mejor película (una historia de novela negra contada en un mundo futurista), y el hacerse conocida una actriz que ya bordeaba la treintena cuando se rodó la película, Sigourney Weaver, como la teniente Ripley, personaje que la “marcaría” para el resto de su carrera artística pese a los esfuerzos que hizo para “desalienizarse”, vano intento, debido a que tuvo que hacer tres partes más; no obstante, la primera sigue siendo la mejor de todas y quien sabe si con el tiempo pase a la categoría de un clásico del terror “futurible”.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
ALIEN
Dir: Ridley Scott
Guión: Dan O'Bannon, según historia de Dan O'Bannon y Ronald Shusett
c/ Tom Skerritt (Dallas), Sigourney Weaver (Ripley), Veronica Cartwright (Lambert), Harry Dean Stanton (Brett), John Hurt (Kane), Ian Holm (Ash), Yaphet Kotto (Parker)
EEUU,UK/1979/Terror***/Tv/Películas del ayer
martes, diciembre 04, 2007
BEOWULF
Entretenida película basada en leyendas nórdicas de dioses, demonios y hombres. Pudo haber pasado como una más del montón, pero la diferencia está no solo en la solidez actoral de los protagónicos (cuyas expresiones fueron escaneadas para pasarlas a la computadora donde se compuso el filme), sino en la historia contada. Tiene acción, sexo, romance, lucha por el poder, traiciones y ambición, todo en dosis debidamente adecuadas; y, sin querer una metáfora amarga sobre la condición humana y el precio que pagamos por el poder: nuestros sueños o deseos más queridos pueden trasformarse en pesadillas que nos van a agobiar toda la vida, amarga reflexión implícita de Beowulf antes de luchar contra su hijo-dragón (la esterilidad que sufren quienes posean al demonio encarnado por Angelina Jolie, representa la esterilidad que produce el poder a quienes accedan a sus encantos, o para decirlo con otras palabras “vendieron su alma al diablo”). Muy bueno el final, que deja en suspenso si el sucesor de Beowulf caerá en la tentación de procrear otro monstruo con la Jolie, ante la seductora mirada de esta.
Con ligeras reminiscencias a Excalibur (John Boorman, 1981), Beowulf resultará del agrado de chicos y grandes que gusten del género fantástico; aunque probablemente más la va a entender y gustar un adulto que un niño. Es mejor verla en el original subtitulado.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
Con ligeras reminiscencias a Excalibur (John Boorman, 1981), Beowulf resultará del agrado de chicos y grandes que gusten del género fantástico; aunque probablemente más la va a entender y gustar un adulto que un niño. Es mejor verla en el original subtitulado.
Eduardo Jiménez J.
lagartocine@yahoo.es
BEOWULF
Dir: Robert Zemeckis
Guión: Neil Gaiman y Roger Avary
c/ Ray Winstone (Beowulf), Anthony Hopkins (rey Hrothgar), John Malkovich (Unferth), Robin Wright Penn (Wealthow), Brendan Gleeson (Wiglaf), Crispin Hellion Glover (Grendel), Alison Lohman (Ursula), Angelina Jolie (madre de Grendel)
EEUU/2007/Acción fantástica***/Estrenos
Dir: Robert Zemeckis
Guión: Neil Gaiman y Roger Avary
c/ Ray Winstone (Beowulf), Anthony Hopkins (rey Hrothgar), John Malkovich (Unferth), Robin Wright Penn (Wealthow), Brendan Gleeson (Wiglaf), Crispin Hellion Glover (Grendel), Alison Lohman (Ursula), Angelina Jolie (madre de Grendel)
EEUU/2007/Acción fantástica***/Estrenos
jueves, noviembre 29, 2007
MUERO POR MURIEL
Augusto Cabada proviene del oficio de escritor de guiones, principalmente para Francisco J. Lombardi, con quien ha trabajado en La boca del lobo, Sin compasión y Bajo la piel. También ha colaborado con Lucho Llosa en la adaptación de La fiesta del chivo.
No era raro entonces que su ópera prima fuese un thriller con fuertes guiños al cine negro norteamericano (la cinefilia del personaje de Félix es la del realizador) y con un guión sólidamente construído.
La trama tiene como eje a una “Femme Fatale” interpretada por Andrea Montenegro, marcando con el sino trágico a todos los hombres que se le acercan atraídos por su fuerte sensualidad, quienes irán desapareciendo de una u otra forma. El registro del filme devendrá lentamente hacia ese final inexorable sin posibilidad de escapatoria de los tres hombres que giran en torno a Muriel. De un tono cómico en la presentación (lograda la escena en que le vomita a Félix al pedirle opinión de su novela), iremos discurriendo al drama, para terminar en la tragedia, marcando las tintas de un tono risueño al comienzo, a otro oscuro al final. El trabajo como guionista de Cabada se nota claramente a lo largo de toda la película, de un guión que no se despega un ápice a fin de contar su historia, demostrando nervio y aprendiendo de los clásicos, del cual es tributario, que al final lo que importa es contar bien la historia que se quiere contar, obtener lo mejor que se pueda de cada actor (importancia del actor antes que de los efectos) y mantener en vilo al espectador con la historia contada hasta el final. En ese sentido, Cabada ha aprobado con creces su iniciación como realizador.
En el desempeño actoral sobresale Ricky Tosso como el policía corrupto, hundido en su propio fango y que busca reivindicarse. Sencillamente excelente, se “roba la película”. Le siguen Salvador del Solar como el “nerd” tímido que encuentra una mujer sensual que solo estaba en sus fantasías nocturnas. Le siguen Diego Bertie y Andrea Montenegro que está muy bien, aunque algunos malhablados dicen que solo se interpreta a si misma.
Lo único lamentable es la calidad de la película, al parecer al hacer la trasferencia del digital al celuloide los colores han salido opacos, “desteñidos”, lo que afecta a la cinta, que bien pudo ser en blanco y negro, a modo de homenaje a los queridos maestros de Cabada.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
No era raro entonces que su ópera prima fuese un thriller con fuertes guiños al cine negro norteamericano (la cinefilia del personaje de Félix es la del realizador) y con un guión sólidamente construído.
La trama tiene como eje a una “Femme Fatale” interpretada por Andrea Montenegro, marcando con el sino trágico a todos los hombres que se le acercan atraídos por su fuerte sensualidad, quienes irán desapareciendo de una u otra forma. El registro del filme devendrá lentamente hacia ese final inexorable sin posibilidad de escapatoria de los tres hombres que giran en torno a Muriel. De un tono cómico en la presentación (lograda la escena en que le vomita a Félix al pedirle opinión de su novela), iremos discurriendo al drama, para terminar en la tragedia, marcando las tintas de un tono risueño al comienzo, a otro oscuro al final. El trabajo como guionista de Cabada se nota claramente a lo largo de toda la película, de un guión que no se despega un ápice a fin de contar su historia, demostrando nervio y aprendiendo de los clásicos, del cual es tributario, que al final lo que importa es contar bien la historia que se quiere contar, obtener lo mejor que se pueda de cada actor (importancia del actor antes que de los efectos) y mantener en vilo al espectador con la historia contada hasta el final. En ese sentido, Cabada ha aprobado con creces su iniciación como realizador.
En el desempeño actoral sobresale Ricky Tosso como el policía corrupto, hundido en su propio fango y que busca reivindicarse. Sencillamente excelente, se “roba la película”. Le siguen Salvador del Solar como el “nerd” tímido que encuentra una mujer sensual que solo estaba en sus fantasías nocturnas. Le siguen Diego Bertie y Andrea Montenegro que está muy bien, aunque algunos malhablados dicen que solo se interpreta a si misma.
Lo único lamentable es la calidad de la película, al parecer al hacer la trasferencia del digital al celuloide los colores han salido opacos, “desteñidos”, lo que afecta a la cinta, que bien pudo ser en blanco y negro, a modo de homenaje a los queridos maestros de Cabada.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
MUERO POR MURIEL
Dir. y guión: Augusto Cabada
c/ Andrea Montenegro (Muriel), Diego Bertie (Bernie), Salvador del Solar (Félix), Ricky Tosso (El Oso Briones)
Perú/2007/Thriller***/Estrenos
Dir. y guión: Augusto Cabada
c/ Andrea Montenegro (Muriel), Diego Bertie (Bernie), Salvador del Solar (Félix), Ricky Tosso (El Oso Briones)
Perú/2007/Thriller***/Estrenos
lunes, noviembre 26, 2007
FAHRENHEIT 451
La clásica novela de Ray Bradbury sobre un futuro no muy lejano donde los bomberos se encargarán ya no de apagar incendios, sino de quemar libros. Vista cuarenta años después, la profecía se cumplió, aunque no es necesaria la quema de libros, sino aletargar a la persona con la televisión y ahora último el chat y el Internet, como banalización de la cultura. Un placer ver por partida doble a la recordada Julie Christie, la heroína del Doctor Zhivago.
Mención aparte merece la música de Bernard Herrmann, el mismo que compuso –entre otras- la partitura de Vértigo, de allí ese aire tan deliberadamente familiar que se percibe en la banda sonora, un tributo de François Truffaut a uno de sus directores favoritos, Alfred Hitchcock.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
Mención aparte merece la música de Bernard Herrmann, el mismo que compuso –entre otras- la partitura de Vértigo, de allí ese aire tan deliberadamente familiar que se percibe en la banda sonora, un tributo de François Truffaut a uno de sus directores favoritos, Alfred Hitchcock.
Eduardo Jiménez J.
ejjlaw@yahoo.es
FAHRENHEIT 451
Dir: François Truffaut
c/ Oskar Werner (Guy Montag), Julie Christie (Clarisse/Linda Montag), Cyril Cusack (The Captain), Anton Diffring (Fabian/Headmistress)
Guión: Jean-Louis Richard, basado en la novela homónima de Ray Bradbury
UK/1966/Drama futurista***/ Clásicos de ayer y hoy
Dir: François Truffaut
c/ Oskar Werner (Guy Montag), Julie Christie (Clarisse/Linda Montag), Cyril Cusack (The Captain), Anton Diffring (Fabian/Headmistress)
Guión: Jean-Louis Richard, basado en la novela homónima de Ray Bradbury
UK/1966/Drama futurista***/ Clásicos de ayer y hoy
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